Disculpen la tardanza, pero tuve unas semanas caóticas, sin inspiración, y hoy estuve corrigiendo algunos errores de El Cubot.
Sin más dilación. Les traigo capítulo.
Dormía, lo cierto es que no recuerdo en qué momento de la noche caí en los brazos de Morfeo, después de hacerle el amor por quinta vez a la chica más fogosa de la historia, en el asiento trasero de mi coche, entrelazado a ella.
- Señor – escuché, repetidas veces, la voz de Galaxy, trayéndome a la realidad, en aquella silenciosa noche, frente a mi mansión de Santa Mónica – ya hemos llegado a nuestro destino.
Me senté, con cuidado de no despertar a mi paloma, para luego buscar los calzoncillos con la mirada, pero no había rastro de ellos, que fuesen negros no era de ayuda, así que terminé agarrando los pantalones del traje, colocándomelos de cualquier manera.
Cargué en mis brazos a mi preciosa Verónica, y la llevé a mi habitación, ante la atenta mirada del servicio, que nunca antes me vio llevar a una mujer allí.
La recosté en mi cama, y me tumbé a su lado, volviendo a entrelazarme con ella, sin tan siquiera decir una palabra al servicio, mirando hacia aquella preciosa chica que dormía a mi lado. ¡Dios! Estaba completamente enamorado de ella.
Los besos suaves, por mi cuello, de esa chica, me despertaron por la mañana. Sonreí en cuanto la vi, apoyada sobre mi pecho, con una gran sonrisa.
- Buenos días – saludé, acariciando su espalda.
- Buenos días – contestó – Me trajiste hasta aquí ¿verdad? – asentí – Ni siquiera conozco tu casa... - sonreí.
- Eres la primera chica que dejo dormir en mi cama – sonrió, levantando la cabeza, haciendo un gesto con la cabeza - ¿qué? – me quejé.
- ¿Qué está pasando contigo, Hércules Santoro? – sonreí, divertido – vas a ensuciar tu fama de mujeriego si sigues haciendo cosas como esta – rompí a reír, sin poder evitarlo, ella era demasiado - ¿deberíamos hablar de cosas serias o podemos postergarlo un poco más?
- Podríamos postergarlo – contesté, haciéndola sonreír - ¿qué te apetece para desayunar? – se quedó pensativa, como si realmente lo estuviese haciendo, cuando se veía a leguas que sólo estaba bromeando.
- A ti – volví a reír, os prometo que me encantaba despertar a su lado. Besó mis labios y volvió a separarse para mirarme – te quiero, Nate.
La agarré de los brazos, sorprendiéndola, echándome sobre ella, haciéndola sonreír. Empujé mis rodillas contra sus piernas, obligándolas a abrirse y comencé a besar su cuello, con mis manos apoyadas a ambos lados de la cama, y ella dejándose hacer. Dejé un recorrido con mis labios, por su pequeño cuerpecito, con ella jadeando debajo, haciéndola temblar cuando llegué a su sexo.
Respiró con dificultad, levantando la cabeza, observando como metía mi nariz entre sus pliegues, abriendo paso a mis labios, que besaron su clítoris. Sus puños golpearon la cama, mientras sus dientes mordían su labio inferior, echando la cabeza hacia atrás, tan pronto como sintió mi lengua en ese lugar.
- Nate... - me llamó, sin poder detenerlo por más tiempo, justo cuando metí un par de dedos dentro de ella, y hurgué en su interior, con mis dientes aferrándose a su abdomen - ¡Dios! – su columna se arqueó, mientras su cuerpo convulsionaba.
Saqué mis dedos de su interior, ante su atenta mirada, y los metí en mi boca, saboreando su maravilloso sabor, con lujuria. Sonrió, mientras yo me elevaba, de rodillas en la cama, bajándome los pantalones, tumbándome a su lado, para conseguir quitármelos del todo, con la ayuda de mis pies, observando como ella se volteaba, enseñándome su precioso trasero, excitada.
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YOU are Mine | COMPLETA
RomanceNate Santoro tiene todo lo que puede desear, su propio negocio de vigilancia, grandes socios adinerados, y una mujer diferente en su cama. La vida de este adinerado magnate no será la misma después de conocer a Verónica Lewis, la hija adolescente de...
