-Me pareció que nadar un poco era una buena idea -dijo Chris.
Al oír aquellas palabras, la mente de Dulce se llenó de imágenes relacionadas con todo menos con la natación.
Se apartó el pelo de la cara, imaginándose pelvis que giraban, pechos que se movían, piernas que se abrían. Al mirar a Chris, no podía quitarse de la cabeza a las bailarinas de la noche anterior, su capacidad sexual, su naturaleza desinhibida. Aquello era lo opuesto a como ella se había pasado los primeros treinta años de su vida y como, seguramente, se pasaría los siguiente treinta. Resultaba extraño que estar al lado de Chris le hiciera replantearse todo aquello.
Al ver cómo la miraba él, sintió que se le erguían los pezones a través de la fina tela del sujetador del biquini. Se echó a temblar y experimentó cómo la piel se le ponía de gallina.
Disminuyó la potencia de la patada para hundirse un poco más en el agua, aunque la sonrisa de Chris parecía demostrarle que ya no importaba.
Se sumergió en el agua para continuar con su ejercicio. No estaba segura de lo que había esperado. ¿Tal vez que él la detuviera? ¿Que se uniera a ella? Sin embargo, se sorprendió cuando regresó al punto en el que lo había dejado y lo encontró en el mismo sitio, mirándola atentamente. Dulce se dispuso a hacer otro largo, sin pararse a pensar en el fuego que le ardía en el vientre...
Resultaba muy erótico deslizarse por el agua sabiendo que él la estaba observando. De repente, él dejó de mirar y se sumergió para acercarse nadando hasta ella. Dulce sintió un nudo en la garganta. En aquel lado la piscina era menos profunda Sólo le llegaba por debajo de los senos. Vio que él se sumergía bajo el agua y, casi inmediatamente, notó que algo se apretaba contra el triángulo de tela de su biquini. Era la boca de Chris. Le agarró las caderas y empezó a mordisquearle suavemente la tierna cima de su feminidad. Entonces, salió del agua y sacudió la cabeza, enviando su cabello en todas las direcciones. Dulce sintió que las rodillas se le doblaban.
-Estás increíble con ese biquini -murmuró, apretando la boca contra el vientre desnudo de Dulce
Ella no había creído que el traje le sentara tan bien, pero sólo con que Chris se lo dijera se sintió como si fuera verdad.
-Dulce, no sé si esto es una buena idea -añadió, y se puso en pie-, pero no puedo controlarme.
De repente, ella sintió que introducía un dedo por debajo del elástico del biquini, buscando la zona que había mordisqueado segundos antes. Dulce se agarró a los hombros de Chris para no perder el equilibrio mientras él le estimulaba el erecto botón de su deseo. El movimiento del agua hacía que ella se sintiera débil, tanto que estaba a punto de dejarse llevar cuando todavía no habían hecho nada.
Chris atrapó la palpitante carne entre los dedos y apretó. Dulce se desplomó de placer, cayendo sobre el torso de su amante, lamiéndole las gotas de agua mientras él deslizaba los dedos por la totalidad de su sexo. Sentía el calor donde él la tocaba, a pesar de que el resto de su piel estaba fresca, por el agua y por el aire de la noche. La combinación resultaba turbadora y excitante, como lo era el hecho de que estuvieran desarrollando sus actividades sexuales en un lugar público. A pesar de que los árboles cubrían en su mayor parte la superficie de la piscina, se dominaba perfectamente desde los balcones. El hecho de que ella no viera a nadie no significaba que no los estuvieran observando.
Chris se agachó un poco e hizo que ella le rodeara las caderas con las piernas para que sintiera la columna de su erección vibrando contra su piel. A continuación, apartó la tela que le cubría el pezón derecho y lo dejó al descubierto.
Dulce hizo un movimiento para protestar, pero la cálida boca de él se lo impidió, convirtiendo la protesta en un gemido de placer.
El agua se movía frenéticamente alrededor de sus cuerpos. Dulce buscó con la mano el órgano que tanto placer iba a darle.
Por fin, consiguió abrirle a Chris el traje de baño y le tocó la punta de su erección mientras él le mordía suavemente el pezón, haciéndola gritar de placer.
-A menos que quieras que venga el señor Jones, es mejor que guardes silencio.
-Seguramente ya está entre los arbustos, con los prismáticos.
-Me gustaría reírme, pero me temo que tienes razón -susurró él, colocándole las manos por debajo del trasero, de modo que la obligaba a pegarse más a su cuerpo.
-Bueno, no querremos desilusionarlo, ¿verdad?
Chris apretó la mandíbula. Tras mirarla durante un instante, la besó apasionadamente, devorándola. Dulce se entregó por completo, deslizando la lengua junto a la de él, sin cansarse nunca de su sabor, ni de sus caricias ni de su esencia. Levantó un poco más las caderas para unirse a él y, poco a poco, le fue sacando la erección de debajo del traje de baño. Entonces, dirigió la punta hacia el interior de las braguitas de su biquini. Cuando la cálida y palpitante cabeza entró en contacto con su carne, Dulce tembló y alcanzó el clímax inmediatamente.
Momentos después, mientras luchaba por recobrar la respiración, inclinó el cuello para que Chris pudiera besarle la garganta.
De repente, ella hizo un brusco movimiento hasta que sintió la gruesa columna de su erección en su propia carne. Las llamas de la pasión volvieron a encendérsele en el vientre, por lo que se agarró a los hombros de su amante, inclinándose de manera que le facilitara la penetración, una profunda penetración.
-No -susurró Chris, mientras le agarraba las caderas-. No tengo nada puesto.
Preservativos. Dulce se mordió los labios, sintiendo que el miedo y la desilusión se apoderaban de ella a partes iguales. Miedo por haberse olvidado de los anticonceptivos. Desilusión porque el fuego que se había vuelto a prender en su ser no tuviera esperanza de ser apagado.
Chris apoyó la punta de su erección en la entrada del sexo de Dulce. Ella se tensó, deseando que él perdiera el control y que la penetrara. Entonces, así ocurrió, dejándola sin aliento, aunque deseaba sentirlo dentro de sí cada vez más profundamente. El deseo fue acrecentándose con cada movimiento de las caderas de Chris. Cuando temía que nunca se vería satisfecha, un fuerte orgasmo se apoderó de ella, intensificado por el gruñido que él lanzó. Le agarró el trasero y la sujetó con fuerza contra su cuerpo.
-Te deseo... Ahora... -le susurró al oído...
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Amante desconocido ***HOT***
RomanceDulce Espinoza siempre había tenido unas fantasías maravillosas. El problema era que esas fantasías jamás se habían acercado a la realidad... Hasta que se encontró a solas en un ascensor con el sexy Christopher Uckermann. Sin embargo, había otra cos...
