TREINTA Y TRES

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Y en esos despiertos ojos que la criatura le obsequiaba, la sonrisa de su madre se agigantó para mantenerse intacta y fuerte durante largos minutos. Sus ojos oscuros, manifestaban un brillo renovado que iluminaba todo su joven rostro. Mostró un suspiro de cansancio, habían sido largos minutos en los cuales tuyo que mantener un constante esfuerzo para que ahora, descanse en su pecho. La pequeña cabía en sus brazos y aún roja luego del parto, sollozaba con intensidad y generaba un sonido a lo largo de toda la sala. Las parteras la miraban con ternura, parándose junto a ellas y dándole una calidad bienvenida. El sol entraba de forma tímida por la ventana, atravezando las cortinas, el murmullo de fondo dejó de molestar.

—Sssh... —le pronunció bajo susurros. Agarró su manito quién se aferrabs a su dedo pulgar como si su madre fuera la única en este mundo.

Como si fuera la magia propia de cuentos ficticios, la niña se calmó y permaneció en tranquilidad, apaciguado sus sollozos y descansando en el pecho de la mujer quién le proporciona el calor suficiente para mantenerse con vida.

Se preguntó, que sería de Hange en este momento y por unos simples instantes, se imaginó la posibilidad de criarla juntas muy lejos de aquí y en un lugar dónde puedan ser felices. Incluso si seguía en aquella ilusión, podía escuchar la risa de la castaña a lo lejos, podía ver su rostro. Un gesto de triza opacó su felicidad al recordarla.

—¿Cómo van a llamarse? —la partera la preguntó suavemente mientras limpiaba su frente con un pañito.

Suspiró.

— Zoe me agrada —respondió —, significa una mujer llena de fuerza..¿No crees que te sienta bien? —le habló a la pequeña —Pronto estaremos lejos de aquí, tendrás una vida mejor, lo juro.

Lo único era aquello que descansaba entre sus brazos.

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Moblit, silencioso y prudente, vagaba por las calles de las Islas del Sur con un largo y oscuro sobretodo. Su figura era imperseptible bajo la luz de la luna. La niebla se fucionaba con su cuerpo y el tenue resplandor de los faroles, apenas eran suficientes para iluminar su paso a media noche. En él no recorría el miedo, ya que no tenía nada a lo cual extrañar, nadie se lamentaría su muerte si es que desaparecía esta misma noche.

Las islas del sur estaban constantemente vigiladas dada a la cantidad de extranjeros que llegaban hasta sus tierras con la ilusión de una vida mejor, sin embrago, lo único que encontrarían allí sería una larga vida de trabajos forzosos y discriminación. Benner tuvo suerte, las personas eran muy fáciles de persuadir con una suma insignificante de monedas, sabía que Hange estaba allí, solo faltaba encontrarla.

Se decía que bajo tierra, se encontraban bares en los cuales, extranjeros se reunían a hablar y divertirse. Principalmente lejos de las vías del tren, se escuchaba muy suavemente las risas y la vida nocturna. Aunque esto no estuviera permitido, claro. La baja paga y el trato hacia que los  extranjeros sean prácticamente esclavos.

Una luz cálida de aproximó a la lejanías.

Llegó hasta una puerta de madera y con confianza entró. Era una especie de bar medianamente escondido, las personas se voltearon a verlo, sin embargo, relajaron al ver que sus rasgos no coincidían con los represores. Moblit se acercó hasta la barra, quién era atendida por un hombre mayor y de aspecto ostil.

—Buenas noches —dijo con voz solemne y transmitiendo la mayor confianza posible para así, recibir una mínima pista —. Estoy buscando a una persona... —sacó un retrato hecho por sus propias manos de Zoë que retrataban a la perfección su rostro—¿La ha visto? Se llama Hange Zoë.

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⏰ Última actualización: Apr 19, 2024 ⏰

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