Juan Pablo Villamil.
No.
Dile que no, Villa.
No.
Dile que es tu amiga. Que Isaza me mataría.
Dile que no.
Solo son dos letras.
N-O.
Sus ojos están fijos en los míos, y son del color del ron reposado. Esas pestañas largas enmarcan esos ojos retadores, y un recuerdo traicionero de verlas descansando sobre sus pómulos cuando cerraba los ojos, a punto de besarme, me parpadea en la memoria.
Maldita sea.
Su labio superior describe ese arco en forma de M por el que siempre he querido pasar la lengua.
El viento le agita el pelo, y siento que esa cascada de rizos castaños nos encierra en una burbuja en la que solo estamos los dos.
El olor de su pelo lo envuelve todo, y por un segundo floto en una nube de ella.
Trago saliva.
Me sostiene la mirada con seguridad, y no puedo evitar encontrar muy, muy seductor que sea capaz de lanzar una propuesta tan escandalosa sin amilanarse, aunque estoy seguro de que una parte de ella está esperando un rechazo de mi parte.
Porque es lo lógico.
Porque tengo que rechazarla.
Entonces...¿Por qué ella luce tan segura y yo tan nervioso?
- Oigan, ¿qué pasó con la comida? Tengo que alimentar a Mel – Dice Isaza detrás de nosotros.
El hechizo se rompe.
Ella da un paso atrás y mi mano cae de su cintura.
Ella gira para darle su atención a Isaza y empieza a dirigirse hacia la parrilla, donde Laura está mitad atendiendo nuestro asado, y mitad mirándonos con cara pícara.
Antes de que se aleje, la tomo por la muñeca.
- Esta conversación no se ha terminado
- ¿No me estás diciendo que no? – Pregunta con sorpresa
- No
- ¿Entonces me estás diciendo que sí? – Me dice con una sonrisa coqueta
- Tampoco. Solo...Esta conversación no se ha terminado – Repito.
Sus ojos vuelven a subir a los míos, y queman todo a su paso.
Si sigue mirándome así, voy a hacer una estupidez.
Le paso por el lado y me dirijo al asador.
Laura abre la boca para decirme algo, pero le quito la pinza de las manos y empiezo a sacar nuestras verduras al carbón del fuego.
- Ni una palabra, Laura Patricia – La interrumpo
- Pero...
- Ni una palabra – Repito
Me da la sonrisita del gato que se comió al canario mientras va por una bandeja para que ponga las verduras en ella.
Luego corta todo prolijamente y arma unas bruschettas muy de alta cocina, que procede a servir con una ensalada fresca para todo el mundo.
Comemos mientras charlamos acerca de tonterías.
La mirada de Susi y la mía se encuentran todo el tiempo, y la electricidad que corre entre los dos es tan fuerte que creo que vamos a incendiar las palmeras.
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Primeras veces
Fanfiction¿Cuántas primeras veces le puedes dar a una persona antes de que su marca se haga imborrable? Ella está dispuesta a tensar la cuerda solo para compartir esas primeras veces con él. Él habría hecho cualquier cosa que ella le pidiera. Hasta que no lo...
