38. Date la vuelta

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En la actualidad.

Es la primera vez que Susana está en la calle desde ese día.

Muchas cosas que se habían perdido en la niebla del trauma empiezan a reaparecer, y con ellas, su rabia contra Lucas.

Mientras el auto de Simón avanza por la avenida, recuerda como se lanzó a la calle para huir de él, y que un auto estuvo a punto de atropellarla. Recuerda que un desconocido la auxilió, y ni siquiera sabe quién es para agradecerle. No se acuerda de su cara.

Una persona cualquiera tuvo el buen corazón de sostenerla porque estaba a punto de desmayarse porque el hombre al que eligió y en quién confió acababa de patearla en el suelo.

Y ella se lo permitió.

La ira se cuece a fuego lento con el dolor, la decepción y el vacío.

Porque lo que más le duele es que ella sabe que le dio el permiso de hacerle eso con cada vez que lo defendió, y lo eligió por encima de sus amigos, su familia y ella misma.

- Susi – La llama Simón

- ¿Mmm?

- Respire – Le pide él, mirándola de reojo – Está haciendo algo muy valiente, pero tiene permitido estar asustada por verlo. Solo respire hondo. Mi gas pimienta y yo estamos con usted

Ella suelta una risita.

- Hay una cosa para usted en la guantera. Villa me pidió que los comprara y se los diera si me parecía que los necesitaba – Anuncia Simón con una sonrisita juguetona.

A lo mejor es porque todo su pecho cosquillea ante el sonido del nombre de Villa y de algún modo Simón lo sabe.

Ella finge sofisticación al abrir la guantera del auto de Simón lentamente en lugar de abalanzarse y arrancar la portezuela en su desesperación.

Adentro hay las cosas habituales de una guantera: Una botella de líquido limpiavidrios, un sobre con los documentos del carro, un trapo, una caja de kleenex...

Y un paquete de gusanos de goma.

Se le escapa una risita histérica y se cubre la boca para acallarla cuando Simón la mira con ternura. Toma el paquete de gomitas y cierra la guantera con delicadeza.

Rasga el empaque y saca uno. Luego le ofrece otro a Simón.

- Gracias por comprarlos – Dice ella con timidez

- De nada – Sonríe Simón

- ¿Qué?

- Nada, me gusta verla sonreír así. La vida a veces es muy mala, pero incluso cuando todo está lleno de mierda, siempre aparecen cosas bonitas. Solo hay que aferrarse a ellas

Susana suspira.

Se mira en el espejo retrovisor. Su cara sigue amoratada y su boca hinchada. El viento que entra por la ventanilla le echa el pelo hacia atrás, y la marca de la violencia en su rostro queda completamente expuesta.

Pero tiene en su boca el sabor de sus recuerdos más felices, y eso le da fuerzas para enfrentarse a todo.

Mira de reojo a Simón.

Él le sonríe.

- Te escribí una canción – Dice él de la nada

- ¿Qué? – Pregunta ella, mientras se lleva la mano al pecho - ¡Cántamela!

- ¿Así sin la guitarra ni nada?

- ¡Si! Aunque sea un pedacito

- La escribí esa noche en el hospital. Todavía no está terminada – Advierte él

Primeras vecesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora