Capítulo 29

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Martina se encuentra con los ojos cerrados, con miedo de lo que Agnes pueda hacerle, sin cesar su llanto por la pérdida de su esposo y por su vida. El semblante de éste último cambió tan repentinamente. En su mirada ya no se encuentra la bondad que alguna vez nos demostró —con mentiras, claro—. Ahora, su mirada transmite las mismas palabras que dijo Lecat: rencoroso, hipócrita, mentiroso, egoísta. La mirada de un villano, del verdadero villano...

—No lo diré otra vez —dice Arnold —suelta a mi madre.

—Ya perdiste a tu padre, Arnold, ¿qué pasaría si la siguiente es tu madre? De todos modos siempre estuviste y estarás solo —frunzo mi ceño con fuerza —. Ese es tu destino, querido. 

¿Qué clase de hombre es?

—Eres un cínico... —susurra Arnold, apunto de romper en llanto, Agnes sonríe —. Sabía que no debía confiar en ti. Siempre me diste mala espina. ¡Suéltala!

—Muchas gracias. Me halagas. Y no, aún no la quiero soltar.

—Arnold, hijo, estaré bien, tranquilo...

—Resiste, mamá.

—¡Basta! —interrumpe Johnny, acercándose junto con Sara —¿Qué es lo que quieres de nosotros, Agnes? 

—Que me sirvan —me fue inevitable no echarme a carcajadas y, sé que justo ahora, todos me están mirando confundidos —. Disculpa, Emma, ¿a qué se debe tu risa? 

Pero yo continúo riendo.

—Emma... —insiste Sara —¿Qué ocurre?

—Perdón, perdón... —trato de recuperar el aire perdido y mi postura seria —. Es que en serio me dio risa su objetivo —Agnes ladea levemente su cabeza, confundido. ¡Esto es tan divertido, Dios mío! —. Déjame te explico, Agnes —comienzo a caminar en su dirección, con brisas de aire presentes a mi al rededor —. ¿Tú en serio crees que nosotros, los Elementales, te vamos a servir a ti? —vuelvo a reír levemente —Creo que no has puesto atención a lo que ocurre a tu al rededor. 

—Y mucho menos después de lo que pasó, después de que, al fin, mostraste tu verdadera cara —continúa Arnold —. Eres un descarado que se hace la victima, alguien que sabe engañar perfectamente y que solo hace infamias. 

—Tengo más habilidades que ustedes. Sé sus puntos débiles, como este... —termina de pegar por completo el arma a la cabeza de Martina, con más fuerza y de forma brusca, causando que la mencionada pegue un pequeño grito.

—¡Basta! ¡Con mi madre no te metas!

—O puedo hacer que Sara haga el mismo incendio, pero ahora, con personas que ama —Cervantes pone sus ojos en blanco mientras baja su mirada. Debe ser molesto que siempre utilicen esa ocasión para debilitarte —. Y puedo seguir...

—Y nosotros no te dejaremos —a completo. 

—¿Con quién empiezo? ¿A quién le disparo primero? —arqueo mi ceja —¿A Martina? ¿A Johnny? —su arma apunta hacia mí —¿A ti, Emma?

Formo media sonrisa.

—Adelante. Inténtalo. Quiero ver que lo intentes. 

—Emma...

—Que lo intente, Arnold. Vamos a ver si en serio puede tener poder sobre nosotros. 

—Que bueno que ayudes, Emma, así será más fácil. 

—Te estoy esperando —Agnes estaba a punto de jalar el gatillo pero, de repente, el arma escapa de sus manos tan rápidamente, sin darnos tiempo de reaccionar, hasta ahora.

—¿Pero qué...?

—Y te recuerdo que fuiste tú quien nos entrenó, querido —añade Sara, llegando a mi lado con el arma en su mano y sus ojos de un color naranja brilloso como uno de los tantos colores del fuego. Toda una chica valiente. La Sara que en realidad es —. Y también te recuerdo que no solo controlo el fuego, también la telequinesis —me encanta ver cómo las reacciones de Agnes dejan a la luz su cobardía —. Hiciste mal en nunca averiguar cómo obtuve este poder, querido.

Johnny

Ver a Sara así, dejando salir su chica valiente que tenía tan guardada. Ella siempre fue valiente. Agradezco que al fin sea ella misma y tenga esa confianza en sí y en sus habilidades. Sí que la amo.

Cumpliré mi promesa de hacerle saber todo lo que siento y lo altamente orgulloso que estoy de ella cuando esto termine. 

—Grábate, Sara, que lo que dijo Lecat es cierto. Naciste para causar destrucción, para hacer daño, y eso, nadie lo va a cambiar. Como lo dijo Emma, las reglas de la naturaleza no se pueden cambiar. 

—Destrucción contra el mal, Agnes —responde Sara, corrigiendo —. Estoy orgullosa de ser quien soy. Somos más fuertes que tú. Ahora, dejarás ir a Martina y serás tú quien se rinda.

—Como gustes... 

Agnes suelta y deja caer a Martina muy bruscamente.

—¡Mamá! —Arnold se apresura a ella para ayudarla —¿Estás bien?

—Ya la solté. 

—De rodillas —añade Emma.

—Claro —comienza a hacer lo ordenado, pero al mismo tiempo yo siento un fuerte dolor en todas mis piernas, causando que suelte quejidos de dolor, llamando la atención de todos —. Podrás tener telequinesis, Sara, pero yo puedo controlarlos por dentro...

—¡Johnny! ¡Detente, Agnes!

—Es divertido.

Emma

Esto termina ahora. 

Me acerco a Agnes, quien en seguida me voltea a ver. 

—Lo siento, Agnes, pero tú te lo ganaste —inmediatamente, comienzo a absorber gran parte de su oxigeno, dejándolo extremadamente débil e inmovilizado —. No pienso matarte porque no somos como tú. 

—¿Cómo hiciste eso? —pregunta Arnold —¿Por qué no lo hiciste antes?

—Apenas recuerdo —respondo nerviosa —. Y Agnes lo dijo, nuestros poderes evolucionan. Arnold, aunque no lo creas, somos más poderosos de lo que creemos —él asiente lentamente, mientras Sara se acerca a Johnny para revisarlo. —. Luego les explicaré.

—¿Y qué hacemos con él? —pregunta Sara.

—¿Alguna idea? —pregunto.

—Creo que sí —le sonrío —. Me alegra tanto que estés bien. Realmente creí que sí te había perdido. 

—Creíste mal —veo cómo su mirada se dirige en el cuerpo de su padre, con Martina a su lado, aún en lágrimas —. Lo siento mucho...

—Yo igual...

—Aquí estamos todos contigo —digo, tomando su hombro —. No te dejaremos solo, tampoco a tu mamá. Será difícil llevar este duelo, pero lo lograrán.

—Eso espero, Emma.

Sara

—¡Johnny! —me arrodillo a su lado —¿Te encuentras bien?

—Sí, solo me duelen mucho mis piernas... 

—¿Quieres ir a un hospital?

—Me sería de mucha ayuda, bonita —sonrío levemente, me encanta que me llame así —. Am, en serio lo necesito...

—Claro, perdón. ¡Chicos! —Arnold y Emma me miran —Lamento arruinar el momento, pero necesitamos llevar a Johnny a un hospital.

—¡En seguida! —responde Emma.

—Ya te llevaremos. Estarás bien.

Él me devuelve la sonrisa. 

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