Os traigo un capítulo más, para compensar que no me pasé por aquí la semana pasada.
Me sentía echo una mierda, pero mi vida no se detuvo, ni por asomo, la vida sigue, como de costumbre, indicándote que cómo no te repongas rápido te quedas fuera de juego. Tenía asuntos que atender, reuniones a las que asistir y tratos que cerrar.
- Así que... volvemos a estar frente al cabrón sin corazón de Hércules Santoro – reconoció Abdul al verme agarrar la botella de ron después de nuestra última reunión, dando un trago, dejándola luego sobre la mesita, mirando por la ventana. Tenía su puta risa metida en la cabeza, y no salía de ahí a pesar de lo mucho que lo intentaba – la repentina marcha de la palomita te ha devuelto a tu estado original.
- Las tías son sólo agujeros – le dije, mostrándome tan frío como de costumbre. Después de seis meses sin Roni, ni siquiera sabía diferenciar la realidad de mis propias fantasías – donde meterla en caliente – agarré la chaqueta y salí de la oficina, necesitaba volver a casa, desconectar.
Me encantaría poder deciros que había vuelto a ser yo, el semental de siempre, implacable con cualquier chica, frecuentando a prostitutas y todo un semental... pero os estaría mintiendo, desde que se marchó de mi casa me compadecía a mí mismo a diario, tanto que me anulaba como persona. No había podido volver a dar la talla en el sexo, era imposible que se me levantase. Me había convertido en un puto impotente de mierda.
El alcohol era lo único que me ayudaba a mantener a raya mis putos sentimientos, eso y mi predisposición para triunfar en los negocios.
El puto twitter y las redes sociales no ayudaban en lo absoluto, según los rumores Roni estaba saliendo con su nuevo socio, por lo que evitaba pensar en ellos, nublando mis propias fantasías con boxeo. Me entrenaba tres veces al día, sin detenerme hasta caer exhausto en la cama. A veces la veía en sueños, mirándome, con esa sonrisa que añoraba cada día.
Y otras veces escuchaba a mi tío paterno, asegurándome lo débil que era, un cobarde de mierda que huía antes de enfrentar los problemas, de buscar la verdad sobre la muerte de sus propios padres.
Grité, furioso, golpeando con todas mis fuerzas ese saco de boxeo, con impotencia, manteniendo el puto dolor a raya, no podía dejar que me venciese. No era un puto cobarde, no era débil, iba a demostrarle al mundo que no tenía sentimientos, que era implacable, el gran Hércules Santoro había vuelto.
Llevaba meses huyendo de cualquier acto público, la razón siempre solía ser la misma, ella. Aún no estaba preparado para mirarla a la cara y fingir que no había sucedido nada entre nosotros. Ella parecía haber seguido adelante, pero yo ...
Después de su marcha, de que intentase llamarla hasta la saciedad sin obtener respuesta, me quedó bastante claro que solo fui un parche en su vida, algo de lo que deshacerse cuando encontró a su padre, el que la ayudaría a vengarse de su padre de pega. Lo entendía, no creáis que no, pero ... a veces... la echaba de menos, eso era todo.
Me enteré por la prensa, que hace dos meses atrás, se estableció en la ciudad, junto a su recién encontrado padre, y destituyó a Lewis de la empresa, así que la nueva dueña de los casinos, y de toda aquella herencia era ella, mientras su padre se pudría en la cárcel, siendo acusado de contrabando ilegal en sus empresas. Fue todo un bombazo en el país, algo que casi nadie esperaba.
Parecía que al final, se hizo justicia, al final, consiguió vengarse de Lewis. Y aunque eso era algo que ambos esperábamos, que ese hijo de puta pagase cada humillación que le hizo pasar... no podía evitar pensar que, aun habiendo terminado el trabajo que la alejó de mí, había algo que no la dejaba volver a mi lado.
ESTÁS LEYENDO
YOU are Mine | COMPLETA
RomanceNate Santoro tiene todo lo que puede desear, su propio negocio de vigilancia, grandes socios adinerados, y una mujer diferente en su cama. La vida de este adinerado magnate no será la misma después de conocer a Verónica Lewis, la hija adolescente de...
