"Después del amor, lo más dulce es el odio".
Henry Longfellow
Esta no es una historia bonita. La verdad, la dura y pura verdad, es odiosa y duele, quema por dentro... por eso todo mundo se esfuerza en esconderla, en enmascararla, en adornarla y dis...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Capítulo IX
Bucky entró a su despacho y encendió la luz, mirando a su invitada con el ceño levemente fruncido. No se sorprendió de ver a Natasha sentada tras su escritorio, en la oscuridad; no era la primera vez que lo hacía, pero, sí le llamó la atención la expresión seria y preocupada de su rostro. Minutos antes se había cruzado con Steve en el pasillo y la mirada que éste le dedicó le gritó que algo había pasado y que el chico se sentía tremendamente culpable. De hecho, su hijo ni siquiera fue capaz de sostenerle la mirada. Cuando vio la expresión de Natasha, comprendió el porqué.
─ Supongo que tienes algo que decirme, ¿no? ─ le preguntó y ella alzó la mirada, asintiendo pesadamente.
─ Sí, tenemos que hablar─ aseguró y él formó una sonrisa triste en su rostro, acercándose a ella. Se sentó en el escritorio, a su lado y la miró comprensivamente.
─ Steve te dijo que está enamorado de ti, ¿no es así? ─ preguntó, alargando una mano para acariciar su cabello como lo hacía con sus hijos cuando éstos aún eran niños.
─ Lo hizo─ aseguró, ladeando el rostro para dejarse acunar por aquella caricia tan familiar─ Y yo le correspondí.
Bucky suspiró y asintió, con una expresión triste en el rostro.
─ Me lo imaginé. Lo vi en sus ojos cuando me lo crucé hace un momento. Steve siempre fue más transparente que su hermano, es difícil que esconda lo que siente y en este momento, está muriendo de la culpa...─ dijo y Natasha asintió, inclinándose hacia adelante para apoyar su mejilla en su muslo.
─ Quisiera mandar todo esto a la mierda y decirle a Amanda que se meta su misión por...─ murmuró, mientras él le acariciaba el cabello.
─ Nat...─ advirtió, adivinando lo que pensaba decir y deteniéndola justo a tiempo.
─ Lo siento, pero, es que... no sé, no me gusta que Steve se sienta así. De verdad me gusta, James, más que eso, de hecho...─ afirmó, levantando su mirada hacia él. El hombre suspiró y le sostuvo la barbilla un momento antes de acariciar su mejilla cariñosamente.
─ Lo sé. Y odio ser la razón por la que no pueden estar tranquilamente juntos, Natasha... si hubiera sabido que esto iba a pasar, jamás hubiera aceptado. Pero, pasó. Y tenemos que hacer algo al respecto... quizás podríamos decirle a Steve la verdad. Quizás podría guardar el secreto...─ ofreció, pero, Natasha negó.
─ Como dijiste, él no es capaz de mentir. Se opondría a que sigamos fingiendo e intentaría enfrentar a Amanda─ razonó la chica y James no pudo más que darle la razón. Steve era demasiado honesto y no tenía un ápice de malicia en el cuerpo. No, no serviría pedirle que guardara el secreto.
─ ¿Qué haremos entonces? ¿Dejar que siga hundiéndose en la culpa? Conozco a mi hijo, Natasha y esto le hará mal, te lo puedo asegurar─ afirmó él y Natasha torció el gesto, sin poder hacer más que darle la razón.