Su nueva vestimenta se roba toda mi atención.
—¿Por qué estás vestido así?
—Vaya, creo que me pasé de tortura un poco, te estás quedando sorda... —frunzo mi ceño —. Hoy, querida Ferrer, mi plan se pondrá en marcha. Así que, espero que hayas disfrutado tu estancia en este lugar, porque no existirá más.
—Lecat, tienes que parar esto. Estas personas son inocentes. Ya cumpliste tu venganza con destruir Malantus, le quitaste a esa sociedad su hogar (y hasta los asesinaste), se lo quitaste a mis amigos, a mis padres, me lo quitaste a mí. ¡Confórmate con eso!
—Me das tanta lástima —responde, con una sonrisa de maldad en su rostro —. Sí, destruí Malantus, asesiné a su sociedad —me inquieta y me aterroriza escucharlo confesarse sin arrepentimiento, sin una pizca de interés. ¿Se puede ser más malvado? —, pero están ustedes vivos aún. Ahora, tengo que deshacerme primero de ustedes y, después, el mundo será mío para hacer con él lo que yo quiera.
—¿No te llamó la atención la idea de tener una nueva familia?
—Y dale con la maldita familia... ¿Estás obsesionada con eso o qué?
—Solo pensé que te podía ayudar o quitarte ese sentimiento de soledad.
—Pues no quiero tu ayuda, y te pediré un favor, deja de meter a mis padres en esto, deja de usarlo como arma. Te veré más tarde, después de que haya terminado con tus amigos, las personas, con Agnes y con tus padres...
—¡A mis padres no los toques!
Al gritar, un gran dolor de cabeza me consume, causando que cierre mis ojos con fuerza y lleve mis manos a la cabeza.
—Puedes matarte si sigues así.
—Ni que te importara tanto...
—En fin, ya me aburrí y quiero divertirme. ¡Nos vemos, querida Ferrer!
—¡No dejaré que hagas esto!
Lanzo una ráfaga de viento violento, pero lo único que obtengo es terminar en el suelo, con el dolor aumentando, mientras mi vista se torna borrosa y el calor en la habitación se siente cada vez más y más.
Johnny
—¿Creen que en esta calle haya algo? —pregunta Sara.
—Solo hay una forma de averiguarlo —respondo.
—Entremos —observo como Sara sacude su mano izquierda, haciendo que el fuego se haga presente —. Es por seguridad.
—Me alegra que lo hayas dominado —Sara me sonríe amablemente.
Los tres nos posicionamos en fila y emprendemos camino, estando alertas a cualquier movimiento sospechoso para poder atacar.
—Allá —escupe Arnold de golpe —. Ese edificio se ve algo sospechoso y muy abandonado.
—No perdamos más tiempo.
Emma
Mis intentos de abrir la maldita puerta fueron en vano. Hay alguna cosa que transmite fuego —el cual es mi debilidad— por todos lados, sin cesar. Mi fuerza ya no da más. Siento como si mi poder, el viento, se deshace de mí, como si me olvidara, como si estuviera muriendo.
Justo ahora me encuentro recargada en la puerta, temblando y sudando, con el cansancio que cada vez se apodera más y más. Por mi mente, solo hacen estruendo palabras de mis padres, de Agnes, de mis amigos. También imágenes de mi estancia en Malantus se hacen presentes, son mis recuerdos.
Me veo a mí misma, siendo una niña chiquita aún, controlando levemente el viento, de compañía están mis padres, mirándome con orgullo. De fondo se encuentran Sara, Johnny y Arnold, todos unos niños inocentes, sin saber nada de lo que nos esperaría.
—¡Esa es nuestra niña! —escucho la voz de mi madre, al mismo tiempo que me aplaude, haciéndome sentir toda una guerrera con sus palabras de aliento —Serás una heroína muy valiente.
—La más valiente —continúa la voz de mi padre.
Logro sonreír débilmente. Y poco a poco mi ojos se van cerrando.
Arnold
Me detengo en seco al sentir un dolor en mi pecho, de inmediato, mis ojos se comienzan a cristalizar, una tristeza inmensa me invade. Alzo mi mirada para encontrarme con Johnny y Sara con los mismos síntomas y sensaciones que yo.
—¿S-sintieron eso? —pregunto, tropezando con mis propias palabras, mientras ambos me voltean a ver —¿Lo hicieron?
—Sí... —responde Sara, en un tono de voz bajo —. ¿Qué fue?
—Ni idea, pero se siente horrible, como un vacío —añade Johnny.
De repente, el viento se hace presente en brisas, golpeando con nuestros cuerpos, pero éstas brisas se sienten diferentes, como si su portadora hubiera muerto...
—No... Emma no pudo haber muerto...
—¿Qué estás diciendo? —pregunta Sara —¿Esto es lo que nos quiere dar a entender?
—¡No! —expreso en un grito, dejándome caer bruscamente de rodillas, sin importarme los raspones que se harán próximamente —¡Emma no! —continúo gritando y pegándole al pavimento con fuerza —¡Maldita sea, Lecat!
Salma
—¿No hay noticias de mi hija?
—No, señora, ya la habríamos llamado.
—¿Siguen buscando, verdad?
El policía suspira.
—Sí, señora, seguimos en busca de su hija.
—¿Y por qué no hay noticias?
—Estos casos no son fáciles y, por favor, trate de tranquilizarse, si se altera la situación se hace más difícil.
—¿Cómo me pide que me tranquilice? No sé dónde está mi hija.
—La encontraremos, se lo prometo —pego un sollozo —. Le traeré un vaso de agua.
¿Un vaso de agua? ¿Eso de que me sirve?
Las ganas de presionar a cada policía de este lugar son inmensas, mucho más fuertes que mi intento de tranquilizarme. Estoy a nada de volverme loca.
Sara
Ahora siento lo mismo que Arnold, y eso me parte el corazón en pedazos que difícilmente se podrían reparar. Mis lágrimas no tardan en recorrer por mis mejillas. Ver a Arnold en el piso, llorando desconsoladamente y culpándose a sí mismo, me pone la piel chinita.
Me niego a creerlo.
—Emma era un sol... —digo entre susurros, con mi voz entrecortada —. Ella no se puede haber ido, Arnold, debemos estarnos confundiendo...
—Sara, no lo creo...
—¡Es que no puede ser, Johnny! ¡No creo que haya muerto! Arnold, hay que seguir buscando, nos estamos confundiendo.
—¡Lo estoy sintiendo, Sara! —exclama Arnold, regresando a su altura y caminando hacia mí —¡Ella se fue por nuestra culpa! —bajo mi mirada —Es nuestra culpa... ¡Actuamos tarde por seguir el estúpido consejo de Agnes! Le estoy agarrando un odio como no tienen idea.
—Arnold, lo siento mucho, también me duele, pero no podemos rendirnos, hay que hacerle justicia.
—¡Por supuesto! Quiero tener a Lecat cara a cara y poder matarlo como se debe. Se va a arrepentir de lo que hizo —mi celular comienza a sonar y, al ver quién es, me quedo inmovilizada —. ¿Quién es, Sara?
—Agnes...
ESTÁS LEYENDO
Los Elementales
FantasyCuatro jóvenes, quienes fueron los elegidos por la naturaleza para controlar los cuatro elementos; fueron los elegidos para vencer el mal; para lidiar con la responsabilidad que conllevan estos poderes, los cuales desde la destrucción de su verdader...
