capitulo 11

2.1K 111 4
                                        

Dulce comprendió el significado de aquellas palabras justo en el momento en que vio a una airada Helena Herrera, la madre de Poncho, enfrentándose con Mona.

-¿Qué quiere decir usted con eso de que necesito una cita? No necesito una cita para ver a mi futura nuera. ¿Sabe usted quién soy? -le decía , con su voz de reina.

 Sin que pudiera evitarlo, a Dulce se le cayó el teléfono sobre la mesa. Entonces lo recogió, murmuró algo incoherente y colgó. Se levantó de su butaca y se alisó la falda, preparándose para el momento en el que Beatriz entrara en su despacho. Comenzó a rodear el escritorio y aquel movimiento le dio una mejor perspectiva sobre el vestíbulo de recepción y sobre el hombre que acompañaba a Helena.

Dios Santo... Era Chris.

Una serie de imágenes apasionadas y ardientes empezaron a pasársele por la cabeza, una detrás de la otra, poniéndole los nervios a flor de piel. Llevaba puesto un conservador traje de chaqueta, aunque se había colocado la lencería que Any le había dado como regalo de bodas y que había jurado que nunca se pondría. Aquella mañana no había dudado en ponérsela, a pesar de que se suponía que era para su luna de miel.

Sintió que las rodillas se le doblaban. Frenéticamente, se agarró al escritorio para evitar caerse al suelo, pero con tal mala suerte que tiró el reloj y el cubilete para bolígrafos que tenía sobre la mesa. El estruendo acalló la discusión que se estaba produciendo en recepción. Helena se dio la vuelta mientras Dulce trataba de recoger los bolígrafos que se habían esparcido por la alfombra.

«Oh Dios, oh Dios, oh Dios... Lo sabe... lo sabe... Poncho lo sabe. Ella lo sabe. Poncho lo sabe... la boda ha sido cancelada».

 Finalmente consiguió recogerlo todo y se puso de pie. Cerró brevemente los ojos y rezó en silencio antes de volverse para enfrentarse al diablo de Helena Herrera, tratando de no prestar atención alguna al hombre que la acompañaba y que parecía tan sorprendido como ella misma.

-¿Qué le has hecho a mi hijo? -le preguntó Helena...

«Madre mía...».

Christopher Uckermann se había quedado completamente atónito. Las posibilidades eran muy remotas... mínimas ... Aquello no podía ser... Sin embargo, desde que entró en el bufete y miró primero la placa que anunciaba que la ocupante de aquel despacho se llamaba Dulce Espinoza y luego a la mujer que él conocía como Dul, la deliciosa, insaciable y provocativa Dul, sabía que, efectivamente, cabía la posibilidad de que las dos fueran la misma persona. «Bueno, Chris, dime, ¿cómo se siente uno al saber que se ha acostado con la futura esposa de su mejor amigo?».

-¿Qué? -tartamudeó Dulce.

Durante un momento, Chris se temió haber dicho aquellas palabras en voz alta. Entonces, se dio cuenta de que aquella pregunta iba dirigida a Helena Herrera.

-Lo siento, señorita Espinoza, pero esta mujer insistió mucho -dijo Mona.

-No importa, Mona.

Helena parecía estar a punto de saltar sobre la agraciada pelirroja. Entonces, sonrió, lo que era mucho peor que cualquier ceño fruncido y mucho más mortal.

-Lo siento, querida, esas palabras no me han salido del modo en que yo hubiera querido. No sabrás dónde está Poncho, ¿verdad, Dulce? -le preguntó Helena.

 -Si no está en su despacho o en su piso... entonces no, no sé dónde puede estar -respondió ella, mirando a Chris-. Lo cierto es que no lo he visto desde el viernes

-Bueno, no quiero insinuar nada, querida, pero da la casualidad de que nuestra información parece indicar irrefutablemente que Poncho ha desaparecido.

De repente, alguien golpeó a Chris por detrás. Él se echó a un lado para dejarle paso.

-Perdone -dijo la mujer.

-¿Qué es lo que está pasando aquí?

Otra voz y otro golpe. Chris suspiró y se volvió a apartar.

Las mujeres que reconoció como May y Any parecieron reconocerlo al mismo tiempo que él a ellas. Any se quedó boquiabierta.

-Dios mío...

Amante desconocido  ***HOT***Donde viven las historias. Descúbrelo ahora