-¡Qué diablos está pasando aquí! -gritó un hombre.
Dulce se quedó boquiabierta y rápidamente agarró el brazo de Chris.
-¡Es Poncho!...
Dulce no sabía si gritar o salir corriendo, así que decidió no hacer ninguna de las dos cosas. El corazón le latía a toda velocidad en el pecho. Encontrarse con Poncho en aquella pequeña casita, y con otra mujer, era mucho más de lo que se podría haber imaginado nunca.
Inmediatamente, sintió un profundo alivio.
Al menos no estaba enterrado en una zanja, en cualquier sitio, víctima de una accidente o atado en un sótano, mientras sus secuestradores decidían qué hacer con él. No. Estaba bien.
Entonces, vio cómo Chris hacía con él lo que, de repente, deseaba llevar a cabo: le había pegado un buen puñetazo en la mandíbula.
-¡Ay! -exclamó Poncho, mientras se caía de nuevo en el colchón-. ¿Por qué has hecho eso?
Chris parecía desear hacer mucho más con él. El cuerpo parecía vibrarle con una energía contenida que hacía que Dulce se echara a temblar.
De repente, alguien encendió una lámpara de gas. Ella se dio cuenta de que se trataba de una mujer. Una mujer hispana, muy desnuda y muy atractiva. Rápidamente, Chris le tiró una manta que había sobre una silla cercana.
-Cúbrete,Marian.
¿Marian? El corazón de Dulce empezó a latirle a toda velocidad. ¿Aquella era Marian? Miró abiertamente a la única otra mujer a la que Chris había llevado al rancho, a la que le había confiado su corazón. Una larga melena negra le llegaba casi hasta la mitad de la espalda. Tenía unos ojos oscuros y peligrosos y una roja boca fruncida por la ira. Miró a Poncho y le dijo algo. Entonces, señaló a Chris.
-Te dije que era un hombre muy celoso...
Dulce no pudo contenerse.
-Chris no ha pegado a Poncho porque sea un hombre celoso, idi0ta. Le ha pegado porque todos llevamos dos días muy preocupados por él.
-¿Idi0ta? ¿Cómo te...?
Marian se abalanzó sobre Dulce.
Aunque esta se preparó para recibir el impacto, este nunca se produjo porque Poncho la agarró por la cintura y tiró de ella.
-No habrá nada de eso,Marian.
-Dulce y yo vamos a regresar al rancho ahora mismo -anunció Chris-. Allí es precisamente donde quiero verte, Poncho... y no más tarde de media hora.
Poncho se tumbó en el colchón y se mesó su rubio cabello. A Dulce le costaba creer que el hombre que tenía ante sus ojos fuera el mismo que había conocido antes. ¿Dónde estaba el hombre que había querido esperar a la noche de bodas porque la respetaba tanto? Miró a Marian y luego volvió a mirarlo a él. Lo más probable era que no se hubiera acostado recientemente con ella, porque estaría demasiado cansado para hacer otra cosa que no fuera dormir si la española había quedado satisfecha. Tragó saliva.
Casi no se dio cuenta de que Chris la agarraba del brazo y tiraba de ella hacia la puerta.
Poncho tardó una hora y media en llegar al rancho. Iba acompañado de Marian, que ya iba vestida. Sin embargo, Chris se negó a que le diera ninguna explicación. Le dijo que llamara a su madre y que esperarían hasta que ella estuviera allí antes de proceder con las explicaciones.
Dulce le agradeció aquella pausa. Necesitaba tiempo para recuperarse de la conmoción. Sin embargo, habían pasado tres horas y seguía temblando.
Estaba sentada en el cuarto de baño, donde había permanecido desde hacía una hora, con la puerta cerrada.
No había podido quedarse en el salón ni un sólo momento más, observando a Chris en un rincón, como un centinela, y a Poncho y a Marian, compartiendo el sofá.
¿Cómo era posible que todo hubiera llegado a aquella situación? ¿Chris y ella? ¿Poncho y Marian? Durante los tres días que lo habían estado buscando, Poncho había estado acostándose con la ex novia de Chris unos cuantos días antes de la boda.
Se mesó el cabello y trató de recuperar la normalidad, comprender lo ocurrido. Todo era tan... extraño.
Lo más sorprendente de todo era que, después de lo que Chris y ella habían estado haciendo durante los últimos días sentía traicionada por el comportamiento de Poncho. Sin embargo, más allá del rencor, sentía un alivio tan profundo y completo que tenía ganas de gritar. Poncho estaba bien, pero ya no tendría que casarse con él, ni tampoco sería la mala que rompiera la relación.
Sabía que era egoísta, pero se sentía mucho mejor de que todo fuera así. Además, parecía que Poncho llevaba mucho más tiempo que ella siéndole infiel, posiblemente durante todo el tiempo que llevaban saliendo. ¿Por qué le había pedido entonces que se casara con él? No tenía sentido.
Alguien hizo girar el pomo de la puerta. Se preguntó si sería Chris. Secretamente, había esperado que él la siguiera hasta allí, que le diera ánimos...
Sin embargo, no era así. Confusa, vio que el pomo volvía a girar y que alguien metía la llave en la cerradura. Se puso inmediatamente de pie.
¿Por qué se sorprendía de que Esmerelda tuviera llaves?
La anciana entró en el cuarto de baño y la miró durante un momento. Entonces, sacudió la cabeza.
-Ya ha llegado todo el mundo -le dijo.
Dulce no se movió. Si Esmerelda había esperado que Dulce reaccionara, no lo demostró así. En vez de eso, se dirigió hacia el lavabo y tomó un cepillo. Entonces, sin decir ni una palabra, se puso a cepillarle el cabello.
-Venga, venga -susurró la mujer. Entonces, muy suavemente, se apretó la cabeza de Dulce contra el vientre.
La joven se dejó llevar por las emociones que la embargaban ¿Por qué estaba llorando? ¿Por Poncho? ¿Porque parecía que los últimos cinco meses habían sido una completa mentira? ¿Porque Poncho había estado en brazos de otra mujer mientras ella temía por su vida?
No. Sabía que eso no era la causa de su pena, sino la incertidumbre de lo que existía entre Chris y ella...
Por muy poco razonable que fuera, se dio cuenta de que había esperado que el tiempo que habían compartido se extendiera hasta el infinito, aunque la lógica sugería que tendría que llegar a su fin. Mientras Poncho había estado desaparecido, Chris y ella habían podido estar juntos con el pretexto de buscarlo. Todo había estado en su sitio, a pesar de que lo había hecho de un modo muy extraño.
Poco a poco, las lágrimas fueron remitiendo. El lamé del chándal de Esmerelda estaba reñido con la compasión y la ternura que demostraba la mujer. Comenzó a acariciarle suavemente la cabeza.
Dulce se sintió tan agradecida por aquel contacto humano que estuvo a punto de echarse a llorar otra vez.
La anciana no parecía tener prisa. Se quedó allí, pacientemente, esperando, hasta que Dulce tuvo la fuerza de apartarse de ella.
Entonces, Esmerelda le colocó un dedo bajo la barbilla y le hizo levantar el rostro. A continuación, tomó una toalla, la mojó y le lavó los ojos y las mejillas.
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Amante desconocido ***HOT***
RomanceDulce Espinoza siempre había tenido unas fantasías maravillosas. El problema era que esas fantasías jamás se habían acercado a la realidad... Hasta que se encontró a solas en un ascensor con el sexy Christopher Uckermann. Sin embargo, había otra cos...
