Fue la segunda semana de mayo cuando finalmente ocurrió.
Fueron estúpidos, de verdad. Impacientes. Si estos alumnos eran lo mejor que Lord Voldemort podía reunir, a Harry no le preocupaban en absoluto sus posibilidades de éxito.
Esa tarde, Harry había decidido que ya era hora de ir a visitar a Hagrid. No había estado... evitando a su amigo, exactamente. Estaba muy ocupado. Y Hagrid tampoco había hecho ninguna insinuación de buscar a Harry.
Pero hacía meses que no se saludaban más que brevemente a la hora de comer, así que después de la cena Harry se armó de valor como Gryffindor, besó a su novio para que le diera suerte y se dirigió a la cabaña que había en la linde del bosque. Llamó a la puerta y esperó. Como siempre, Fang ladró con entusiasmo ante la perspectiva de recibir visitas, y Harry sonrió para sus adentros al oír cómo Hagrid reprendía levemente al perro, alejándolo de la puerta. La abrió de un tirón, y titubeó. -Harry-.
-Hola, Hagrid. ¿Puedo entrar?- Harry tenía las manos en los bolsillos de la túnica para que Hagrid no las viera temblar. El semigigante parpadeó al verlo.
-Sí. Sí, por supuesto. Voy a poner la tetera-.
Aquello era una buena señal, y el corazón de colibrí de Harry se ralentizó un poco. Fang se acercó a sus piernas, babeando toda su túnica, exigiendo que lo rascaran en las orejas que Harry estaba más que dispuesto a proporcionar. No podía dejar de sonreír ante el alegre perro, que dejó caer la cabeza en el regazo de Harry con una mirada dichosa en cuanto el Gryffindor se sentó.
Hagrid se ocupó de la tetera y de dos tazas, una mucho más grande que la otra. Con el hombre grande de espaldas a él, fue más fácil para Harry dar el primer paso. -Lo siento, Hagrid-.
Hagrid se giró, con ojos de escarabajo incrédulos. -¿Qué? ¿Lo sientes? Harry, no tienes nada que lamentar-.
Espera, ¿qué?.
Hagrid se pasó una mano por su enmarañada melena y lanzó un suspiro. -Cada vez que venías, me dejabas hablar de Dumbledore y de lo grandioso que era, y todo ese tiempo sabías que no era nada. Estaba tan orgulloso de haber sido el que te dejó con Dumbledore después de la muerte de tus padres. Si lo hubiera sabido...- Sacudió la cabeza, frunciendo el ceño. -Soy yo quien lo siente, Harry. Tendrías que haber confiado en mí y no te di ninguna razón para hacerlo, hablando con mi fe ciega. Seguí empujándote hacia el director, y nunca me pregunté por qué no querías eso, ni siquiera después de que dijeras que tú y él estaban en desacuerdo. ¡Trataste de advertirme y todo! Idiota de mí, no escuché-.
La tetera silbó, cortando la autoflagelación de Hagrid.
-¡No es tu culpa, Hagrid!- insistió Harry mientras el enorme hombre servía. -Había tantas cosas que no podía contarte. Y tú conoces a Dumbledore desde hace mucho tiempo, después de todo. Hizo muchas cosas buenas por ti. Yo... no quería arruinar tu visión de él, no si no era necesario-. Sabía que acabaría llegando, pero quería suavizar el golpe tanto como pudiera.
-Sí, lo hizo, pero eso no significa mucho cuando está ahí fuera intentando matarte-. protestó Hagrid. -Todo eso de que llevas el mal dentro es una absoluta patraña, cualquiera que te conozca puede verlo-. Hagrid le pasó a Harry su taza de té y se sentó frente a él, con los hombros caídos. -Debería haber ido a hablar contigo en cuanto volviste al colegio, pero... bueno, todo lo de Grawp, y luego lo de Aragog...-
-¿Todavía no está bien?- preguntó Harry, y Hagrid dio un gran resoplido.
-Murió, en realidad. Sólo la semana pasada. Lo enterraron en el bosque-, dijo temblorosamente, enjugándose los ojos llorosos.
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LILY'S BOY
FanfictionAntes de que comience su tercer año en Hogwarts, Harry se enfrenta a tres semanas enteras de tiempo sin supervisión en el callejón Diagon. En ese tiempo hace un viaje a Gringotts, y eso lo cambia todo. Cargado con el conocimiento de que Dumbledore...
