34. El que creemos merecer

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En la actualidad.

Mel se queda parada junto a la camilla de la habitación de Susana, solo observándolos.

Por un lado, su mejor amiga.

La mujer que le prestó sus crayones cuando una niña más grande le rompió los suyos cuando estaban en primer grado, y nunca se separaron luego de eso.

La magulladura en su cara está empezando a amoratarse y su labio reventado se ha hinchado tanto que toda su boca parece deformada.

En algún momento tendrá que visitar un odontólogo para que le hagan una prótesis del diente que falta, pero eso parece una pequeñez ahora mismo.

Tiene un esguince en un músculo del hombro derecho que hace que deba llevar cabestrillo, lo que sirve bastante para proteger el hematoma colosal que tiene en el abdomen.

Podría haber sido peor.

Podría estar muerta.

Pero Mel no puede evitar que la rabia la consuma por ver a esa niña de los crayones tan profundamente lastimada, especialmente porque lo hizo alguien en quien ella confiaba, a quien amó a pesar de todo.

Y luego está él.

Isaza sostiene a su hermana abrazada de manera protectora, como si incluso dormido estuviera dispuesto a protegerla de cualquier cosa.

- Amor, despierta – Le dice ella mientras lo sacude por un hombro.

Ay, le dijo amor.

¿Cuándo se va a acostumbrar a lo que son ahora?

- ¿Si finjo que estoy dormido me lo vas a decir otra vez? – Dice él sin abrir los ojos

Mel se ríe.

Se inclina y le da un beso en la mejilla.

- Despiértate. No puedes estar en la cama de un paciente. Si se enteran de que te dejé dormir ahí, me van a echar

- Es muy temprano – Se queja él

- Si, ya van a empezar las rondas. Muévete – Insiste Mel, y vuelve a sacudirlo por el hombro.

Con cuidado él mueve a Susana que está apoyada en su hombro. Ella se acurruca en la almohada, pero mueve la mano como buscándolo aunque sigue dormida, así que Isaza entrelaza sus dedos con los de ella mientras se baja de la cama y se deja caer cansadamente en la silla libre junto al lecho de su hermana.

Se frota los ojos perezosamente, sabiendo que la mujer que ama y que debería estar trabajando en reconquistar lo está viendo lucir como un oso perezoso.

- No dormí nada – Se ve obligado a excusarse – No puedo parar de pensar

- ¿En formas de matarlo? – Sugiere Mel por él. Isaza suspira – Sé algunas quirúrgicas que ni siquiera dejarían rastro

- No me las digas – La detiene él – Quiero matarlo de verdad, Mel. Me asusta la sed de sangre tan desesperada que tengo. Siento que, si él sigue respirando, la balanza está desequilibrada

- No pienses en eso – Sugiere Mel – Ya nos ocuparemos de que reciba lo suyo, pero ahora lo más importante es Susi

- ¿Hay alguna noticia, Doctora Paredes? – Pregunta él con una sonrisa.

Una sonrisa coqueta, se da cuenta Mel.

Aunque está todo dormido y la preocupación en su mirada es evidente, encuentra el tiempo para coquetearle.

Primeras vecesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora