Dulce se sentía como si se hubiera tomado ocho cafés, en vez de sólo media taza. Hizo un gesto de asco al mirar el líquido helado que tenía encima del escritorio y, automáticamente, extendió la mano para agarrar el teléfono. Sin embargo, retiró el brazo enseguida. No tenía a nadie a quién llamar.
El hecho de no haber dormido la noche anterior no la ayudó en absoluto, aunque suponía que estaría mucho más preocupada si hubiera dormido como una muerta. Al darse cuenta de la desafortunada elección de sus palabras, se echó a temblar y empezó a girar el anillo de compromiso alrededor del dedo.
Sólo habían pasado cinco minutos desde la última vez que miró al reloj, lo que significaba que todavía faltaban dos horas para ir a la comisaría. Allí, habían pensado hablar con el contacto de Barry para informar de la desaparición de Poncho.
Dio la vuelta a la página de su informe y suspiró. Entonces, apoyó la cabeza encima de la mano. A primera hora de la mañana, había hablado con Helena. Hasta el día anterior, la madre de Poncho se había mostrado muy solícita con ella, dándole una cálida bienvenida a la familia y tomándose más molestias de las necesarias para complacerla. Desde la desaparición de Poncho, se había convertido en una versión femenina de Jeckyll y Hyde. En unas ocasiones era amable con ella y en otras destilaba un odio que le ponía los pelos de punta.
Helena la había informado, con una mezcla idéntica de placer y de odio, de que no se había hecho ningún progreso a la hora de localizar a Poncho. Además, estaba Chris...
Dulce se negaba a admitir que él hubiera tenido algo que ver con el hecho de que ella no hubiera dormido la noche anterior. Sólo había estado pensando en el paradero y en el bienestar de Poncho. Nada más. Si se había quedado dormida unos minutos y se había despertado con las sábanas enredadas entre las piernas y el nombre de Chris en los labios... sólo era porque era una novia ansiosa, a sólo cuatro días de su noche de bodas.
Una novia que había hecho demasiadas cosas prohibidas con el padrino de su boda.
¿Qué iba a hacer? Agarró el teléfono para volver a llamar a Chris, dado que no había dejado mensaje en las diez veces en las que lo había intentado anteriormente. Sin embargo, en el momento en el que tocó el auricular, el teléfono comenzó a sonar.
-¿Sí? -dijo, contestando rápidamente.
-¿Dulce?
-Soy yo -respondió ella. La voz femenina que resonaba al otro lado del teléfono le resultaba completamente desconocida.
-Gracias a Dios que por fin te localizo. Esa bruja de recepcionista se ha negado a pasarme la llamada hasta ahora mismo.
Dulce se inclinó hacia delante. Comprobó que Mona no estaba frente a su escritorio, lo que significaba que la persona que llamaba había recibido instrucciones mediante una grabación sobre cómo hablar con la persona que deseara.
-¿Mandy? ¿Eres tú?
Recordó a la joven bailarina de striptease, la del terrible acuerdo prenupcial.
-Sí, sí. Soy yo. Necesito desesperadamente que me ayudes.
Dulce giró la silla para tratar de ver si May estaba en su despacho. Su amiga estaba dictando a una grabadora mientras leía el documento que tenía delante.
-Mandy, espera un momento. Te voy a pasar con May Perroni.
-¡No!
-¿Por qué no?
-Porque quiero que seas tú mi abogada, por eso. Lo que hiciste por mí ayer... Bueno, no hay muchas personas que se hubieran puesto de mi lado del modo en que lo hiciste tú. Nunca podré agradecértelo lo suficiente.
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Amante desconocido ***HOT***
RomanceDulce Espinoza siempre había tenido unas fantasías maravillosas. El problema era que esas fantasías jamás se habían acercado a la realidad... Hasta que se encontró a solas en un ascensor con el sexy Christopher Uckermann. Sin embargo, había otra cos...
