Roseanne se fue faltando diez minutos para que Bambam y Lisa llegaran. Jennie se cambió, se peinó pero, no tuvo tiempo para secar su cabello, y este quedó todo mojado. Terminó de ordenar su habitación, cuando tocaron el timbre, caminó a las escaleras, y pisó mal, lo que hizo que cayera con el culo por las mismas.
Lisa entró corriendo al escuchar el ruido, y la vio en el final de la escalera tirada, y riéndose a carcajadas.
Bambam cerró la puerta, y al ver a Jennie de esa manera soltó una risa, Lisa se dio media vuelta, y lo observó. Dejo de preocuparse por aquello, y también sonrió.
Lisa ayudó a su amiga a pararse, y la saludo con un beso en la mejilla. Bambam la beso en la frente de forma tierna. Tenía una camiseta gris con una chaqueta de cuero negra, y unos jeans del mismo color. Su cabello castaño estaba completamente despeinado, y sus ojos brillaban más de lo normal. Bambam le sonrió, y Jennie observó su sonrisa, simplemente perfecta.
Bambam se sacó su chaqueta, y la dejo sobre el sillón, tenía unos tatuajes sobre el brazo izquierdo, y al ver la cantidad de estos, Jennie se sorprendió.
- ¿Cuántos tatuajes tienes? – Le preguntó tomándole el brazo entre sus manos, e intentando contarlos.
El ojimiel elevó los hombros, diciendo que no sabía.
-Tengo los suficientes para cubrirme todo el brazo. – Rió.
- ¿Te dolieron? –
Bambam negó con la cabeza, y se tiró al sillón. Llevo sus brazos detrás de su cabeza, y miro a Jennie. Mostró una sonrisa, y le guiñó un ojo a la castaña. Lisa lo golpeó en el brazo. La rubia los miró a ambos, y empujó a su amiga hacia el sillón. Jennie tropezó con la mesa de la sala, y cayó al lado de esta.
Hoy, definitivamente no era su noche.
Bambam se agachó para ayudarla a pararse, y la sentó a su lado, llevando un brazo en los hombros de Jennie. Las mejillas de Jennie se pusieron rojas, bien rojas.
Lisa puso sus manos en jarra, y chasqueo la lengua.
- Vamos a aclarar algo… - Comenzó la rubia.
- Lisa… - Trató de cortarla Jennie.
La rubia subió el dedo índice al aire para que ella no hablara.
- No, te callas. – Y así fue. – Tú…- Señaló a su hermano, quien sonrió de forma seductora. – No pienses en siquiera hacerla llorar porque, como tu hermana se cosas, Bam.
Bambam asintió con la cabeza, y besó la de Jennie.
“Oh, por el amor de Dios, Bambam.”
“¡Es muy tierno!”
Jennie en su mente mostraba una emoción el triple de lo que hacía en ese mismo momento. Ahí fue cuando su conciencia tuvo que arruinar todas sus emociones y tirarlas abajo para que ella se deprimiera.
“¿Crees que hace todo esto porque le pareces bonita? ¡Jennie, despierta! Solo le das pena, cielo.”
“El día que se conocieron, no le llamaste la atención, estoy segura.”
“Deja de pensar en que todo estará bien… No lo estará.”
“No vales la pena, Jennie…”
Su conciencia era controlada por ella misma pero, pareciera que eso no fuera posible pues se mostraba de diferentes maneras.
Hace segundos estaba bien, pero luego, estaba mal.
Y nunca antes, se había dicho cosas tan feas como esta vez. Se separó de Bambam, se disculpó por un segundo, y subió corriendo al baño principal de la casa.
Quería… Necesitaba desquitarse pero, no podía hacerlo ahora.
Debía estar completamente sola para hacerlo, porque hay veces en que los gritos y sollozos no se pueden controlar, y salen naturalmente…
Se miró en el espejo, y quiso romperlo, quería sentir el dolor del vidrio en sus nudillos, necesitaba sentir los vidrios lastimándola… Era ese momento, en el que como nunca antes, moría por correr a su habitación y buscar sus pequeñas navajas.
Alguien tocó a la puerta, y Jennie tardó en recuperar su voz normal. Esta estaba ronca porque, sin darse cuenta estaba llorando por algo que ella misma se había dicho… Antes de desear que Suzy la dejara de insultar, debía amarse a si misma, al menos quererse como era.
- Jennie… - Bambam golpeó a la puerta, y Jennie abrió el grifo para lavarse la cara.
- ¿Qué? – Su voz fue un susurro, tosió, y volvió a preguntar. - ¿Qué? –
Bambam abrió la puerta un poco, y al ver que ella no oponía resistencia, la abrió completamente. Se encontró con su cara roja por haber llorado si quiera unos dos minutos, y con sus ojos del mismo color. Vio la tristeza en esos ojos color chocolate y se acercó a Jennie, tomando su rostro entre sus manos.
La castaña al sentir su tacto, sollozó. Agachó su cabeza, y empezó a llorar. Volvió a recordar lo que su mente le había recalcado, y después de pensarlo, supo que era verdad. Solo le daba pena, y por eso Bambam era así con ella. No le gustaba, capaz y ni siquiera le agradaba.
- ¿Qué sucede, Jen? – Preguntó en un murmullo, abrazándola contra su pecho.
- Es que… - Sollozó.
Bambam la apoyó contra el lavado, y la separó de él, tomando su cara entre sus manos, limpiando las lágrimas con sus pulgares.
- Tranquila, Jennie –
Ella respiraba entrecortadamente, dejó las lágrimas de lado, y miró a Bambam a los ojos. Estos parecían preocupados, pero, lo único que Jennie vio fue su reflejo.
- Siento… que actúas así conmigo porque te doy pena. – Susurró, y bajo la cabeza al finalizar la oración.
El tacto de Bambam se hizo más fuerte, y con su pulgar subió el rostro de la castaña. Le sonrió, y le dio un pequeño beso en la nariz.
- No quiero que te sientas así. Si alguna vez te dije algo, todo fue cierto… Cada vez que te abrazo, es porque quiero. – Le acarició la mejilla. – No quiero que pienses que no es así porque siendo sincero, te digo que me pareces hermosa, ¿Bien?
Jennie sonrió de lado, y Bambam también, pero su sonrisa fue mucho más extensa. El castaño besó su mejilla con un beso sonoro, y después junto sus frentes.
Volvió a limpiar otra lágrima del rostro de Jennie y nuevamente, la abrazó contra su pecho.
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𝘓𝘦𝘵 𝘔𝘦 𝘋𝘪𝘦 - 𝘊𝘩𝘢𝘦𝘯𝘯𝘪𝘦
Fiksi Penggemar- ¡Jennie! - Exclamó, y corrió a su lado tomando su muñeca por debajo de la cazadora. - ¿Por qué me salvaste? - - Jennie... ¿Querías que te atropellara el autobus? - Frunció la ceja, y agarró con fuerza su muñeca, la acarició. En ese momento sintió...
