Miró los paquetes que había tirado encima de la cama, y luego el reloj y por último el teléfono.Se sorprendía mucho de que ni May ni Any hubieran ido a buscarla. Podía haber ocurrido que ellas hubieran tomado uno de los otros ascensores mientras Chris y ella estaban atascados en el sexto piso y que ya estuvieran en sus habitaciones. Se dirigió a la puerta que conectaba los dormitorios y escuchó, aunque no se podía oír nada. Como no quería enfrentarse a sus amigas, optó por no abrirla.
Se dirigió a la cama y se sentó al lado del teléfono. Apretó un botón y comprobó que no tenía mensajes. Entonces, consultó la hora y vio que eran más de la una. No le importaba. Necesitaba hablar con alguien, y la persona perfecta para hablar en aquellos momentos era Poncho.
Tomó el auricular y apretó el teléfono para solicitar línea exterior. A continuación, marcó el número de su prometido. Después de que sonara diez veces, colgó y se dejó caer en la cama, frotándose los ojos con las manos.
¿Qué había hecho? Por supuesto, conocía perfectamente la respuesta a aquella pregunta. Había tenido relaciones sexuales con el hombre más sugerente que había visto en toda su vida en el ascensor de un hotel. Había tentado a un hombre, que le había hecho vivir la fantasía que le había contado a May y a Any unos minutos antes.
-Esto es una locura... Una completa locura...
Todavía veía la sensual sonrisa de Chris mientras él la miraba después de que ambos hubieran alcanzado el orgasmo
Entonces, la realidad había hecho presa en ella y había abierto mucho los ojos, haciendo que aquella sensual sonrisa se convirtiera en una clara expresión de desilusión. .
Habían llegado primero a la planta de él.
-Si cambias de opinión, estoy en la habitación 613 -le dijo él, justo antes de que se cerraran las puertas del ascensor.
¿Era posible amar a un hombre y querer casarse con él, pero desear a otro completamente diferente, sólo ocho días antes de la boda?
Se levantó de la cama y se metió corriendo en el cuarto de baño. Allí abrió el grifo de la ducha a su máxima potencia. Se negó a mirarse la sí misma en el espejo. Entonces, regresó al dormitorio y rebuscó en su bolsa hasta encontrar el camisón. Estuvo allí durante varios minutos, contemplando la tela, tan familiar y tan aburrida. El sonido de la ducha resonaba en el cuarto de baño, pero Dulce no se podía concentrar en nada que no fueran los latidos de su corazón, el olor de su sexo, del sexo de ambos, el modo en el que palpitaba su feminidad y el deseo que todavía anidaba en ella. Sabía que debía desnudarse y meterse en la ducha.
En vez de eso, se dirigió hacia la puerta. Ocurriera lo que ocurriera sabía que debía llevar el asunto hasta su conclusión natural. Eso significaba tener relaciones sexuales con Chris hasta que aquel deseo se viera satisfecho. En cuanto a lo demás, ya lo pensaría más tarde
Lo único que llenaba sus pensamientos en aquel momento era tener la lengua de Chris en la boca, sentir las manos de él sobre sus senos, notar cómo los dedos le acariciaban los pezones. Anhelaba sentir cómo su potente erección entraba y salía de ella, llevándola a lugares en los que nunca había estado antes, pero que deseaba visitar. Mientras él pudiera soportarlo físicamente, hasta ella misma no pudiera caminar. Hasta que ninguno de los dos pudiera soportar verse el uno al, otro. Hasta que hubiera gritado de placer una y otra vez...
O hasta que sus amigas la localizaran y la arrancaran de su lado...
Increíble...
Chris acarició lentamente la espalda cubierta de sudor de Dul y luego bajó un dedo un poco más, hasta que este descansó entre los moldeados carrillos de su trasero. Ella gimió en sueños e, instintivamente, se frotó contra él. Chris curvó los dedos alrededor del henchido sexo de Dul y apretó. Hasta en sueños ella respondió de un modo que llevaba hasta la parte más fundamental de él.
Se tumbó a su lado, pensando en las últimas cuatro horas y preguntándose si volvería a contemplar el mundo bajo aquella perspectiva. Ni siquiera tenía que cerrar los ojos para verla encima de él, para observar cómo la carne de ella se fundía con la suya. O debajo de él, estirando los brazos por encima de la cabeza, frotándose contra él, mostrando un éxtasis puro en el rostro cuando alcanzó el clímax una y otra vez...
Al mirarse a sí mismo, vio que su miembro había vuelto a la vida. Esencialmente, había tenido una erección desde que Dul se había caído encima de él en la discoteca. Nunca había deseado a nadie del modo en que la deseaba a ella. Aquello debería haberlo asombrado, ya que, normalmente, habría estado tumbado junto a su última conquista, pensando cómo salir corriendo. Nunca había conocido a una mujer que se durmiera tan rápidamente. Aquel acto implicaba confianza, una confianza que él también sentía por ella. No había encontrado mucho de aquello en sus treinta y cuatro años. Chris creía que si las mujeres con las que se acostaba no trataban de encontrar un modo de que se largara, era porque estaban haciendo todo lo posible para que se quedara para siempre.
A Chris no le parecía que fuera tan buen partido. A medida que iba envejeciendo, también lo habían ido haciendo sus amantes. Había empezado a notar una cierta desesperación en ellas.
Miró a Dul, pensando en que le encantaría volver a ver aquella piel tan pálida contra sus sábanas de raso negro. Le acarició suavemente el costado, el pecho y por último el brazo izquierdo. A pesar de que seguía dormida, ella levantó el brazo y, tras ponerse de costado, le empezó a acariciar el torso. Chris observó cómo Dul enredaba los dedos entre el oscuro vello.
Entonces, vio los diamantes que le relucían en la oscuridad, con la tenue luz de la terraza. Lo había visto horas antes, en el bar.¿Estaría prometida? Sospechaba que así era. También sospechaba que la reunión con sus amigas no era una fiesta de cumpleaños, sino una despedida de soltera, lo que significaba que la boda no podía estar muy lejos.
Un dolor que no pudo identificar inmediatamente le recorrió el vientre. No pudo identificarlo porque nunca antes lo había experimentado. Eran celos. Sólo pensar que aquella mujer tan sensual fuera a casarse con otro hombre lo llenaba de una pasión que no tenía nada que ver con el sexo, sino con un fuerte sentimiento de posesión. Aquello lo confundió aún más.
Se había acostado con un par de mujeres casadas, incluso con una que estaba prometida en el mismo día de su boda. No se sentía orgulloso de ello, pero el sexo era el sexo. Las mujeres que estaban comprometidas con otros hombres comprendían eso mucho mejor que las solteras.
Cuando vio el anillo, Chris supo que lo suyo sería algo puntual, que era precisamente lo que él buscaba siempre. Las mujeres de las que había querido más, habían sido pocas y siempre habían estado solteras. Para él era completamente nuevo sentir el deseo de tener a una mujer que ya pertenecía a otro hombre.
Dul murmuró algo. Chris giró la cabeza para mirarla. Tenía el cabello húmedo y rizado alrededor de su hermoso rostro. Sus labios estaban hinchados por los besos. Con sólo mirarla, Chris recordó todo lo que ella era capaz de hacer con aquella boca y su erección adquirió proporciones casi dolorosas. Si aquello era lo único que iban a tener, sólo una noche, iba a aprovecharla todo lo que pudiera. Esperaba darle a ella unos recuerdos que tardara en olvidar.
Con mano lánguida, le acarició el vientre y entonces la deslizó entre las piernas de Dul. Ella gimió suavemente al sentir que Chris le acariciaba su más íntima feminidad. Entonces, él la animó a que abriera las piernas, dejando así al descubierto su sexo. Sin pausa, Chris se le colocó entre las piernas y, en cuestión de segundos, se colocó un preservativo y apoyó su erección contra la entrada de su cuerpo. Apretó los dientes ante el deseo de hundirse en ella hasta dentro.Lenta, suavemente... Encajó la punta contra su húmeda carne y luego la apartó. Dul volvió a murmurar algo y giró la cabeza, pero no se despertó. Chris le agarró suavemente las caderas y le metió las manos por debajo, para acariciarla desde el otro lado. Volvió a penetrarla, aquella vez unos pocos milímetros más profundamente. Por el profundo gemido que exhaló, Chris supo el momento exacto en el que se despertaba. Miró por encima del hombro desnuda, con ojos somnolientos y llenos de deseo. Chris volvió a hundirse en ella, aquella vez más profundamente. Dul arqueó la espalda, haciendo aún más profunda su unión. Entonces, comenzó a moverse, buscando el placer. Él estuvo encantado de darle lo que quería. Le agarró las caderas y la penetró por completo. La explosión de luz que le estalló detrás de los ojos lo asombró tanto que alcanzó el orgasmo más rápidamente de lo que nunca hubiera creído posible...
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Amante desconocido ***HOT***
RomanceDulce Espinoza siempre había tenido unas fantasías maravillosas. El problema era que esas fantasías jamás se habían acercado a la realidad... Hasta que se encontró a solas en un ascensor con el sexy Christopher Uckermann. Sin embargo, había otra cos...
