Moving House

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Tus ojos se expandieron en mi paraíso lunar, estrellas se enamoran en el mar...

Todo el grupo se encontraba persiguiendo la última pista sobre Naraku, aunque tristemente no lo pudieron atrapar, lo único que les quedaba era regresar a la aldea de la anciana Kaede, además, Kagome quería regresar a su casa para visitar a su familia.

Llegaron pues, Kagome se despedía de sus amigos y dejando a un Inuyasha acongojado por su partida, saltó dentro del pozo, una luz iluminó el lugar y acto seguido desapareció, ya se encontraba en la otra época.

Al llegar se encontró a su familia cenando, la recibieron con gran felicidad, Kagome se sorprendía de la facilidad con la que habían aceptado aquel destino tan fuera de lo común. Al día siguiente Kagome fue a la escuela, era tiempo de regresar y ver cuánto se había atrasado nuevamente, porque estaba segura que no entendería nada.

Pasaron las clases y como sospechaba, no había logrado entender casi nada, y lo peor era que se le habían acumulado un montón de tareas, suspiró cansada, tendría que trabajar a marchas forzadas si quería algún día graduarse de la secundaria.

Sin embargo, sus amigas le dijeron que al día siguiente, que era día de descanso, irían a ayudar Hojo, ya que debido a algunos problemas en la construcción de su casa, tendrían que mudarse, era temporal, pero igualmente era una tarea pesada, más aún cuando él tendría que hacer prácticamente todo el trabajo pues sus papás trabajaban la mayor parte del día.

- Bueno... Está bien las veré ahí mañana -dijo finalmente Kagome al no poder negarse a su petición, después de todo se lo debía, la había ayudado mucho con sus estudios además de que siempre era muy atento con ella.

La mañana llegó y Kagome salió de su casa, esperaba no recibir visitas de Inuyasha, pues no quería discutir con él, seguramente le molestaría que estuviera lejos de su casa. Ante la idea Kagome no pudo más que sonreír, la verdad le gustaba que Inuyasha fuese un poco celoso.

Al llegar a casa de Hojo vio lo bonita que era, pero era cierto, tenían una de las bardas casi cayéndose. Había muchas cosas que hacer, caminó decidida a la puerta, pero antes de que pudiera tocar,  detrás de ella se escuchó la voz de Hojo llamándola.

- Higurashi -dijo genuinamente sorprendido, al parecer no esperaba verla ahí.
- Ah, hola Hojo, ¿Eri y las demás ya llegaron? -preguntó viendo en todas direcciones, aquello ya le parecía bastante sospechoso.
- No ha venido nadie... Aunque tampoco esperaba a alguien en especial, bueno, quiero decir a ti claro que siempre te -la voz de Hojo se fue quedando de fondo mientras Kagome maldecía mentalmente a sus amigas, le habían tendido una trampa.
- Ah vaya... Bueno es que me dijeron que estabas haciendo una mudanza -no sabía que más decir, además hubiera sido grosero irse así nadamás
- Es verdad, estoy empacando todo, tenemos que mudarnos para mañana, y aún me quedan muchas cosas que empacar -Hojo se rascó la cabeza, apenado.
- ¿Necesitas ayuda? -preguntó con una sonrisa, estaba dispuesta a ayudarlo, después de todo a eso había ido.
- No te preocupes Higurashi, estoy seguro de que no deberías hacer esfuerzos, además yo no quisiera que -pero Kagome ya no le estaba prestando atención.
- No pasa nada, estoy muy bien, vamos a empezar antes de que se haga más tarde

Y así Kagome comenzó a ayudar con la mudanza de su amigo Hojo, pasaron las horas y ella se sentía muy agusto con él, claro que sabía que ella le gustaba, pero también sabía que era un caballero, no intentaría nada y eso la hacía sentir segura.

Hojo al darse cuenta que ya comenzaba a ocultarse el Sol, se levantó rápidamente, ya casi habían terminado, unas dos o tres cajas más y estaba todo listo, habían avanzado muy rápido, no sabía cómo agradecer la ayuda de aquella muchacha, por lo que se acercó a ella y le dijo.

- Ya está anocheciendo, vamos te acompañaré a tu casa -Kagome entonces se levantó, se puso su suéter y saliendo de la casa de Hojo se encontró con una grata sorpresa.
- Inuyasha -ahí recargado en el árbol de la esquina, estaba Inuyasha, no esperaba verlo, mucho menos ahí.
- Finalmente, vamos a casa -Kagome sonrió y se olvidó momentáneamente de Hojo, pero después de dar un par de pasos lo recordó y volteando a verlo le dijo
- Lo siento Hojo, pero vinieron a buscarme, así que no te preocupes, gracias igualmente, suerte con la mudanza -Kagome alcanzo a escuchar un suave 'gracias a ti' por parte de Hojo, era mejor así.

Los primeros cinco minutos caminando Inuyasha no le había dicho nada, parecía tranquilo aunque no la convencía del todo aquella actitud.

- Oye... ¿cómo supiste que estaba aquí? -preguntó bajando la mirada pero esperando su respuesta
- Sota me lo dijo -dijo tranquilamente.
- ¿No estás molesto? -preguntó levantando la vista y viéndolo bajo la luz de las luces del alumbrado
- No... -se calló un segundo- ¿Por qué habría de estarlo? Es tu amigo ¿Cierto?
- Sí... -pero quizá no lo había dicho con todo el convencimiento que Inuyasha esperaba pues lo siguiente que escuchó fue un
- ¡LO SABÍA! -Inuyasha se alejó un poco de ella y mientras la señalaba con el dedo dijo- ¡Ese maldito! -entoncea empezó a caminar de regreso, hacía la casa de Hojo.
- Espera Inuyasha ¡Qué haces! -no dejaría que intentara nada, el pobre de Hojo no soportaría algo así.

Kagome tomó del brazo a Inuyasha y no lo soltó, se puso frente a él y entonces, lo abrazó. Inuyasha se quedó quieto instantáneamente, sin comprender a qué venía aquel abrazo.

- No seas tonto Inuyasha, no tienes por qué ponerte así, eres... -Kagome hundió más la cara en el pecho de Inuyasha-, eres el único chico con el que quiero estar -las palabras de Kagome se quedaron flotando en el aire

Inuyasha definitivamente, no tenía idea de qué hacer, primero el abrazo y ahora aquella declaración, que le hacía latir el corazón tan fuerte que sentía que se le saldría del pecho, entonces, la abrazó, la abrazó de tal manera que ella se diera cuenta que ella también era la única mujer con quién quería estar para siempre.

Se quedaron abrazados un buen rato, pero el frío de la noche les hizo darse cuenta que tenían que regresar a casa, sin atreverse a mirarse a la cara, comenzaron a caminar. Inuyasha entonces tomó a Kagome de la mano, ella lo tomó con fuerza también, no necesitan decir nada, el simple hecho de caminar tomados de las manos decía todo lo que necesitan saber.

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