4. Aromas

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En la actualidad.

Aunque han viajado en silencio hasta la casa de Villa, de algún modo Susana no está incómoda.

Él sigue teniendo ese extraño poder de hacer que, cuando está en su compañía, la realidad se desdibuje a su alrededor como un fotograma en el que todo es borroso, y lo único que está enfocado es él.

Ella lo mira de reojo mientras estaciona.

Hay algo fieramente masculino en mirarlo conducir.

Es esa clase de conductor que no para hasta que el auto está perfectamente derecho entre las líneas, como si lo hubiera medido con una escuadra.

Él saca la llave del contacto y se baja. Da la vuelta por el frente del auto y abre la puerta de ella.

Susana se desabrocha el cinturón de seguridad y se muerde el labio para contener un puchero cuando él gira, invitándola a subir de nuevo a su espalda, como si no pudiera ni soportar la idea de que ella camine descalza sobre el suelo limpio y bien cuidado de su unidad residencial.

Ella da un salto y se sube a su espalda. Le rodea la cintura con las piernas y los hombros con los brazos.

El pelo de él huele al mismo champú de siempre.

El mismo con el que ella se lavó el pelo tantas veces luego de amanecer con él.

Se permite dejarse llevar por esos recuerdos en los que trata de no pensar mientras él cierra la puerta del auto y empieza a caminar hacia el ascensor. Se cruzan con algún vecino paseando a su perro por el camino y Villa saluda con educación, como si no estuviera cargando a una mujer descalza y golpeada.

Ella recarga su cabeza en la de él y suspira.

Cierra los ojos y se da el permiso a sí misma de solo disfrutar de esa paz inexplicable que le provoca sentirlo cerca.

Villa pone la mano distraídamente en el muslo de ella mientras la transporta al interior del ascensor, y luego hacia el décimo piso, en donde está su apartamento.

Susana no vuelve a abrir los ojos sino hasta que ha escuchado que él mete la llave en la cerradura y la puerta se abre.

La golpea una oleada del olor particular que tiene la casa de él.

Susana no sabe bien como describirlo, pero es una mezcla extraña como de ébano de guitarra y un poco de su aftershave de limón que se ha quedado detenido en el aire y hace que su casa tenga ese olor particular.

Ella baja los pies al suelo con delicadeza y aparta sus manos de los hombros de él mientras Villa enciende la luz de la sala.

Se vuelve para mirarla, y hay un momento de incomodidad congelada cuando ambos se descubren solos en ese espacio que significa tanto para ellos.

Una de las acústicas de él está olvidada en un sofá de la sala.

Hay un cuaderno abierto en la mesa de café, junto con una botella de cerveza a medio tomar.

Él se aclara la garganta.

- ¿Quiere algo caliente de beber? – Le ofrece

Ella se distrae examinando su sala.

Ha puesto decoraciones aquí y allá.

Simón le pintó un cuadro.

Tiene una colección espectacular de dibujos a lápiz de sus guitarras enmarcados y colgados en la pared detrás de su sofá.

La decoración es sobria y elegante y tiene su impronta masculina y minimalista.

Tiene una biblioteca enorme en la que hay un televisor gigante conectado a una consola de videojuegos de última generación. Su colección de discos prolijamente ordenada está en los estantes laterales y, en la parte de arriba, tres fotos. Una de su familia. Una con los chicos en el show del Campín. Una de todo su equipo apretujado en el sofá de un camerino.

Primeras vecesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora