Capítulo 39

118 14 0
                                        

No podía ser, ¿qué hacía él aquí? Me levanté tan pronto como me di cuenta de que estaba ahí, dispuesta a entrar y llamar a Dante, mas el sujeto me frenó, tapando mi boca con su áspera mano.

—¿De verdad quieres que se entere de que has salido a esta hora? —Dejé de resistirme y él me soltó, dejándome respirar bien.

—Eres Vergil, ¿verdad? —El hombre asintió y bajó su capucha, permitiéndome ver su rostro. Era igual a Dante, solo que llevaba el pelo bien peinado hacia atrás y su expresión era mucho más seria y arisca a la del cazador. Daba miedo mirarle a los ojos de lo fríos e indiferentes que estos eran. —¿Qué es lo que quieres de mi? —Toda esta persecución por su parte me estaba cansando.

—Más bien qué puedo darte yo. ¿Quieres salvar a Dante y a Nero no es así? —Tragué saliva al escucharle decir eso.

—No hay nada que yo pueda hacer por ellos, no soy más que una simple humana —el albino levantó una ceja.

—¿Segura? No es eso lo que yo tengo entendido —le miré con el ceño fruncido, ¿otra vez con aquello?

—¿Qué se supone que sabes de mí que yo no?

—En el inframundo hay siete emperatrices hermanas, y una de ellas ha sido la que ha infectado a Dante y Nero. Por tu culpa —eso era un absoluto y sucio golpe bajo.

—Si has venido a insultarme piérdete —le escupí. —Le diré a Dante que vaya a por esas emperatrices y se acabó.

—No es tan fácil, solo una de ellas es capaz de revertir lo que las demás han hecho. Y esa eres tu —me señaló con su índice y yo negué con la cabeza. —Si vienes conmigo puedo hacerte recordar todo, además de darte de vuelta el poder para salvar a mi hermano y a ese chiquillo.

—Ese chiquillo es tu hijo —decidí ignorar su oferta, no iba a ir con él bajo ningún concepto.

—Eso es lo que piensa mi hermano, pero yo tengo mis dudas propias —replicó. —El caso, ¿no estás dispuesta a ayudarles? ¿Vas a seguir mirando solo por ti misma y a seguir exponiéndoles cuando puedes empezar a protegerte sola? Sé que Dante te ha estado enjaulando como si fueras un pequeño pájaro exótico muy preciado, pero también sé qué es lo que realmente deseas: poder —pasé saliva, esto no podía estar pasando. Negué con la cabeza.

—¡Mientes! No sé para qué me quieres, pero no pienso ir contigo, antes muerta —exclamé. —No haré de reclamo para que puedas tenderle una trampa a Dante. Jamás le traicionaría.

—¿No le traicionarías pero sí le dejarías morir? Patético. Siempre tan egoísta, Catlin —algo dentro de mí rugió y se agitó al escuchar ese nombre, al mismo tiempo en que mi cabeza comenzaba a doler y palpitar. —Vaya, vaya… parece que he dado en el clavo, ¿no es así Catlin? —Repitió mientras se acercaba a mí, con cierto deje de diversión en su voz.

Mis manos fueron a mi cabeza rápidamente, cada vez dolía más y más, era insoportable. Caí de rodillas al suelo, encogida por el dolor. Catlin, Catlin, Catlin. Aquel nombre sonaba y sonaba sin parar dentro de mi cabeza, reventándola.

Vergil se acercó hasta mi y se puso a mi altura, poniendo una mano en mi espalda. Quise apartarle, pero el dolor de cabeza no me dejaba.

—Haz que pare por favor —supliqué, muerta del dolor.

Una pequeña risa escapó de sus labios, burlándose de mí.

—Yo no puedo influir en tu cuerpo así —sentenció a mi lado. —Pero si vienes conmigo, quizá pueda hacer algo.

—Antes muerta —gruñí, poniéndome en pie de la mejor manera que pude. —Además, ¿cómo puedo saber que sí eres Vergil? Dante dice que estás muerto.

—Eso es lo que él cree. Dime, ¿te ha contado lo de los collares que nos regaló nuestra madre? Cada uno lleva una piedra roja —abrí los ojos como platos, Dante me había dicho algo acerca de eso, no había visto nunca el suyo, pero él me dijo que era un regalo de su madre.

—Él tiene el mío también —sentenció con rabia, dejándome con dudas, ¿por qué Dante tenía también el collar de Vergil? Decidí no hablar, solo quería que el albino se marchara.

—¿Y yo qué quieres que haga? No pienso ayudarte a nada, deberías irte a paseo de una vez —escupí, ya estaba harta de él.

—Huelo sangre Sparda en ti… ¿En serio mi hermano va a tener un hijo? —aquello que dijo me dejó completamente sin aliento, ¿cómo podía saberlo? Al ver que me había dejado sin palabras y con la guardia baja sonrió maliciosamente. —¿No lo sabe? Bueno más bien… no se lo has dicho todavía —disfrutaba de mi sufrimiento, ese hombre se podía parecer físicamente a Dante, pero en personalidad era totalmente contrario a él. —Pobre Dante… enfermo y confuso, de verdad que no recordaba que fueras tan egoísta, Catlin —aquel nombre me taladraba la cabeza sin parar.

¿De verdad era así como me llamaba? Ni siquiera podía estar ya segura de mi propio nombre y eso era una sensación horrible. Estaba aterrada, deseaba que Dante llegara y me sacara de ahí, pero por otro lado prefería que siguiera durmiendo, así no me regañaría por haber salido a esa hora.

—¡Yo no me llamo así! —Estallé. —Soy Katherine, ¡no Catlin! —Estaba gritándole y él simplemente permanecía impasible, observándome con aquella expresión fría y neutra, indiferente.

—Me estás colmando la paciencia, he intentado que vengas conmigo por las buenas, pero ya veo que es inútil intentar negociar contigo —antes incluso de que pudiera darme cuenta él ya me estaba agarrando la muñeca con una fuerza descomunal.

—¡Suéltame! —Intenté liberarme, pero fue totalmente en vano, él era muchísimo más fuerte que yo.

—Que molesta eres, no me extraña que estés con mi hermano —resopló. —En fin, tú me has obligado —dijo cansado.

Lo que sucedió después fue rápido y abrupto, solo pude ver su mano alzarse hacia mí, y luego sentí un leve dolor en el cuello que me nubló la vista y me debilitó el cuerpo, dejándome inconsciente.

El Paraíso de Dante {Devil May Cry}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora