Derritiendo corazones de acero

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- ¿Confías en mí? 

La chica del cabello blanco se detuvo y dejó de caminar hacia delante cuando las manos del pelinegro dejaron de hacer presión en ambos lados de su cintura; su corazón se derritió en el momento que preguntó aquello por segunda vez. 

Clark dibujó una sonrisa tierna y se dio la vuelta para que Levi pudiera verla sonreír. La cinta de tela que cubría sus ojos la privaba de contemplar el rostro de su superior en aquel preciso instante, pero estaba segura de que fruncía el ceño, pendiente de su respuesta. 

Asintió lentamente con la cabeza, buscando la mano de su superior con la suya, entrelazando sus dedos con los de él, y escuchó el sonido de unas llaves que giraban, de una puerta que se abría, y de un corazón que golpeaba frenéticamente el pecho, como si quisiera escapar corriendo. No sabía si era el suyo propio o el del azabache que tiraba suavemente de su mano, y eso le creaba una sensación extraña en el estómago que al mismo tiempo le parecía maravillosa. 

- Necesito que me dejes hablar antes de nada, porqué sé que no te va a gustar. 

- Estás empezando a asustarme, Levi. 

Tomó su cintura de nuevo, y acompañó el movimiento de su cuerpo para que se sentara en... No estaba segura, pero parecía un sofá o un colchón. Ahora sí que estaba perdida, descolocada, desorientada. 

- Voy a quitarte la venda de los ojos. 

- Por favor.

La poca luz que iluminaba la habitación era gracias a las velas que había encendidas y a la luminaria azul de la luna, a través del cristal de la ventana. Los estantes repletos de libros, las imágenes de Isabel y Farlan, el olor a té negro, el impecable orden allí dónde mirara. Recordaba a la perfección la habitación de Levi Ackerman. 

- Es... Tu habitación. 

- Es mi habitación, sí.

- No lo entiendo.

- Quiero ser directo, Clark. Sería genial soltar la bomba en menos de un minuto y luego contemplar la explosión, pero entonces seguirías sin entender nada.

- ¿Era más fácil para ti hablar en tu habitación? - Preguntó ofreciéndole una sonrisa tierna y cálida, tratando de construir un camino que le facilitara las cosas y le permitiera hablar con más nitidez. Levi era una persona que no se andaba con demasiados rodeos a la hora de hablar, y verlo tan frágil, tan inseguro de sí mismo, tan... vulnerable, le hacía darse cuenta de lo mucho que ella significaba para él, del terror que le producía pensar que sus palabras podían herirla más que una patada en la cara. Porqué lo que la gente decía del hombre más fuerte de la humanidad era completamente falso: Sí que tenía una debilidad, y ella sabía perfectamente de qué se trataba, aunque no quisiera aceptarlo. 

- Es más fácil para mí hablar aquí, porqué es más sencillo para ti entenderlo y asimilarlo. - Levi suspiró y empezó a revolverse el pelo con inseguridad, sin atreverse a mirar los ojos de la chica que tenía sentada justo delante de él, sin saber cómo proseguir, qué palabras utilizar, por dónde empezar a soltar la bomba. - Joder, no sé por dónde empezar.

- ¿Y qué te parece si empiezas por el principio? - Clark buscó de nuevo las manos de su superior y comenzó a juguetear con sus dedos, comparandolos con los suyos, mucho más cortos y finos. 

El azabache suspiró profundamente y se sentó a su lado, sin romper la conexión física que su compañera había establecido al tomar una de sus manos, y decidió mandarlo todo a la mierda y dejarse de tonterías. Tansolo estaba complicando más una situación que, si la contemplabas desde otra perspectiva, tampoco era tan horrible. 

OMEGA (Levi x Lectora)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora