85: La mejor cura, Harry

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Comparado al silencio que sintió cuando su familia le abandonó por completo, sentir la chispa del fuego avivado por la pasión de su leoncito en su interior y el ruido de sus cuerpos al chocar en una sinfonía de sonidos sucios y el amor con la que arremetían el uno contra el otro, era mucho mejor que vivir llorando por aquellos que decidieron olvidarle por completo.

Su lazo familiar totalmente roto, le decía que jamás volvería a confiar en nadie más que no fuera Louis y tal vez sus amigos, si es que le perdonaban por ocultar la relación que tenía con su alfita a espaldas de todo el mundo. Pero eso era algo que sólo a ellos como pareja les debía concernir y a nadie más, por lo que se permitía tener calma mientras aún estaba entre los cálidos brazos de su leoncito.

—¿No puedes dormir? —preguntó  una voz ronca cerca de su oído, causándole escalofríos y un suave retumbar en su loco corazón.

—Con semejante manjar entre mis brazos, le es imposible a mi alma y cuerpo entero mantener la calma y no querer amarte de nuevo —dijo sorprendiendose por lo estúpidamente cursi que podía sonar estando tan enamorado como lo estaba del pequeño hombrecito entre sus brazos.

—No soy un Omega, ¿Sabes? —le dijo Louis con una suave sonrisa en su aniñado y somnoliento rostro.

—Lo sé, eres fuerte pero amable. Dulce pero atrevido. Caliente pero no quemas, eres la persona que me tiene enamorado y creo que es la primera vez que me siento de esta forma con alguien sin importar la casta o género —dijo, escuchando en sus oídos el repicar de las campanas de su corazón latiente —.  Te amo demasiado, mi dulce alfita.

Y  aún si había dicho esas palabras, no alcanzaban a describir todos aquellos sentimientos que se arremolinaban en el centro de su pecho, queriendo salir perforando sus huesos y carne hasta poder llegar a su amado y entonces tal vez Louis lo entendería. Entendería lo idiotamente enamorado que estaba de su suave, dulce y fuerte presencia, que todo de él provocaba el latido de su cuerpo entero, que muy posesivo, ansiaba obtener la misma cantidad de loco amor que él ofrecía.

Una risita suave y muy linda le saco de sus posesivos pensamientos que él mismo tenía y que su lobo se encargaba de afianzar en su conciencia, con el fin de que no pudiera salir nunca de su mente ni de su corazón.

—Eres muy posesivo —le dijo Louis con burla tocando delicadamente con sus pequeños dedos, la blanca piel de su rostro.

—Y a ti te huelen las manos a culo —respondió indignado, viendo con una sonrisa ladina y burlona el creciente sonrojo de su alfita.

—¿Y de qué culo crees que proviene ese mal olor? —le preguntó su amado leoncito con un adorable tinte rojo en sus lindas mejillas rellenitas, entonces se acercó mucho más a él y se permitió morder el suave moflete frente a él.

—Creo que de los dos —le respondió coqueto, abrazandole por completo y colocándose encima de él en u nada grandes ansias de poder tatuarse en el cuerpo contrario —. ¿Lo recuerdas?

Él lo recordaba muy bien en la noche anterior cuando ambos se reclamaron y tomaron de ellos lo que les pertenecía, ambos habían jugado a ser el caballero y la filosa espada envainada a la cintura de este, habían sido caprichosos y cambiaron de posiciones un sin fin de veces en lo que llevaban de estar encerrados en la habitación, disfrutando así, del rico celo del lobo.

—Como no recordarlo —ronroneo Louis, frotando su rechonchita mejilla contra su pecho y la excelsa alegría que le embargo no se comparó a nada de lo que haya vivido antes y, esa era de nuevo una primera vez que le dejaba el alma contenta y a su lobo exigente muy feliz. Comprendió que esa era de las primeras veces que su animal interno coincidía con él, Louis era su zona segura —. Nos la pasamos demasiado bien.

—Deseo volver a hacerte el amor, mi alfa —habló con el deseo marcandose en su tono de voz —, y abrir la marca que llevas en tu cuello y dejar que abras la que llevo yo en el mío.

—Deseo lo mismo, pero hay que comer, ya son las —entonces vio a Louis voltear su cuello y ver en dirección a su mesita de noche al lado de la cama sólo para ver la hora en el pequeño reloj despertador que reposaba sobre ella —... ¡4 de la tarde! ¡Dios mío, amor!

—¿Qué pasa? —pregunto sin comprender del todo porque Louis actuaba como un loco y se retorcia cual babosa llena de sal en búsqueda de una salida de entre sus brazos.

—Llevamos 19 horas sin ingerir alimentos no líquidos.

—No se tu, pero yo he comido mucho Louis hasta saciarme y no tengo hambre —dijo en tono de broma, ganándose un golpecito de parte de su leoncito.

—Eso no es comida.

—Es la mejor comida que pueda existir —se mordió el labio antes de explotar en sonoras carcajadas al presenciar el claro bochorno en su amado.

—Ya no te quiero —escucho decir a Louis con un pronunciado puchero que se inclinó a besar —. Con eso no voy a perdonarte.

—Te amo —le dijo al oído, sacando a relucir de Louis, aquella sonrisita que él tanto amaba —. Ven, vamos a comer algo y luego salimos en una cita.

La brillante sonrisa que le regaló Louis era sin duda la mejor cura para olvidar cualquier cosa mala que le hubiese pasado antes, le beso, se puso un boxer y la primera camisa que encontró, siendo seguido por su leoncito y de inmediato salieron a cocinar un desayuno- almuerzo para sus rugientes estómagos.

La brillante sonrisa que le regaló Louis era sin duda la mejor cura para olvidar cualquier cosa mala que le hubiese pasado antes, le beso, se puso un boxer y la primera camisa que encontró, siendo seguido por su leoncito y de inmediato salieron a ...

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COMPAÑEROS  (Larry Stylinson)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora