Una marca eterna

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Después de golpear la puerta de su habitación un par de veces, Levi Ackerman se adentró en su dormitorio. «He tardado un poco más porqué he estado hablando con Erwin», quiso decirle a la chica que lo esperaba ahí nada más hacer obvia su llegada. Sin embargo, en lugar de abrir la boca, optó por dibujar una leve sonrisa en la comisura de sus labios, una de esas curvaturas suaves que únicamente se delineaban en su semblante cuando Clark tocaba su lado más sensible. Y era curioso porqué, en la mayoría de ocasiones, no es que hiciera nada excepcional para dejarlo con cara de necio enamorado.

Clark estaba tumbada boca abajo, con la absoluta totalidad de su atención puesta sobre el libro que leía, con los labios entreabiertos de manera inconsciente y los ojos rebosantes de vida. Todavía no se había percatado de su presencia, y aquello le traía muy buenos recuerdos. Nunca dejaría de sentirse fascinado por aquella chica de pelo extraño y mirada intensa, que se olvidaba del mundo cuando leía y era capaz de ignorar su intimidante presencia hasta el extremo de hacerle dudar acerca de su propia existencia y su autoridad.

Fascinante, cautivadora, sugerente y seductiva. Una estimulante tentación. Un excitante pecado. Así era ella; así era ______ Clark.

Las telas de aquel vestido tan sencillo y fino que no dejaban nada a la imaginación, le estaban provocando ganas de hacer cosas prohibidas, tal vez sucias. Clark tenía el trasero más bonito del mundo, no podía negarlo. Y a todo aquello le sumaba su pasión por los libros, su carácter firme, su temeraria valentía, su tozudez, sus incansables ganas de mejorar y aprender cualquier cosa por muy innecesaria que fuera, su fortaleza física y a la vez su apariencia delicada, su capacidad innata de liderazgo y sus destrezas intelectuales que la convertían en alguien realmente inteligente. Clark era maravillosa. Y él... Él había perdido la cabeza por su subordinada.

Se cruzó de brazos y se respaldó contra la pared, sin abandonar esa sonrisa de su rostro. «A ver cuánto tardas esta vez, Clark» pensó, divertido.

LAS 360 TESIS DE LA ANATOMÍA OMEGA

Punto número 180: Lealtad

El Omega será leal a su Alfa, entregando su vida incondicionalmente, y se dejará querer, pues su función no es otra que traer al mundo tantas réplicas de sí mismo como sean posibles, por muy preferente que sea la semejanza con el Alfa.

Porqué el Alfa escoge y el Omega se deja escoger, y una vez ya ha sido tomado por su dueño, solo debe jurarle lealtad.

Punto número 181: Lazo

El Omega se muestra fiel a sus instintos liberales hasta ser tomado por el Alfa y, al recibir la orden, no hace más que obedecer. Y cuando obedece, es sometido al más dulce de los placeres, otorgado únicamente por su Alfa y, por ende, su dueño. ¿Qué puede complacer más a un Omega que obedecer a su líder?

Si el pacto de amor queda sellado, el Omega es suyo. Y si el Omega es suyo, el Alfa es del Omega, pues no queda de otra que entregarse plenamente al amo y el amo al sirviente. Es este el inicio del bien conocido «lazo», tan anhelado y temido, capaz de unir las almas de dos seres destinados a complementarse. Puede percibirse todo cuanto siente el Alfa y todo cuanto teme el Omega, con la finalidad de acudir a su salvación: Apelando al punto número 35, el Omega solo piensa en luchar, y una vez forjado el «lazo», vive para luchar en nombre de su Alfa.

Punto número 182: Sumisión

El Omega ha sido diseñado para no concebir el miedo, a excepción de las ataduras. Por tal caso, el «lazo» representa semejante terror para el guerrero, nacido pensando únicamente en sí mismo y sus posibilidades de subsistir. Y es que, por muy fuerte que sea, posee una mente débil. Porqué el Alfa es la concepción más perfecta de fortaleza mental, y el Omega queda sumiso bajo su liderazgo.

OMEGA (Levi x Lectora)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora