Arnold
—¿No tienes alguna idea de en dónde se esté escondiendo?
—Lamentablemente no, Arnold —me fue inevitable no soltar un suspiro de frustración y un poco dramático, robándome la mirada de Agnes, cansado de mi comportamiento —. Por decima vez en el día, lo siento, Arnold —no respondo, solo me dedico a mirar hacia otros extremos del hogar —. Será complicado, pero la encontraremos.
—¿Cómo? Ni siquiera tenemos una pista.
—Pero la encontraremos —vuelve a repetir Agnes, con un tono de voz molesto.
—Lo único que se me ocurre es llamar su atención —sugiere Sara.
—¿Cómo?
—Bueno, no llamar su atención en sí, sino que seguir nuestro día a día, esperando su otra aparición. No creo que solo haya ido en busca de Emma, según entiendo, Lecat nos quiere a todos.
—No suena mal —añade Johnny.
—En el momento en el que Lecat vuelva a aparecer, hay que hacer todo lo posible por derrotarlo en ese instante y recuperar a Emma.
—Buena idea, Sara.
La mencionada forma media sonrisa.
—Se me ocurre otra cosa —digo —. Cuando Lecat vuelva a aparecer, uno tiene que dejarse vencer.
—¿Por qué? —pregunta Johnny.
—Así iremos con Emma, la rescataré, ambos venceremos a Agnes y todo acaba.
—No sé por qué tengo el presentimiento de que esa idea no funcionaría...
—Gracias, Johnny —Céspedes ladea su cabeza.
—¿En qué momento empezaste a hablar en primera persona?
—¡No lo sé, Sara! Solo sé que estoy desesperado, preocupado, ansioso, ¿si? Necesito ver a Emma aquí, justo ahora.
—Creo que la mejor opción es la de Sara —dice Agnes —, tal vez Lecat tenga la mala suerte de encontrarlos juntos y, así, será mucho más fácil vencerlo y recuperar a Emma.
—Hay que pensar con claridad, Arnold —añade mi madre, sobando delicadamente mi hombro.
—Está bien, está bien, está bien... Nos quedamos con la idea de Sara.
—Por ahora regresen a casa, Lecat tiene que ver que están buscando a Emma por separado —automáticamente, todos nos empezamos a poner de pie, listos para irnos —. Y traten de estar juntos, pero también, alejados (no tanto, claro). Hay que intentar engañar a Lecat lo mejor posible.
—Así lo haremos.
—Nos veremos mañana.
—Por cierto —añado, levantando mi brazo como si fuera a pedir permiso a algún profesor, causando que, nuevamente, todos me miren raro, comienzo a bajarla lentamente —, quería pedirles perdón por compórtame así...
—No pasa nada, Arnold, es entendible tu reacción.
—Gracias, Agnes...
—Se te olvidó la timidez, Arnold —completa Johnny.
Su comentario me causa continuar mi caminada con la mirada cabizbaja.
Salma
Terminando la junta con los Elementales y Agnes, hicimos una visita rápida con la policía con la esperanza de obtener buenas noticias, pero toda esa esperanza se calló en pedazos al recibir un rotundo y estresante "no".
Con los mismos sentimientos, regresamos a casa y, lo primero que hice al llegar, fue subir al cuarto de mi hija, mi niña, mi Emma...
Me encuentro sentada en su cama, abrazando uno de sus peluches que utiliza a la hora de dormir, con lágrimas y sollozos, acompañada de mi esposo, Mauro, quien está igual o peor por la desaparición de nuestra niña. ¿Dónde estará? ¿Qué le pudo haber pasado? ¿Lecat en serio tendrá algo que ver con todo esto? Si es que es él, y si tengo la oportunidad de verlo cara a cara... ¡No me quedaré quieta! Pagará por todos sus actos cometidos desde que vivíamos en Malantus, hasta llevarse a mi hija.
Agnes actuó bien al correr a Lecat, junto con sus padres, de Malantus hace años. Ese hombre es de lo peor, bien que Agnes nos los advirtió.
—Algo me dice que sí es Lecat —escupe mi esposo, observando hacia la ventana.
—¿Lo crees?
—Es que es obvio. Si ese maldito sigue vivo y anda afuera haciendo de las suyas con el rencor aún presente, es obvio, Salma —lo miro con una tristeza profunda y con un miedo inmenso —. Emma regresará a nosotros y Lecat pagará por todo lo que hizo, aparte de nuestro merecido, por supuesto —Asiento lentamente —. Trata de descansar, mi vida.
—No puedo...
—Te prepararé un té.
Sara
A pesar de toda la valentía que estuve obteniendo los días anteriores, hacerme la idea de que muy pronto enfrentaremos a Lecat, me pone los pelos de punta —sin importar que para esto nos estuvimos preparando—. Me da mucho miedo verlo a la cara. Me da mucho miedo fallar. No soy tan fuerte como Emma, aún no recupero toda esa confianza que necesito y anhelo. Y si logró vencer a Emma con facilidad, ¿por qué a mí no? Una persona que toda su vida se ha dejado vencer por el miedo y el pesimismo, una persona a la que le cuesta mucho confiar en sí misma.
—Por favor, Dios, ayúdame a vencer este miedo y dame valentía... —susurro —. Por favor... También cuida de Emma, mi amiga. Amén —me persigno mientras alzo mi vista y pego un grito ahogado, pero al instante me tranquilizo —. Me asustaron...
—Lo sentimos, hija.
—Hace mucho no te escuchábamos rezar, mi amor —dice mi madre, entrando por completo a mi habitación —. No sabes lo feliz que me hace escucharte.
—¿Cuánto tiempo estuvieron escuchando?
Mi madre ríe levemente, yo entrecierro mis ojos.
—Creímos que habías dejado todo eso en tu niñez.
—Claro que no, aún sigo, nunca dejé de hacerlo —mis padres toman asiento en mi cama; mi madre acaricia con ternura mi cabello —. Me hace sentir muy bien. Siempre estaré agradecida por haber asistido a esa reunión con ustedes, sino, creo que nunca hubiera descubierto este sentimiento.
—Estos últimos días te hemos visto más tranquila, no has tenido ataques de pánico —dice mi padre.
—En efecto. Estar con mis amigos me ha hecho de mucho bien, me han ayudado y cada vez tengo un poco más de control sobre mis poderes, aunque, eso no significa que aún tenga miedo dentro de mí, y más ahora con lo que ocurrió.
—Nos hace tan feliz ver tu avance, mi amor. Verás que muy pronto, ese miedo se irá para siempre y que Emma regresará.
—Eso quiero. Pero ¿saben también que quiero? —mis padres niegan con la cabeza, intrigados —Un abrazo de ustedes.
—Con gusto, hija.
Y en segundos, nos envolvemos en un tierno y lindo abrazo familiar.
ESTÁS LEYENDO
Los Elementales
FantasiCuatro jóvenes, quienes fueron los elegidos por la naturaleza para controlar los cuatro elementos; fueron los elegidos para vencer el mal; para lidiar con la responsabilidad que conllevan estos poderes, los cuales desde la destrucción de su verdader...
