No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
Pero puedo ocurrir que de pronto uno advierta
Que en realidad se trata de algo más desolado
Uno de esos amores de tántalo y azar
Que Dios no admite porque tiene celos.
(“A la izquierda del roble”, de Mario Benedetti)
Lance frotó su mejilla sobre el pecho de Will y este no pudo evitar sonreír cuando, incluso dormido, Lance se tensó un momento antes de soltar un suspiro y acurrucarse más cerca todavía.
Sin perder la sonrisa, Will pasó su pulgar sobre la frente de Lance y después quitó ese mechón rebelde que siempre resbalaba sobre ella insistente. Lance se estremeció y su nariz se arrugó adorablemente. El estómago de Will se llenó de mariposas.
Él también suspiró antes de envolver a Lance entre sus brazos. No había dormido mucho. Primero, por temor a que esto no fuera real; después porque quería disfrutar cada minuto de este momento, memorizar cada rasgo del rostro de Lance, cada línea y cada curva de ese cuerpo que se amoldaba tan bien al suyo.
No habían hecho nada. Quizá unos cuantos besos más, roces suaves de labios que siempre terminaban con uno o los dos sonriendo. Las manos curiosas de Lance habían tocado sus hombros cuando se habían recostado, su pecho, su estómago, incluso su cadera antes de detenerse y preguntarle tímidamente si le incomodaba. La respuesta de Will había sido un rotundo no, claro que no era incómodo, aunque era nuevo el hecho de que toques tan tímidos y sin segundas intenciones le provocaran escalofríos y esa sensación extraña en el estómago. Se sentía suave por dentro, su piel ardía y su corazón se aceleraba.
Lance había sonreído una última vez, antes de dormirse, y le había dicho por enésima vez: “Te quiero. Mucho. Mucho, Will”. Y Will estaba sonriendo como un idiota, lo que retrasó su respuesta –que era claramente un “También te quiero mucho, bebé”–; pero entonces un Lance ya medio dormido balbuceó “novio” y cualquier palabra se perdió en los latidos de su corazón acelerado. Novio. Lance era su novio. ¡Eran novios!
Parecía irreal tanta felicidad.
Will apretó sus brazos un poco más, quería que él cuerpo de Lance se pegara todavía más al suyo, como si pudieran fundirse en uno sólo, así como aquellos seres redondos del mito. Ahora entendía porque cuando se reencontraban no querían hacer nada sino quedarse abrazados el uno al otro, porque él no quería soltar a Lance nunca más. El día se había oscurecido, vio pasar la noche a través de la ventana hasta que los rayos del sol volvieron a asomarse y Lance seguía aquí, así que aparentemente esto era real. Y si no lo era, si era un sueño, entonces no quería despertar nunca.
Lance se removió un poco. Había pensado que quizá sería incómodo dormir juntos. Sobre todo porque según Joss él se movía mucho y debido a que Lance no estaba acostumbrado todavía a demasiado contacto físico. Pero no había sido así, sus cuerpos encajaron perfectamente y Lance tuvo un sueño tranquilo a su lado.
El ceño y los labios de Lance se fruncieron antes de que se moviera de nuevo, con más fuerza esta vez. Soltó un pequeño gruñido antes de frotar su mejilla de nuevo sobre su pecho, entonces se tensó de verdad y Will supo que había despertado.
No sabía cómo iba a reaccionar. Ayer había sido un poco un momento de debilidad y sensibilidad, quizá ahora todo sería diferente. ¿Y si Lance se arrepentía de todo, del beso, de los besos, de ser novios, de dejarlo quedarse, de...?
La mano de Lance sustituyó su mejilla cuando se alejó de él para sentarse. Su voz era un poco ronca cuando dijo “Tu corazón está acelerado”, justo antes de bostezar y frotar sus ojos. —Buenos días.
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Amor en Braille (Gay)
RomanceÉl no puede ver; mi trabajo -castigo- era leerle. La ironía es que fue precisamente él quien me hizo ver a mí. Yo había sido un ciego toda mi vida, sin ver lo realmente importante. Con el tiempo aprendí que era él quien me leía a mí, que realmente p...
