Nate Santoro tiene todo lo que puede desear, su propio negocio de vigilancia, grandes socios adinerados, y una mujer diferente en su cama. La vida de este adinerado magnate no será la misma después de conocer a Verónica Lewis, la hija adolescente de...
Os dejo capítulo de ayer, me vais a discupar, pero estoy echando 9 horas en el trabajo, acabo tan muerta que ni ganas de cenar tengo cuando termino... así que... menos aún de coger el pc.
Bueno, dramas a parte, os dejo el capítulo. Espero que os guste.
Ya me contaréis :D
Me follaba duro a esa puta, mientras esta gemía, como una posesa, a cuatro patas, sobre la cama del hotel, mordiéndose la mano al sentir mi última estocada, corriéndome a borbotones en el condón. La agarré del pelo, y la obligué a darse la vuelta, cogí un par de billetes de la mesilla de noche y se lo di. La chica lo agarró, metiéndolo en su sujetador, para luego comenzar a vestirse, sin decir si quiera una palabra.
Me metí en el cuarto de baño después de escuchar la puerta, luego en la ducha, dejando que el chorro me inundase de aquella sensación cálida. Cerré los ojos, viendo a esa niña en mi cama, justo donde había tomado a esa puta, disfrutando mientras el vibrador hacía de las suyas, dándole placer.
¡Joder! ¿Cómo había podido resistirme a esa niña?
Mis gemidos no tardaron en aparecer, mientras mi mano con un movimiento constante se aferraba a mi miembro, dándome el placer que esa niña no podía darme.
¡Cómo había querido metérsela en la boca! Comprobar si realmente podía hacerme una buena mamada, pero una parte de mí sabía que sólo se estaba tirando un farol para que siguiese dándole placer.
Uf, no me habría importado enseñarle a follar yo mismo, si no fuese la hija de mi socio, ya me la habría beneficiado.
No podía más que imaginarlo, a ella con mi polla en la boca, ahogándose casi, mientras yo apretaba su cabeza contra mi miembro, altamente caliente.
¡Joder! Me moría por follarme a Verónica.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Aquello era tan frustrante que ni siquiera me permití correrme aquella vez, sólo me rasqué la cabeza, agarrando el champú, olvidándome del asunto que tenía entre manos.
Cuando salí de la ducha Carlos ya estaba allí, ocupado con el móvil, mientras yo me vestía, con calma, con un traje impoluto, como de costumbre.
- El señor kimoto ha vuelto a posponer la cita – le miré con cara de pocos amigos, mientras me colocaba la camisa, abrochándome los botones de las mangas – no me mires así.
- Prepara el avión, con un poco de suerte llegaremos a casa para almorzar – le dije, colocándome la corbata, ante su asentimiento.
- Filipo ha llamado – me informó, haciendo que levantase la vista hacia él – quiere una reunión para mañana, está altamente enfadado por tu tirantez.
- Queda con él para mañana, dile que le haré una visita – asintió, y se marchó a hacer unas llamadas, mientras yo agarraba mi teléfono y miraba hacia él. Tenía demasiados mensajes de putas que querían más de mí, tantos que me abrumaba, quizás era hora de volver a cambiar de número.