22. No jodes a quién amas

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En la actualidad.

Susana cierra los ojos, preparándose para un discurso mientras Mel la revisa.

Las lágrimas le caen por las sienes principalmente porque está muy avergonzada por tener que hacer esto, pero prefiere hacerlo con su amiga y no en un hospital frente a un desconocido.

Mel se levanta y se quita el guante quirúrgico. Le da un besito cariñoso en la rodilla desnuda a Susana.

- Vístete, cielo – Le dice Mel

Susana se levanta rápidamente de la cama de Mel en donde estaba acostada y vuelve a ponerse sus bragas y sus jeans rápidamente.

Mel va a desechar el guante y se lava las manos antes de regresar.

- ¿Qué tengo, Mel? – Le pregunta mientras se seca los ojos

- No llores, Susi – Le dice su amiga sentándose a su lado

- Me da mucha vergüenza hacer esto – Se disculpa Susana

- Soy doctora, Su. Veo vaginas con más frecuencia de la que crees – Bromea Mel para aliviar un poco la tensión

- Si, pero no conocías la mía – Reniega Susana

- Es bastante parecida a las demás, y yo también tengo una – Sonríe Mel

A pesar de todo, Susana Sonríe.

Su amiga toma su mano y le da un apretón cariñoso, aunque Susana puede leer la preocupación claramente en sus ojos.

Pero en este momento Mel está en modo doctora.

De hecho, acaba de llegar de su turno y sigue con su pijama quirúrgica puesta.

- Tienes un hematoma vaginal, nena

- ¿Es grave? Suena grave – Murmura Susana

- No lo es. El tratamiento es simple, pero si es algo incómodo, sobre todo porque estás un poco inflamada

- Oh

- Susi, por protocolo nunca preguntamos nada sobre esto, pero...Una herida como esta es resultado de una actividad sexual particularmente fuerte. No te voy a juzgar si de repente te va el sexo super duro, pero....¿Esto fue producto de algo voluntario que simplemente se salió de control?

Susana siente sus ojos llenarse de lágrimas, pero mira hacia arriba para contenerlas, porque teme que, si empieza a llorar, no va a detenerse.

En su rol de doctora, Mel es sumamente profesional. Es médica de trauma en uno de los hospitales más grandes de la ciudad, y acaba de convertirse en jefa de residentes. Sabe que, si le contara algo, incluso si no están dentro del hospital, Mel lo trataría como algo confidencial.

Pero aún no sabe cómo hablar de esto.

- Tengo que hacerte una pregunta médica – Dice Susana en lugar de responder

- Vale – Asiente Mel con paciencia

- Yo... – Se aclara la garganta. Suspira – Ay, no sé cómo preguntar esto

- Susi, soy doctora. ¿Quieres que me ponga en personaje? – Ofrece Mel

Si cierra los ojos, Susana puede verla sentada a su lado en su escritorio del colegio, llenando test sobre su media naranja en una revista para adolescentes.

Y ahora es la Doctora Melissa Paredes.

Susana no podría estar más orgullosa de ella, sobre todo porque creció para convertirse en una persona ejemplar, y en una amiga con la que siempre ha podido contar a pesar de todo.

Primeras vecesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora