—¿Agnes? —asiento lentamente —Pásame a ese maldito... —Arnold comienza a acercarse a mí y, al llegar, me arrebata mi celular, tras esa acción, Johnny mira mal a Arnold —. Me va a escuchar —al contestar, inmediatamente, pone el altavoz —. ¡Agnes!
—¿¡Dónde diablos están!? —exclama Agnes, con enojo, confundiéndonos.
—¿Dónde estamos? —continúa Arnold, él no se dejará —¿Dónde diablos estás tú, Agnes? ¿En tu hogar, descansando y esperando otra aparición de Lecat? ¿Eh? ¡Dime, Agnes!
—¿Dónde está Sara? Este es su celular, no el tuyo.
—¡Responde!
—No discutiré contigo, Arnold, al menos no ahora —el mencionado insulta en bajo —. Chicos, si me están escuchando, tienen que irse de donde sea que estén, tienen que regresar a la ciudad... ¡Ahora!
—¿Por qué lo dices, Agnes? —pregunta Johnny —¿Qué ocurre allá?
—¡Lecat está atacando la ciudad! —los tres nos miramos entre sí, cambiando nuestros semblantes al instante, preocupándonos de inmediato por la gente, por nuestros padres, por todos —¿¡Van a venir o no!? —el clamo de Agnes nos saca de nuestros pensamientos.
—Vamos en camino —responde Johnny —. Lleva a nuestros padres a un lugar seguro, nos encargaremos del resto —inmediatamente cuelga la llamada —. Ya escucharon, debemos irnos.
—Voy a matar a Lecat como se debe, de esta no se salva, se los prometo.
—Arnold...
—¿¡Qué, Johnny!? Estoy harto de todo esto... ¡Harto! Solo quiero matarlo, quiero acabar con él para siempre. ¡Me ha arrebatado muchas cosas! —una lágrima recorre por su mejilla —Ya no soy ese Arnold tímido, que perdona todo, de corazón noble. Ese Arnold se fue y no regresará. Ahora, vámonos, tenemos algo que acabar.
Sin decir una palabra más, comienza a caminar rumbo a la camioneta, dejándonos pasmados y sintiendo tristeza por él.
Todo indica a que Emma nos dejó, Lecat está atacando la ciudad con todas sus fuerzas, solo somos tres, los cuales no estamos preparados como lo estaba Emma, aún no tengo esa confianza, Arnold está sediento de venganza e ira —todo puede salir mal cuando nos dejamos llevar por ello—, y una larga lista. ¿Qué haremos? Siento como si todo se estuviera viniendo abajo, como si todo estuviera perdido, como si todo lo que está pasando es nuestra culpa, como si fuéramos a perder esta batalla.
Martina
Mi momento de cocina es interrumpido por una llamada al teléfono de casa. Rápidamente detengo todo y me apresuro a tomar la llamada.
—¿Bueno? —pregunto, recargando el teléfono en mi hombro con ayuda de mi oreja para que no caiga mientras limpio mis manos.
—Buenas tardes, ¿hablo con la señora Martina Mejía?
—Así es, ella habla —frunzo mi ceño, tomando bien el teléfono —. ¿De dónde llama?
—Le llamamos de la universidad de su hijo —mi corazón comienza a acelerarse, Arnold no ha estado bien estos últimos días y recibir una llamada de su escuela es muy raro —. Necesitamos decirle algo.
—Dígame...
—¿Su hijo está en casa?
—No, él salió desde la mañana a la universidad... ¿Por qué pregunta eso?
—Su hijo no se presentó hoy a ninguna clase, se le vio en la mañana como usted dice, pero desde ahí no sabemos nada de él. Por eso le llamamos, para saber si de casualidad su hijo se encontraba en casa o si tenía alguna idea de en dónde podría estar.
Dios mío...
—No, no está en casa...
—¿Y tiene idea de dónde podría estar?
—Creo que sí, no se preocupe, yo me encargo de ir a buscarlo. Gracias por llamar y avisar —cuelgo la llamada —. Arnold, ¿dónde estás?
Con la misma rapidez, regreso a la cocina para suspender todo y guardar las cosas. Me lavo las manos, subo a mi habitación, agarro mi bolsa junto con mi celular y vuelvo a bajar. Tomo las llaves.
Al abrir la puerta, me encuentro con Agnes.
—Martina.
—¿Agnes?
—Menos mal estás bien.
—¿Por qué dice eso?
—Tienes que venir conmigo ahora.
—¿Por qué? ¿Qué ocurre?
Un estruendo acompañado de bullicios de gritos por parte de las personas nos interrumpe.
—Por eso me tienes que acompañar —lo miro confundida, aunque, también con temor —. Lecat está atacando la ciudad.
—¿Qué?
—Debemos ir a un lugar seguro. Acompáñame. Iremos por los demás.
—Pero...
—¡No hay tiempo, Martina!
Mi corazón se acelera cada vez más y mi cuerpo comienza a temblar.
Álvaro
Un fuerte estruendo nos saca de nuestros pensamientos y de nuestro momento de trabajo. Todos —incluyéndome— comenzamos a asustarnos, a ponernos de pie y representar el nerviosismo con la falta de aire, la ansiedad, etcétera.
Me acerco al gran cristal, donde todo se puede visualizar sin problema alguno y, a una buena distancia, puedo apreciar a Lecat, haciendo de las suyas como lo prometió. Mi hijo debe estar ahí en compañía de Johnny y Sara, los tres haciendo todo lo posible por acabar con él.
Pero yo también hice una promesa: acabar con Lecat por todo los planes que arruinó, desde los planes de la fallecida sociedad de Malantus, hasta los míos con mi esposa e hijo.
Y pienso cumplirlo.
Tomo mi chaqueta color negra y, sin pedir permiso —aunque no hace falta—, salgo del edificio donde trabajo, emprendiendo rumbo hacia Lecat.
Sara
Después de un rato de camino, llegamos nuevamente a la ciudad, donde todo está hecho un desastre.
—Madre mía... —digo en susurro, llevando mis manos a mi boca, sintiendo a mis ojos cristalizarse —. ¿En serio podremos con todo eso? Todo es...
—Todo es un caos... —interrumpe Johnny, igual de impresionado y temeroso que yo.
—Para esto nacimos, ¿no? —añade Arnold, obligándonos a verlo —Tarde o temprano este momento llegaría, no podemos darnos por vencidos, no ahora después de todo lo que ha pasado y después de todo lo que ese estúpido ha hecho —parece que Arnold es el único con valentía, pero es entendible —. Es hora de hacer nuestro trabajo, Elementales —Arnold coloca su mano en medio de Johnny y yo —. ¿Están conmigo?
—Por Emma —responde Johnny, colocando su mano encima de la de Arnold.
Ambos chicos me voltean a ver, esperando mi respuesta.
Vamos, Sara Cervantes, tu miedo debe quedarse atrás, debes hacerlo por tu mejor amiga, esa que, sin duda, no tardaría en animarte.
Finalmente, coloco mi mano en la cima.
—Por Emma.
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Los Elementales
FantasyCuatro jóvenes, quienes fueron los elegidos por la naturaleza para controlar los cuatro elementos; fueron los elegidos para vencer el mal; para lidiar con la responsabilidad que conllevan estos poderes, los cuales desde la destrucción de su verdader...
