Afortunado por partida doble. Efectivamente, ese tipo de cosas no ocurrían todos los días. Primero, aquella hermosa mujer se le caía literalmente encima y, después se la encontraba, completamente sola, en el ascensor.
Abrió las puertas con una mano y observó cómo Dul se apartaba de la pared donde había estado apoyada. Su relajada postura había hecho que se le subiera la falda un poco más por sus larguísimas piernas. El diseño de la blusa era demasiado conservador como para ser considerado sexy, pero la falda de cuero se le ceñía al cuerpo de un modo perfecto. Por mucho que aquella mujer se esforzara, nunca iba a tener éxito a la hora de evitar la sensualidad que emanaba de ella. Era tan embriagadora, tan evocadora, que lo había envuelto por completo en los pocos minutos durante los cuales habían estado hablando y que le habían impedido entusiasmarse por ninguna otra mujer. Aunque podría haber llegado a algo con la última chica con la que había bailado, cuando ella se lo había propuesto él la había rechazado. Entonces, ella le había pedido que le hiciera el favor de acompañarla hasta la salida del club, porque uno de los jugadores de hockey se estaba excediendo. Chris lo había hecho y, después de ir a la tienda del hotel para comprarse una cuchilla de afeitar, había decidido subir a su habitación... solo.
Al menos, esa había sido su intención. Sin embargo, al verse frente a su fantasía personificada, que lo miraba como si quisiera comérselo, pensó que tal vez no estaba todo terminado.
-Hola otra vez -dijo ella, con voz atribulada. Chris notó que casi estaba doblando por la mitad la caja que tenía entre las manos-. ¿Dónde esta tu... amiga?
Chris entró en el ascensor y dejó que las puertas se cerraran. Aquel movimiento tan sencillo hizo que ella diera un paso atrás.
-¿Amiga?
-Sí -respondió ella, sin mirarlo.
-Oh. ¿Te refieres a la chica con la que salí de la discoteca? No sé dónde está. Supongo que se habrá ido a su habitación. Sola. ¿Es tu cumpleaños? -añadió, mientras apretaba el botón del sexto piso.
-¿Cómo dices? -preguntó Dulce. Chris señaló las cajas que tenía en las manos-. Oh, no... Es algo parecido.
Chris se giró para colocarse frente a las puertas, como ella. Le llegó a la nariz el aroma de algo frutal, fresco. A pesar de que llevaba el sello de una chica de ciudad, olía al campo.
Nunca antes se había dado cuenta de lo silenciosos que eran los ascensores. Ni lo reducido que era su espacio. Le pareció que podía escuchar el sonido de su propia sangre dirigiéndose a toda velocidad hacia su entrepierna. Sintió cómo la temperatura de su cuerpo aumentaba en aquel espacio. Vio la tensión que Dul estaba sintiendo.
¿Cómo se podía solucionar algo como aquello en el breve tiempo que se tardaba en subir en ascensor? Se imaginaba que las aventuras de una noche y tener relaciones íntimas con un desconocido iban contra los principios de Dul, aunque sospechaba que si ella escuchaba a su corazón, probablemente se dejaría llevar.
A pesar de que había salido huyendo de él, sabía que se sentía tan atraída por él como él por ella. Había visto cómo lo observaba toda la noche...
De repente, las puertas del ascensor se abrieron. Maldita fuera...
Tal y como lo veía, tenía dos opciones: apretar el botón de emergencia y empujarla contra la pared para gozar con ella o marcharse.
Comenzó a salir. Oyó que ella tomaba aliento, como si estuviera a punto de decir algo, y dudó en el umbral. Se le ocurrió otra opción.
Se giró y apoyó el hombro contra la puerta para mirar cómo Dul se aferraba a sus paquetes como si estos pudieran protegerla contra él. Más bien, protegerla de la atracción que sentía por él, una atracción que le había dilatado las pupilas hasta el punto de volverle los ojos casi negros.
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Amante desconocido ***HOT***
RomanceDulce Espinoza siempre había tenido unas fantasías maravillosas. El problema era que esas fantasías jamás se habían acercado a la realidad... Hasta que se encontró a solas en un ascensor con el sexy Christopher Uckermann. Sin embargo, había otra cos...
