Nate Santoro tiene todo lo que puede desear, su propio negocio de vigilancia, grandes socios adinerados, y una mujer diferente en su cama. La vida de este adinerado magnate no será la misma después de conocer a Verónica Lewis, la hija adolescente de...
¡Qué ganas ya de que sepan más de estos personajes!
:D
Prometo que no les defraudará el capítulo :P
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Esa chica iba a librarse porque tenía trabajo, si no ... iría a la pista y le demostraría la clase de capullo que era.
- Está tremendo – aseguró la rubia, mientras yo avanzaba hacia mis chicos – me da igual que sea un capullo. Preséntamelo ¿no? – ensanché la sonrisa al escuchar eso.
- ¿Estás loca? – se quejó ella - no pienso presentártelo.
- ¿Por qué no? – añadía la otra – me encantaría acostarme con él, tiene pinta de ser todo un semental en la cama.
Hablé con los chicos de seguridad de la primera planta, eran mis chicos, de mi compañía, y me estuvieron comentando que la instalación se había alterado en la tercera planta, que la habían reforzado y habían contratado a una empresa más barata sin consultármelo, violando así algunas cláusulas del mismo.
Estaba enfadado. Traté de calmarme, pasando mi mano por mi cabello un par de veces, peinándolo, pero Carlos me conocía, estaba a punto de estallar, así que le ordenó al tal Pablo que dejase de hablar.
- Carlos – pedí – ocúpate tú – asintió, y sin esperar nada más subió a la tercera planta – Jesús, vamos a divertirnos un rato – sonrió, porque sabía exactamente lo que eso significaba.
Nos acercamos a la barra a pedir una copa, pero me detuve antes de haber llegado, cuando la vi saliendo a la terraza, con una copa en la mano, completamente sola. ¿A dónde iba?
- Ahora vengo – le dije a mi empleado, para luego echar a andar tras ella. Sonrió, acariciando la barandilla de mármol, y se dio la vuelta lentamente, sorprendiéndose después con mi presencia, era obvio que estaba esperando a otra persona – así que estás en una fiesta de un amigo ¿no?
- Eso no te importa, Santoro – espetó, más que dispuesta a dejarme con la palabra en la boca, pero la agarré del brazo, de malas maneras y la atraje hacia mí – suéltame, idiota, me haces daño.
- Puedo llamar a tu padre ahora – expliqué, sacando el teléfono del bolsillo, ante su mirada de terror.
- No lo llames – pidió, poniendo la típica cara de niña buena y responsable que ponía frente a su padre. Era justo de esa manera cómo conseguía todo lo que quería de él – he visto como me miras, así que si le llamas ahora le diré a mi padre que me deseas, Hércules – rompí a reír, sin poder evitarlo. Mientras ella me observaba, desconcertada.
- Entonces puede que yo les cuente más que eso – contesté, porfiándola a más no poder, quería destruir a esa niña mimada como fuese – que llevas a chicos a tu habitación cuando ellos no están en casa, que te gusta provocarlos y que luego...