“Soy débil. Los insultos cada vez me destruyen más, pero el sentirme invisible a tus ojos es más doloroso, aun viéndome sufrir eres igual.”
No sabía cuánto tiempo debía aguantar esto: lágrimas, marcas, la sangre corriendo por su muñeca, las sonrisas fingidas cerca de su padre, el maquillaje cubriéndole los moretones, las blusas rotas y el deseo de morir a cada segundo.
Jennie entraba por la puerta, después de terminar su cita con Bambam. No había nadie en la casa, estaba sola… como siempre.
Bambam le había sacado una sonrisa y le había hecho olvidar la tristeza que permanecía en su interior. Tenía ganas de llorar, llorar y llorar. No sabía cuál era la razón exacta a todo eso pero, pensó qué podría ser todo lo que le había pasado en el último mes.
Abrió la puerta de la habitación de su padre y camino hacia el balcón.
Volvió a sentarse sobre la baranda mientras el viento frío de Londres chocaba contra sus brazos descubiertos.
Una lágrima, dos lágrimas, tres, cuatro… y así empezaron a caer sucesivamente. No limpio sus ojos, pues quería descargar todo lo que tenía acumulado, y sintió ganas… sintió la necesidad de desquitarse con ella misma. Mordió su labio inferior para distraer las ansias pero no fue así. Corrió al baño de su habitación y entre uno de los tantos cajones sacó una de esas pequeñas navajas, y su mano empezó a temblar.
La navaja cayó al piso chocando contra el mismo. Rebotó dos veces hasta quedar intacta en el suelo. Se puso de cuclillas para poder recogerla pero un pie se encargó de taparla.
Trago audiblemente y alzó la vista para ver a la persona enfrente de ella.
Su amiga estaba parada ahí mismo con una bufanda, guantes, gorro, y con la nariz roja. Recordó que estaba enferma.
Lisa frunció sus cejas cuando se agachó y tomo lo que había escondido debajo de la suela de su zapato. Lo examinó y lo guardó en el bolsillo de su sudadera. Luego lo tiraría en algún basurero de la calle.
- ¿Qué pensabas hacer, Jen? -
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La cabeza de Jennie estaba recostada en el hombro de Lisa mientras lloraba. Su nariz ya estaba igual de roja que la de su amiga. En ese momento fue cuando Jennie agradeció tener una amiga como Lisa para que la ayudara y la escuchara siempre y cuando lo necesitase. Sorbió la nariz y se acomodó en el sillón levantando la cabeza. Tenía un saco de lana que era demasiado fino para este tipo de clima, pero era cómodo.
El silencio se apodero de toda la habitación y Jennie bajó la cabeza levantando una manga de su sudadera y acaricio sus cicatrices.
- Hace una semana dejé de cortarme pero… es una adicción. - Rió levemente para sus adentros y negó con la cabeza para que sus lágrimas se quedaran ahí y no salieran. - No puedo explicar… mi… sé que piensas que estoy loca. - Mordió su labio y las lágrimas empezaron a caer. - Sé qué piensas que necesito ir a rehabilitación o tengo que buscar a alguien que me ayude… pero nadie puede sanar el dolor que tengo internamente. -
Jennie sollozó y desvió su mirada hacia enfrente.
- Podré decir que esa persona me ha ayudado pero realmente estaré pensando que sigo siendo la misma de hace tiempo atrás. - Su voz se cortó. - No sé por qué tuve que tener esta vida… es una mierda. -
Lisa no la vio cuando hablaba, ni en ese momento. Su vista seguía rígida en la alfombra color carmesí, que yacía bajo sus pies.
- No digas eso. - Pidió Lisa cerrando los ojos.
Jennie bufó molesta. Bajó una pierna del sillón y cerro sus brazos sobre su pecho.
- Métete en vida un segundo Lisa… vas a entender por qué la odio. -
- ¡Jennie estuve en tu maldita posición! - Le dijo mirándola fijamente. - ¡Pase por la misma mierda que tú! Entiendo que es lo que piensas cada día… - Los ojos de la rubia se nublaron. - Sé que una y otra vez se repite la voz que dice que mereces morir porque no vales la pena. -
Jennie no pudo soportar la mirada intensa de Lisa sobre ella, así que salió de la sala por la puerta. Agarró las llaves, otra sudadera que estaba en la entrada y salió a caminar en medio de la noche. Necesitaba pensar y relajarse.
Cuando estaba nerviosa y sentía que se debilitaba internamente, necesitaba tranquilizarse para poder actuar sobre algo. Y esta era una de las primeras veces que hacia lo correcto, pero aún así las ganas de suicidarse aumentaron…
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Hace unos meses su vida era tan brillante como el Sol en verano, y ahora era tan opaca como el cielo en invierno.
Era otoño y las hojas caían viejas y secas, y Jennie Kim quería caerse con ellas. Las calles de Londres eran solitarias, frías y peligrosas a esa hora, pero a ella no le importaba.
El viento recorría las calles llevando hojas, basura y demás cosas tiradas; Jennie iba contra el aire, su cabello despeinado no le molestaba, y caminaba con firmeza porque el viento era fuerte.
En ese mismo momento pensó qué, sí un auto pasaba no le importaría que este la atropellara. Quería morir. No sentía la necesidad de seguir respirando… Levantó una manga de su cazadora y observó sus cicatrices, sus marcas de guerra. La única forma de sentirse satisfecha, conforme con su cuerpo y con ella misma; las acarició como si fueran de terciopelo, pero no eran suaves, las tocó como si fueran importantes.
A lo lejos, vio una luz. Una luz de un autobus. Pensó en por qué no aprovechar la oportunidad que la muerte le estaba dando. Caminó hacia la mitad de la calle, se paró en frente de esté y esperó a que la atropellaran. El autobus tocó la bocina, y cuando sentía la adrenalina correr por sus venas, alguien tiró de ella para que cayera en la acera. Al abrir los ojos y ver el mundo, no estuvo feliz. Una chica yacía a su lado. La chica la había salvado de su propio suicidio.
Conocía esa melena rubia, esa nariz respingada y ese par de ojos oscuros. Roseanne giró la cabeza y se dio cuenta de que Jennie la miraba con el ceño fruncido. Iba a hablar, pero está se paró y empezó a caminar por el mismo lugar de antes.
-¡Jennie! - Exclamó, y corrió a su lado tomando su muñeca por debajo de la sudadera.
- ¿Por qué me salvaste? -
- Jennie… ¿Querías que te atropellara el autobus? - Frunció la ceja, y agarró con fuerza su muñeca. Después la acarició. En ese momento sintió un relieve en esta. Jennie elevó la vista y la rubia subió la sudadera hasta su codo.
- ¿Desde cuándo te lastimas a ti misma? - Su cara de horror, espanto y asombro fue molesto para Jennie.
- Desde el día que empezaste a llamarme fea. - Sus ojos se nublaron.
Roseanne sintió un nudo en su garganta.
La rubia abrió la boca para hablar, pero Jennie no se lo permitió, llevando su otra mano al aire en señal de “NO”. Jennie sacó la mano de la rubia de su muñeca y comenzó a alejarse.
- ¡Puedo ayudarte! - Gritó Roseanne.
Jennie se detuvo en seco, dio media vuelta y se colocó justo en frente de ella.
- Roseanne… déjame morir. - Susurró observando los ojos de la chica que la miraban con pena, pura pena.
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𝘓𝘦𝘵 𝘔𝘦 𝘋𝘪𝘦 - 𝘊𝘩𝘢𝘦𝘯𝘯𝘪𝘦
Fanfiction- ¡Jennie! - Exclamó, y corrió a su lado tomando su muñeca por debajo de la cazadora. - ¿Por qué me salvaste? - - Jennie... ¿Querías que te atropellara el autobus? - Frunció la ceja, y agarró con fuerza su muñeca, la acarició. En ese momento sintió...
