Orgullosa, ambiciosa y muy atractiva.
Esa es Irina Romanova.
Una mujer que aunque la vida la quiera avasallar, no se deja pisotear fácilmente.
Reconocida empresaria y dueña de varias empresas internacionales, Irina tiene todo lo que una chica de su...
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IRINA:
El día de entrenamiento con Misha no cambia, nos sacan de la mansión y otra vez nos encontramos en el gimnasio.
Me pongo la ropa deportiva y subimos al ring.
Lanzo golpe tras golpe, con toda la fuerza que podría transmitir mi cuerpo pensando que es la cara de Viktor.
— Woah, parece que alguien está realmente animada hoy — habla Misha.
No me detengo, solo sigo golpeando como si mi vida dependiera de eso.
— Esta bien, alto — no le hago caso — para Irina — me detiene.
— ¡¿Donde estuviste anoche!? — grito enfadada
— Joder que humor... — rueda los ojos — Viktor me dejó administrando el Citrus. Solo fueron él y Yacov, ¿por qué? ¿Qué pasó?
Me dejo vencer por el cansancio y caigo al suelo.
— Casi me toma por la fuerza
— Mierda... ¿Como así, Irina? Explicate — se agacha conmigo mientras intenta levantar mi rostro.
— Tal y como escuchaste. Estaba fuera de sí. Me dijo cosas... Dios, no se que habría pasado si no se hubiera dado cuenta y se alejaba.
— Yo lo mato — sale a la defensiva y se para.
— No hagas nada, recuerda que aun me odias.
— ¡Es que ese no es el problema! ¡Joder! No te imaginas cuanta rabia esta pasando por mi torrente sanguíneo, seas o no mi hermana no habría dejado que eso sucediera. Nadie debería ser tratada así.
— La boda es en cinco días, lo mataré — hablo determinada.
— ¿Estas segura de poder hacerlo? — pregunta ella
— Enséñame a usar armas en combate cuerpo a cuerpo. Sé utilizar un arma de fuego, pero nunca toqué un arma blanca.
— Vale, te enseño. Párate.
Hago lo que dice y va directo a la mesa donde tiene sus armas. Me da un cuchillo aún con la funda puesta y ella agarra otra.
— Aún no la saques, practicaremos así. Aunque quiera enseñarte todo, no es tiempo de arriesgarnos — explica y asiento. — Debes tener un buen manejo del arma, ser una con ella, ya que si te quitan tu arma, debes cargar con un cuchillo si o sí. No dejes que te dejen desarmada — me hace una seña con las manos — Vamos... Acércate.
Voy hacia ella con todas las ganas de atestarle un golpe, pero me esquiva, gano tiempo y la hago caer con el pie.
No se da por vencida, por lo que poco tiempo después la tengo en frente y preparada para recibir otro golpe. Se adelanta a golpearme, pero recuerdo lo de ayer y esquivo, lanza una patada que me llega al tórax y por un momento pienso que me voy a quedar sin aire, cuando viene por mí y me derrumba en el suelo. Quiere lanzar otra patada, pero no le dejo y ruedo para poder alejarme de ella y levantarme.