Chris acarició suavemente la pierna de Dulce. Cuando se despertó con los rayos del sol en la cara, sobre unas blanquísimas sábanas, se sintió algo desorientado. Entonces, vio a la mujer desnuda que había a su lado y supo exactamente dónde estaba... y recordó con todo detalle lo que habían estado haciendo toda la noche después de marcharse de la piscina. Le acarició suavemente la húmeda entrepierna, haciendo que ella gimiera de placer y que se arqueara para recibir más plenamente sus caricias. Mientras le acariciaba la sedosa piel, se sorprendió de que, hasta dormida, fuera la mujer más apasionada que había conocido nunca.
Miró la suave sábana que le cubría su erección. Estaban en su suite, pero no habían comenzado allí exactamente.
No sabía lo que tenía Dulce Espinoza, pero no parecía hartarse de ella. Si un minuto estaba experimentando el orgasmo más poderoso de su vida, al siguiente deseaba aún más.
El olor del sexo de ella, de sus sexos, lo estimulaba. Le colocó la mano encima y, al ver cómo se movía ella, no pudo resistir la tentación de introducirle un dedo. El profundo gemido de placer hizo que Chris deseara cubrirla con su cuerpo y volver a empezar.
Se lo impidió el estridente sonido del teléfono. Dulce levantó la cabeza y lo miró, por debajo de una maraña de rizos pelirrojos. Chris rápidamente contestó la llamada.
-Uckermann.
Vio cómo Dulce se levantaba de la cama y se cubría con la sábana superior. A él no le importó que lo dejara completamente desnudo. Nunca se había sentido avergonzado de su desnudez, ni siquiera en aquellos momentos, cuando le mostraba a Dulce la firmeza de su espléndida erección.
El señor Jones no dejaba de hablar al otro lado de la línea telefónica.
-Un momento, hombre. Tranquilícese -le dijo Chris-. ¿Quién está haciendo qué?
-La señora Herrera quiere hablar con usted por teléfono, señor.
-¿Qué es lo que pasa? -preguntó Dulce, al ver la tensión que había en el rostro de Chris-. ¿Qué pasa?
-Helena quiere hablar conmigo -respondió.
- Chris, ¿dónde diablos estabas? -le gritó la madre de Poncho desde el otro lado de la línea.
-Helena, me has llamado tú, así que, evidentemente, lo sabes.
-Ya sabes a lo que me refiero. ¿Qué has estado haciendo cuando mi hijo sigue desaparecido?
-Lo he estado buscando.
-¿En el club?
-Sí. Poncho tenía una cita aquí el domingo para jugar al golf con unos amigos. No vino.
-¿Qué más has averiguado?
-No mucho. ¿Y tú?
-No te he llamado para compartir contigo lo que sé. Quería saber lo que habías averiguado tú.
-Muy bien, en ese caso nuestra conversación se ha terminado, ¿no te parece?
Helena le colgó el teléfono. Chris suspiró e hizo lo mismo.
-Vieja bruja.
-¿Te refieres a la señora Herrera? –preguntó Dulce, desde su habitación. Aparentemente, se estaba vistiendo.
-Sí -respondió él, poniéndose de pie. -¿Ha...?
-¿Que si ha encontrado a Poncho? No.
Un momento más tarde, Dulce apareció, vestida de nuevo con el albornoz del hotel.
-¿Qué hacemos ahora?
-¿De verdad quieres saber lo que yo respondería a eso?
-Me refería a qué es lo que vamos a hacer para encontrar a Poncho.
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Amante desconocido ***HOT***
RomanceDulce Espinoza siempre había tenido unas fantasías maravillosas. El problema era que esas fantasías jamás se habían acercado a la realidad... Hasta que se encontró a solas en un ascensor con el sexy Christopher Uckermann. Sin embargo, había otra cos...
