Capítulo 49 - El Gánster.

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Antes de traeros el capítulo, quería hacer una confesión. Este domingo no tendréis capítulo, probablemente haya un parón. Tengo que ponerme a escribir más capítulos, porque el capítulo 50 está por la mitad.

Os lo traeré cuando lo tenga. Disculpen las molestias.

Sin más dilación, os dejo con el capítulo del jueves, que he querido retrasarlo hasta hoy por este tema, para que no os quedaseis tanto tiempo sin capis. Espero que les guste :D

Caminaba con él, después de dejar el coche, de camino a la granja en la que vivía Susana, escuchándole hablar sobre Vendeta, estaba entusiasmado con el proyecto, y no dejaba de decir que no se le hubiese ocurrido de no ser por mí, incluso me dijo que quizás debería de contratarme como presidenta de buenas ideas, o algo así. Rompí a reír, divertida, me encantaba cuando bromeaba, indicándome que estaba de buen humor, que mi cercanía le hacía feliz.

No tenía ni idea si era buena idea, presentarme frente a la casa de mi niñera, junto al hombre que amaba, que además se enrolló con ella alguna vez.

- Sinceramente, no creo que esté muerto – me dijo, pensando en lo que le conté de camino a aquel lugar – escondido en alguna parte, quizás.

- Mi padre dijo que lo mató – me quejé.

- Tu padre será muchas cosas, Ronie, pero no es un asesino. Hace falta mucho coraje para matar a alguien.

- ¿Has matado a alguien alguna vez? – quise saber.

- No – contestó, y sabía que era sincero – yo era bueno dando palizas, pero de matar siempre se encargaban otros. Cada uno tiene su función dentro de la mafia.

- Pero tú ya no eres uno de ellos ¿no? – asintió, calmándome – Ahora eres un empresario de éxito, que saca nuevos proyectos cada semana – sonrió, le encantaba que le dijese cosas positivas como aquellas

La vimos frente a su puerta, paseando con sus dos hijos, sorprendida de vernos juntos, caminar hacia su casa, entre broma y broma.

- Claro, y entonces llegaste tú, con tu sinuoso cuerpo, y pusiste mi mundo patas arriba – bromeó, volví a reír. Me encantaba bromear con él, cuando estábamos de buen humor. Me hacía feliz, podría vivir toda la vida con sus bromas, no necesitaba nada más.

- Niña Verónica – me llamó, en cuanto me detuve frente a ella. Sonreí, porque ella tenía ese mismo cariño reflejado en sus ojos, al dirigirse a mí, no había cambiado ni un ápice - ¿qué hace aquí? ¿Cómo me encontró? – Siempre me ha gustado el acento mexicano, supongo que, porque me crie con una, y por eso adoraba también la comida. Nunca me he detenido a pensarlo, pero supongo que sí, que fue por eso.

- Pues, resulta que el señor Santoro – miré hacia él, que tenía la vista fija en mí – tiene el don de encontrar a la gente – sonrió, justo cuando yo lo hacía. Ella se dio cuenta en seguida, que había algo entre nosotros, aunque no dijo nada – mi madre me dijo que se marchó porque estaba embarazada.

- ¡Oh no! Eso no es así – se preocupó bastante, de que mi madre me hubiese dicho una mentira – Me marché porque mi esposo me pidió en matrimonio, y me ofreció la posibilidad de vivir aquí. Tuve que dejarla, mi niña Verónica, y siempre estuve algo preocupada por lo que pudiese pasarle – asentí, en señal de que lo entendía - ¿hizo usted todo el camino hasta acá sólo para preguntar eso?

- Lo cierto es que no, también quería que me hablase sobre mi padre, sobre mi verdadero padre – me miró, horrorizada de que supiese la verdad – sé que tú sabías algo, te oía cuando ese hombre venía a verme, dirigiéndote a él, como si fuese algo más que un simple amigo de mis padres – ella tragó saliva, lucía terriblemente arrepentida de todo aquello – no quiero reprocharte nada, yo siempre te he tenido mucho cariño, nanita – le dije, justo como solía llamarla entonces. Ella se emocionó, incluso dejó escapar algunas lágrimas.

YOU are Mine | COMPLETAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora