¿Cuánto estás dispuesto a perder por amor?
Dolores y Emiliano se conocieron de casualidad el mismo día que se perdieron para siempre, a pesar de que el flechazo fue instantáneo. Pero el destino se obsesionó en volver a encontrarlos, solo que no calc...
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El timbre sonó para cortar el silencio luego de que Dolores le contó a Aurora todo lo que había escuchado al inicio del recreo. La mujer estaba encajando las piezas del rompecabezas en su mente.
—Ahora entiendo todo. Siente culpa y remordimiento por lo que hizo —sentenció finalmente con la vista perdida.
—Pero, ¿qué viste, Aurorita? ¿Te dijo algo? Emiliano sabe que eras nuestra cómplice, no me extrañaría que hubiese intentado hablar con vos cuando nos separamos.
—No, hija. No me dijo nada. Pero está sombrío, muy serio, no presta atención a la clase, y ya van varias veces que llega tarde. —En ese momento, comprendió que no era una alucinación lo que más temprano había visto, realmente era Emiliano llegando tarde—. Jamás lo había visto así, ni siquiera cuando todavía no salían. Está sufriendo mucho, Lolita. Ese chico está muy enamorado de vos, puedo verle el corazón roto en los ojos.
—Tan enamorado no debe estar, si anoche se revolcó con su ex —acotó con amargura.
—Lo hizo por despecho, de eso estoy segura. —Aurora tomó las manos de Dolores—. Vos lo escuchaste de su boca, estaba débil, habrá intentando olvidarte y se le fue el asunto de las manos. Lolita, tenés que hablar con él.
—No, Aurora. Si a cada pelea que tengamos va a ir a buscar una mujer para revolcarse, entonces prefiero que todo quede así. Como un lindo recuerdo de lo poco que disfrutamos.
—Está confundido, y aunque ya esté bastante grandecito, se nota que no tiene experiencia en relaciones serias. Vos me lo dijiste, su última novia fue esta chica cuando eran adolescentes. Vos ya venís de una relación larga, sabes cómo se mantiene una pareja. Emiliano no, todavía hay cosas que tiene que aprender. Podés ser su profesora de la vida también.
Dolores soltó una risita que dejó escapar una lágrima. Aurora acarició sus manos y las sacudió para darle ánimos.
—Pensalo —insistió—, tomate tu tiempo. Sé que el año pasado te dije que te apures porque te lo iban a robar. Hoy tengo la certeza de que si volvés a buscarlo, aunque haya alguien en su vida, él te va a elegir por sobre todas las mujeres.
Se abrazaron antes de abandonar el patio de juegos, Aurora se fue, y ella tuvo su recreo intermedio dando clases en un curso neutral a sus sentimientos. Y cuando se hizo la última hora de la semana, pudo comprobar con sus ojos lo que Aurora le aseguró.
El que estaba sentado frente a Sandra, era una sombra del hombre que amaba, y del cual se había enamorado.
Emiliano ni siquiera ponía atención a la clase, y hasta Sandra estaba preocupada por él. Mientras Dolores hablaba de los referentes de la literatura argentina del siglo XX, veía de soslayo cómo la chica picaba su espalda, intentando animarlo. Y él nada. Solo reaccionó cuando Sandra acarició su hombro, y él le devolvió el gesto con una caricia en su mano, sin siquiera voltearse.