VEINTISEIS

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Y si el cálido reflejo en sus ventanas era hermoso cada mañana, solo se transformó en una vista nublada y fría.

Veía su rostro frente al espejo, admirando cada facción de su rostro que era resaltada por las cosas que llevaba consigo. Aún no se había vestido puesto que solo era la mañana y quedaba mucho por hacer antes de vestirse de manera formal y visitar a su padre. Aquella noticia tenía que ser dada, por alguna razón, tal hecho hacía que su cuerpo experimente euforia y entusiasmo. Realmente deseaba ver a su padre contento por la llegada de esta persona tan misteriosa, pero tan increíblemente llamativa.

Su boca formó una curva por el simple hecho de existir, pero aquella muestra de felicidad desdibujada por el hombre a su lado. Tratando de ignorarlo, colocó el collar sobre su cuello, la energía renovadora en su ser.

—¿Es nuevo ese collar, querida? —le preguntó detrás
su espalda mientras ella se veía en el espejo.

—Fue un regalo —aclaró su garganta con un poco de presión y hasta miedo —, de Hange.

—Ah, sí...ustedes dos son muy unidas, ¿Verdad? —cuestionó arreglando algunas cosas en su vestuario, hablando en tono un tanto relajado pero tenebroso.

—Por supuesto, tengo derecho a hacer amistades...así como Ymir e Historia —respondió tratando de sonar convencida y que nada había entre ellas dos.

Él sonrió y se acercó a su esposa, dejando un corto beso en sus hombros quienes en este momento, lucían descubiertos.

—Es precioso —dijo —. Cuídalo, realmente sería una pena que se perdiera.

Bajó la vista y una horrible sensación corrió por sus venas, generando un escalofríos cuando este, simplemente besó su mejilla.

—Que tengas un lindo día, querida —se despidió.

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—¿Como? —preguntó sorprendida, dejando su boca suavemente abierta mientras dejaba a la vista su expresión transparente de felicidad —¿Desde cuando?

—Desde hoy —Levi respondió seguido de un suspiro —, no es por siempre...solo es hasta que ellos consigan un lugar.

Trataba en esconder su rostro serio, pero en su boca se acercaba aquella sonrisa que ocultaba. Totalmente conmovido por los niños, hasta a un hombre hostil y malhumorado por él, se le hizo imposible no sentir algo de compasión por ellos.

—Por un tiempo, solo por un tiempo —volvió a repetir agitando sus manos, pero antes que pudiera darse cuenta, su cuerpo se vio envuelto en el suave calor de su hija. Sonrió calidamente.

—Gracias —susurró, casi tan bajo, siendo asechada por un extraño gusto en su boca —, de verdad. He ido al orfanato, pero realmente no creo que ellos se merezcan vivir allí, en esas condiciones...

Ambos los miraron, en este momento se encontraban arreglando algunos libros, parecía que habían aprendido la técnica. A Levi le convenía, ellos lo ayudaban y ciertamente era otro aroma el que se respiraba. Hasta a él se le hacía extraño tal hecho.

No era fácil.

—Cuando empiecen las temporadas de clase eso va a terminar —dijo luego de tomarlas de los hombros y separarla lentamente —, de alguna manera tendrás que dejarlos.

—Eso me asusta

—¿Por qué?

—Ya sabes como son los niños —suspiró —, aveces no saben el daño que le pueden hacer a alguien con sus comentarios.

—No tienes que preocuparte por eso, sé que nadie les dirá nada, mucho menos conociendo quién está detrás de todo. No sos una mujer que se queda sentada sin hacer nada, hija, es un rasgos Ackerman —esto la hizo sonreír de manera dulce mientras dejaba caer su rostro sobre la cálida palma de su mano —. Aún así.. ¿Por qué es que quieres protegerlos tanto?

KAOS| Hange ZoëHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora