No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. Mañana voy a morir y quisiera aliviar hoy mi alma.
(“El gato negro”, de Edgar Allan Poe)
Sarah abrió la puerta, de mala gana. Estaba enojada con Will. Entendía, o intentaba hacerlo, que no era su culpa. Que era una enfermedad y él no podía evitarlo. Que, en realidad, sí necesitaba rehabilitación y, aparentemente, su hermano había tenido razón cuando dijo que no bastaba con quererlo y que Will debía hacerlo por él mismo y no por alguien más o por “amor”.
Suspirando, miró a Axel. —Hola.
Axel sonrió. Le había pedido de favor venir a cuidar –vigilar– a Will mientras ella iba clase, ya que él nunca faltaba y ella ya tenía una semana que no podía justificar porque no contaba con un motivo válido para haber faltado –aparentemente no podía ir y decir “Estuve cuidando al novio drogado de mi hermano adoptivo, que es exnovio del examante de mi hermano biológico”– y su madre se había negado a llamar para decir que fue por una situación familiar. Había dicho que no iba a mentir por ella, porque mentir estaba mal.
—Hola —Axel respondió y entró a la casa—, ¿cómo está?
Sarah hizo una mueca. —Se podría decir que bien. En realidad, no ha tomado tanto; pero se ha desanimado bastante, no sé por qué. Había estado yendo todos los días con Lance y, aunque él nunca respondía, no se rendía. Algo sucedió y me molesta no saber qué fue, se niega a decírmelo. Y temo que si lo dejo solo, esto empeore.
Axel simplemente asintió. Entendía y aunque no era feliz faltando a clase, sólo sería un día y sabía que era por una emergencia. —¿Y tu hermano no puede quedarse con William? Gabe dijo que estaba, eh...desempleado.
Sarah gruñó. Otro más en la lista de misterios. Su hermano últimamente no estaba en casa y tampoco decía a dónde iba. Le molestaba pensar que Aidan estaba metido en la cama de algún fulano como si todo estuviera perfectamente bien, mientras ella sola intentaba resolver esta maldita situación.
—Él está...ocupado —ni siquiera sabía por qué mentía por él—. Entiendo si no puedes o no quieres hacerlo, esto no tiene que ver contigo y...
Axel se encogió de hombros. —Está bien. No son mis amigos directamente, pero a Gabe le importa Lance y parece que él ama a William. Así que son algo así como amigos para mí. No me molesta ayudar, de verdad.
Sarah forzó una sonrisa. Estaba por agradecerle, cuando su madre se asomó y su ceño fruncido se esfumó cuando miró a Axel. Entonces sonrió ampliamente. —¡Hola! Sarah no me dijo que vendría un... ¿amigo?
Sarah puso los ojos en blanco. —Teniendo en cuenta que soy lesbiana y Axel es gay, sí, mamá, somos sólo amigos.
Su madre no perdió la sonrisa. —Oh, muy bien. Aidan, mi hijo, también es gay. Lo seguimos amando. Bienvenido a casa, Axel.
¡Dios! ¿Era en serio? Su mamá aceptaba a todos, menos a ella. ¿Qué le pasaba?
Axel agradeció, un tanto confundido, y siguió caminando detrás de Sarah. Ella se disculpó, pero él le restó importancia. —No importa. Siempre es bueno ver padres apoyando y amando a sus hijos arco iris. Deberías ver a mi mamá...
Sarah se desconectó de la charla trivial, porque no, su madre no apoyaba a sus hijos –en plural–. Se detuvo frente a la puerta de la habitación de invitados, donde ahora se quedaba Will. —¿Seguro que está bien? —cuando Axel asintió, ella suspiró cansada y abrió la puerta—. Bien. Llámame, si sucede o necesitas algo.
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Amor en Braille (Gay)
RomanceÉl no puede ver; mi trabajo -castigo- era leerle. La ironía es que fue precisamente él quien me hizo ver a mí. Yo había sido un ciego toda mi vida, sin ver lo realmente importante. Con el tiempo aprendí que era él quien me leía a mí, que realmente p...
