UNA VIDA NUEVA

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—Buenos días, preciosa—Estaba apoyado sobre su brazo mirándome.

—Hola, rubio. ¿Llevas mucho tiempo despierto?—contesté con voz ronca.

—Un rato. El suficiente para asegurarme de que esto es real—Me dio un beso— ¿Qué tal has dormido?

—Yo de maravilla. Pensé que iba a tener pesadillas por lo malo de ayer, pero la verdad es que he dormido muy bien. Me quedé con todo lo bueno. ¿Y tú?

—Muy bien también. Pero es una pena que tengamos que levantarnos ¿no crees?

—Totalmente de acuerdo. Bueno, se me ocurre que podemos hacernos los dormidos un poco más—propuse con una sonrisita.

—Mmm suena muy bien.

Empezó a besarme y a tocarme las tetas.

—Me pones a cien en un segundo, Sergio.

—Yo también estoy muy caliente, mira—Arrimó su erección a mi cadera y la noté muy dura.

—Ufff.

Deslicé la mano hasta agarrar su polla y comencé a moverla con suavidad.

—Joderrr, Lena.

Le dediqué un rato mientras observaba su cara de placer y su respiración entrecortada por la excitación. Estaba dándole placer, y eso, que era nuevo para mí, me estaba excitando aún más. Aceleré mis movimientos y con ello se le escapó un gemido. Me excitaba mucho escucharle gemir y no pude reprimir un gemido mío.

—Me estás poniendo como una moto. ¡Menuda mano!

—Me alegro que te guste. Ya sabes que soy novata en prácticamente todo.

—Pues se te da de maravilla, novata.

—Sergio, quiero que me folles.

—Uf, a tus órdenes, morena. Gírate.

Me puso de costado y él, desde atrás, agarrándome de la cadera me penetró. Me clavó su polla bruscamente y paró. Otra embestida, y paró. Otra vez, y otra más. Pegó su boca en mi nuca y notaba su aliento caliente haciéndome estremecer.

—¿Te gusta?

—Sí, sigue—dije gimiendo—no pares.

—No paro, no, de hecho, voy a acelerar. Te voy a follar muy rápido, Lena.

Empezó con sus embestidas rápidas y a mí me estaba volviendo loca.

—¡Aaahh! Voy a correrme pronto.

—Córrete, quiero sentir tus contracciones en mi polla.

Sus embestidas eran a una velocidad de vértigo y me hicieron estallar en un orgasmo brutal mientras él seguía embistiéndome. Poco después, me siguió él llenándome de placer y algo más.

—Me encanta estar dentro de ti—su susurro en mi nuca me erizó el vello del cuerpo.

—Y a mí sentirte.

Nos dimos una ducha rápida juntos y salimos a desayunar.

—Buenos días, chicos. ¿Qué tal habéis descansado?

—Muy bien, Sofi—Sonreí tímidamente—. ¿Los niños?

—Han ido a ducharse. Les hemos contado lo que hablamos ayer cuando han visto la mano de tu hermano. Se han preocupado Luca y Laura por ti, pero le hemos quitado importancia al asunto y se han relajado. Ni saben que estuvo su pa...bueno, ese ayer aquí.

Te sueño dormida, te sueño despiertoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora