𝟏𝟗

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Nori se encontraba frente al sitio donde su vida se volvió un desastre, la casa donde su madre murió y donde vivió los mejores y peores años de su vida.

Suspiró y se adentró en ella. Al morir su padre, la casa quedó como herencia para las dos hermanas, herencia que estas mismas negaron y cedieron a su abuela para que hiciera lo que quisiera con ella. Al parecer no la vendió ni nada parecido.

- Que mal rollo...

En cuanto dejo la mochila en su antigua habitación se dirigió a la salida, quería evitar pasar mucho tiempo en aquel lugar.
Se montó en su moto y fue hasta un almacén viejo y a punto de derrumbarse.

Está horrible...

Hizo un intento de abrir la puerta de acceso principal, y tal y como se lo esperaba, estaba cerrada. Rodeó el edificio para buscar alguna puerta trasera, pero no había.

¿Qué maldito edificio no tiene una puta puerta trasera?

La pelinegra bufó molesta, sacó su móvil y marcó a un número que tenía bloqueado, el cual desgraciadamente para ella, tuvo que desbloquear.

- Okazaki -chan ~.- habló picardía el que estaba al otro lado de la línea.- ¿Cómo estás, Darling?

- Abre.

- Moo ~ no seas tan fría...- lloriqueó, aún así se escuchó el sonido que indicaba que estaba abierto. Así que colgó sin más y avanzó hacia el despacho, o mejor dicho, intento de despacho pues solo contenía un escritorio, dos sillas y un sofá viejo.

La puerta, esta vez sí, estaba abierta, por lo que entró sin avisar o llamar.

- Kuro no joō* (黒の女王), tan maleducada como siempre...- "saludó" un chico de cabellos rubios y mechas celestes, era Haitani Rindō, el menor de los hermanos Haitani. Obviamente mantenía su típica expresión estoica llegando a ser fría, pero había crecido desde la última vez que lo vio.

- Te he echado de menos, Reina~.- fue el turno del mayor de aquel par, Haitani Ran. Posiblemente fuera el que más irritaba a la heterocromática, ambos tenían un "pasado" en común, y él la molestaba por ello cada vez que podía.- ¿Sabes cuánto nos ha costado encontrarte? Te vas sin avisar y encima cambias tu apellido, que mala~ Creía que nos darías la bienvenida cuando salimos del reformatorio...

La menor de aquella habitación lo miró sin expresar emoción alguna.

- Esa era la idea.- respondió de forma seca, ignorando lo de la bienvenida.- Y por lo que veo no solo no habéis captado la indirecta de que no quería volver a veros, sino que además os habéis atrevido a acercaros a mi hermana. Os creía más inteligentes, más tu Rindō.

- No estás en posición para reclamar, Kuro. Podemos hacerle lo que sea si nos enfadas, lo sabes, ¿verdad?- amenazó con tono burlón el de mechas, aunque su rostro no mostraba ni una pizca de burla.

- Seréis los que controlan Roppongi, pero no podéis ir por Shibuya como si fuera vuestro territorio.- afirmó ella con un mirada que decía claramente "la tocas y te mato, y sabes que puedo hacerlo"

- Hemos oído que te estás juntando con la Tokyo Manji.- habló Ran ignorando su conversación, y puso sin preocupación alguna su brazo alrededor de la cintura de la Okazaki, acercándola a él.- Y al parecer no te cuidan, mira que cicatriz más fea. Dañó tu bonito rostro.

- No me toques.- le golpeó con fuerza la mano, alejándola de su cicatriz.- Y habéis oído mal.

¿Acaso no saben de mi relación con Draken?

𝐈𝐊𝐈𝐆𝐀𝐈 •| 𝐃𝐑𝐀𝐊𝐄𝐍 ®Donde viven las historias. Descúbrelo ahora