XXIX. TOCARTE

6.5K 966 631
                                        

¡Qué hermosas son las estrellas y qué poderosa es la fuerza del amor!
(“El príncipe feliz”, de Oscar Wilde)



Lance no sabía exactamente qué hora era, lo único seguro es que era demasiado temprano para que fueran las diez y ni Sarah ni Will habían venido antes. No es que los esperara ansioso.

Suspiró mientras arrastraba nuevamente la mecedora hacia la ventana. Ya la había llevado dos veces a un lado de la cama sólo para arrepentirse después. No quería que Will se hiciera ideas extrañas, como que quería estar cerca de él o algo así...

Y él no quería eso.

No.

No quería estar cerca de Will.

No le gustaba tocarlo y que lo tocara.

«No, no, no». Lance negó, recordando.





«Todo había comenzado debido a la estrella. La estrellita de la historia del hombre "ridículo".

—¿Will? ¿Estás bien? ¿Qué idea le dio la estrellita? —había preguntado tímidamente, su voz demasiado baja.

Tan bajo que aparentemente Will ni siquiera lo escuchaba. Así que tuvo que ponerse de pie e ir hacia él, por si lo necesitaba.

Su mano había chocado, por accidente, contra su pecho. Y su propio corazón había saltado al sentir los latidos acelerados del de Will. Cada célula en su cuerpo se alteró, había mariposas y escalofríos recorriéndolo de arriba abajo y una de ella, o quizá un pedazo de su corazón, se alojó en su garganta cuando la mano de Will cubrió la suya para mantenerlo ahí.

Su piel era suave y cálida. El toque ligero, pero lo suficientemente firme como para recordarle que era real. Que estaba ahí de verdad.

Había mordido su labio inferior, su rostro un poco inclinado y volteado hacia la izquierda. Si pudiera ver, ahora mismo estaría evitando su mirada porque tenía miedo. Su corazón retumbaba con tanta fuerza que seguramente no sería el mismo después de esto. Después de él.

Y luego dio otro salto cuando sintió la mano de Will, la otra, tirando de su labio. Percibió la rigidez de ella y la aspereza de la venda que aún la envolvía. Su cuerpo se estremeció y luchó por no alejarse. Sus ojos se abrieron, ni siquiera supo cuándo los había cerrado. Su ceño fruncido y su voz temblaba tanto como él. —¿Will?

Inesperadamente, sintió y escuchó a Will moverse para salir de la cama. Asustado, él retrocedió un paso para darle espacio. Se movió demasiado rápido y casi cae, de no ser por el mismo Will sosteniéndolo. La mano que cubría la suya desapareció cuando lo sostuvo por el hombro y el impulso los dejó todavía más cerca.

Lance se congeló. Su cuerpo tenso al sentir la cercanía del de Will. No recordaba la última vez que tuvo a alguien a centímetros y que lo alterara de esta manera.

Will hizo un sonido tembloroso, así como él se sentía. Y cuando no respondió a su nombre y no pudo volver a sentir sus manos, pero sí si corazón herido –porque un corazón roto sabe detectar a otro– sus manos se movieron como por voluntad propia acunando su rostro.

Se sintió como si fuera un sueño. Irreal. No estaba sucediendo. No era él. No eran sus manos sintiendo la línea de la mandíbula de Will. No eran sus dedos los que se arrastraban hacia sus mejillas, adorando la suavidad de su piel y el calor que emanaba.

No era su índice el que tembló antes de dar un par de golpecitos en la punta de la nariz de Will ni sus labios los que se movieron a una cuasi sonrisa mientras se arrastraba por toda esa línea perfecta que subía hasta su frente. Sus propios ojos se cerraron, imaginando ese camino perfecto que le gustaría recorrer más de una vez. En su mente lo dibujó varias veces, para memorizarlo. Para recordarlo cuando él ya no estuviera aquí.

Amor en Braille (Gay)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora