21. Primera vez: Parte II

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Susana Isaza.

Nuestros cuerpos se buscan, porque nuestras pieles ya se atraen como imanes.

Me besa con el sabor del vino en su lengua mientras me atrae hacia él. Nuestras cabezas están sobre una misma almohada mientras yacemos de lado. Nuestras piernas se enredan juntas. Sus manos se hunden mi pelo y las mías en su cintura.

Me besa despacito, como si quisiera que el momento quede grabado en la arena para toda la eternidad.

El resplandor del sol nos besa la piel y la brisa del mar nos acaricia, como si quisiera formar parte de toda la magia.

En este preciso momento, estamos hechos de agua y sol, y como tal podemos fluir juntos. Las barreras entre nuestras pieles parecen innecesarias y absurdas, y mientras nuestro beso se va haciendo más profundo, sé que todo lo que queremos es fundirnos uno en el otro.

Suspiro cuando él gira para ponerse sobre mi cuerpo.

Deja un besito suave sobre mi hombro antes de que su lengua baje hacia mis pechos. Lame el valle entre ellos de manera casual, persiguiendo una gota que se escurrió de su pelo a mi piel. Me arqueo hacia él, ansiosa por más de esa sensación tibia y húmeda de su boca sobre mi piel.

Se ha hecho experto en leerme, porque sus labios se cierran con dulzura sobre mi pezón atendiendo a ese pedido no hecho en voz alta. Me escucho a mí misma gemir mientras mis ojos se cierran, y me pierdo en la ola de placer crudo cuando su lengua se enrosca jugando con ese pequeño botón endurecido y sensible por sus atenciones. Le brinda la misma cortesía a mi otro pecho y mi cuerpo se convierte en esclavo de su boca.

Mi garganta suelta unos sonidos que ni sé describir. Él sube esos ojos verdes encapotados por el deseo hacia los míos y sonríe. La brisa le agita el pelo. Le pongo las manos en las mejillas, y me bebo la hermosura de sus facciones justo en este instante.

Lo atraigo de nuevo hacia mi boca para besarlo. Su cuerpo se alinea con el mío, y cada plano duro y fuerte con el que está construido contrasta con mis curvas suaves y fluidas. Mis piernas suben para acunar sus caderas entre ellas, y lo siento rozar contra mi feminidad húmeda y ansiosa. Deslizo mis manos por su espalda hacia sus nalgas, y luego lo tomo entre mis manos.

Su cabeza cae hacia la curva de mi cuello mientras suelta un suspiro ronco. Lo siento duro y caliente contra la palma de mi mano, pero hoy por primera vez puedo verlo, y es tan hermoso como el resto de él. Lo acaricio exactamente como me lo enseñó, porque soy una alumna aplicada, y lo siento respirar agitadamente contra mi cuello.

Sus dientes se cierran en el tendón que corre de mi hombro a mi cuello y jadeo, porque acaba de encontrar un punto erógeno y sensible que no tenía idea de que existía.

- Deténgase, señorita – Me dice mientras su mano se cierra alrededor de mi muñeca

Lo libero mientras me muerdo el labio inferior, porque su voz cuando está excitado es densa y caliente de una manera que hace cosquillear todo mi cuerpo.

Toma mis dos muñecas entre su mano y me obliga a subir los brazos por encima de mi cabeza. El movimiento impulsa mis pechos hacia arriba, y él me evalúa como si estuviera listo para devorarme. Me encanta estar a su merced.

No estoy nerviosa. No tengo miedo. No hay nada incómodo acerca de estar así con él, y cuando esto se acabe, cuando sea que pase, siempre le voy a estar agradecida por darme este momento justo así.

Pero no quiero pensar en eso ahora.

Sobre todo, no cuando sus nudillos dejan una caricia distraída, casi perezosa, sobre uno de mis pezones mientras él me analiza con la mirada.

Primeras vecesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora