Una persona, desee lo que desee, llegue hasta donde llegue, jamás puede dejar de ser ella misma.
(“La chica del cumpleaños”, de Haruki Murakami)
«Vamos. Entra. Aquí no juzgamos a nadie y si todavía no te sientes listo, si es demasiado, puedes salir en cualquier momento. Nuestras puertas siempre están abiertas, para entrar o para salir. Puedes sólo escuchar, si es tu primer día...»
Will sentía su corazón cada vez más a acelerado, le punzaban las sienes, sus manos estaban temblando y había un sudor frío y desagradable en su espalda. Sentía que todos en la sala lo estaban mirando. ¿Y por qué era tan pequeña esta habitación? ¿Las paredes se estaban acercando o era sólo su imaginación?
No. No. No.
Tenía que salir de aquí. De cualquier manera él no era un alcohólico. Hoy había dejado las dos botellas en la tienda; eso era una prueba, ¿no?
—¡Hola! —el joven que lo había obligado a entrar saludó—. ¿Cómo están todos? Disculpen el retraso...
Will de repente tuvo miedo de que el hombre dijera que había llegado tarde por su culpa, pero afortunadamente no lo hizo. Ni siquiera lo mencionó. Siguió avanzando solo mientras las quince o veinte personas ahí reunidas contestaban a su saludo. Algunos muy animados y sonrientes, otros se veían como quizá él mismo lo hacía.
—¿Alguien quiere hablar hoy?
Will se llevó la mano a la garganta. No podía respirar. Las desesperación le hizo rasguñarse un poco la piel. Dio media vuelta y, entre ruidos ahogados, logró salir de la habitación.
Iba cruzando la puerta cuando escuchó una voz femenina: —Hola. Soy Marah y llevó quince días sin una gota de alcohol...
Will se tambaleó un poco en el pasillo y sintió como una carcajada se atascaba en su garganta. ¿Quién celebra quince días sobrio?
—¡Qué estupidez! —siguió caminando, aunque en este punto ya ni siquiera recordaba qué estaba buscando para empezar.
* * * * *
—¡Hola! —Sarah llegó saludando alegremente y separó a Gabriel y a Axel que estaban a punto de darse un beso.
Axel la miró mal. Gabriel le dio un manotazo. —¿Qué haces aquí? Me caías mejor cuando sólo eras la alumna odiosa del salón y no nos interrumpías así.
—Porque no eran novios oficiales —ella se encogió de hombros.
Gabriel se ruborizó. —¿O sea que lo sabías?
—Creo que cualquiera que pusiera un poco de atención se daría cuenta, Gabe.
—Gabriel —corrigió automáticamente.
—¡Lo que sea!
—¿Y, entonces, por qué nunca dijiste nada? —fue Axel quien preguntó, aunque Gabriel tenía la misma duda.
Sarah los miró como si fueran tontos. —Porque Gabriel no había salido del closet y no era algo en lo que yo o cualquier otro debería meterse. No es cosa de juego. Incluso tenía novia, ya sabes, Sonia...
—¿Por qué están hablando de Sonia? —Sarah saltó y sus mejillas se encendieran cuando escuchó la voz de Karen a su espalda.
Volteó a verla y, si hubiera sido cualquier otra persona, se habría echado para atrás cuando ella tocó con muchísimo cuidado una de sus mejillas raspadas. Pero sabía que Karen no era de tanto contacto físico, así que se lo permitió.
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Amor en Braille (Gay)
RomantiekÉl no puede ver; mi trabajo -castigo- era leerle. La ironía es que fue precisamente él quien me hizo ver a mí. Yo había sido un ciego toda mi vida, sin ver lo realmente importante. Con el tiempo aprendí que era él quien me leía a mí, que realmente p...
