Momento desayuno y sonó el timbre.
—Abro yo, mamá—dijo Laura.
—¡Sergiooo! —la oigo decir. Luca salió disparado al oír su nombre.
—¡Buenos días chicos! Acabad el desayuno que hoy os venís conmigo en el coche al instituto.
—¡Siiiiiiii! —gritaban los dos a la vez.
No me lo puedo creer. Me quedé con la boca abierta y pasmada en la cocina.
—Buenos días, Lena—Sonreía mientras se me acercaba—. Vengo a traerte tu pastel favorito para desayunar y a darte el abrazo que me pediste anoche.
Flipo con este hombre.
—No me lo puedo creer, Sergio. Eres la persona más buena y atenta del mundo—dije con lágrimas en los ojos mientras me lanzaba a sus brazos.
Él me rodeó con un brazo por la cintura y su otra mano se posó sobre mi cabeza, que yo ya tenía pegada a su pecho. Apoyó también su cabeza sobre la mía y así estuvimos sin hablar el tiempo que duraba el abrazo. A mí no me salían las palabras por los sollozos y, además, quería saborear ese momento y grabarlo para siempre.
Pero el momento se estropeó cuando apareció Óscar con su albornoz recién salido de la ducha.
—¿Quién ha toca? —interrumpió su pregunta al vernos a Sergio y a mí abrazados.
—Yo—le contestó Sergio muy serio mientras me separaba despacio—. Óscar, solo voy a decirte una cosa. Si no respetas a Lena o a los niños, me faltas también el respeto a mí—Hizo una breve pausa—. Pero yo no soy Lena. Si eres un poco listo, habrás entendido lo que te acabo de decir, así que tengamos la fiesta en paz.
Óscar se giró sin decir nada con la cabeza gacha y se marchó a la habitación.
Yo estaba flipando. Era mi héroe, mi protector, mi salvador, mi mojabragas a lo bestia.
¡Tiembla Thor, que llega el nuevo dios nórdico!
¿Esto está pasando de verdad o es uno de mis sueños? Está pasando, estoy despierta. Joderrr.
—¿Estás bien? —me preguntó.
—Mejor que nunca, Sergio. Gracias. Gracias por todo. No sé ni que decir, ni qué hacer para agradecerte esto.
—No tienes que hacer nada, Lena. Disfruta del desayuno. No creo que Óscar te moleste, pero a la mínima me llamas, doy media vuelta y vengo de nuevo.
—Eres increíble, Sergio.
—¡Chicos, nos vamos! —Les llamó, pero ya estaban entrando en la cocina con sus mochilas colgadas sonriendo encantados.
Me dieron un beso rápido y fueron saliendo. Sergio, me agarró de la cintura y me dio un beso suave en la mejilla, dejándome su aroma adherido antes de salir por la puerta.
Si ayer estuve en una nube, hoy lo tenía jodido si quería rendir en el trabajo y en el gimnasio.
Óscar no me dirigió la palabra en toda la mañana, cosa que agradecí enormemente y yo me deleité con mi pastel de arroz, tamaño grande, con los ojos cerrados.
Curiosamente el día fue mejor de lo que esperaba. En el trabajo estaba activa como siempre. Goyo me sonrió con alivio al ver que volvía a ser yo. Y en el gimnasio disfrute un poquito más que el primer día, aunque seguía doliéndome todo.
Sara me dijo que iba a ir a un centro comercial después de la sesión de fotos que tenía por la tarde y me animó a ir con ella a comprarme algo de ropa. Me quedé con ganas, pero después de haber hablado con los niños ayer, prefería estar con ellos. Ella lo entendió perfectamente así que pospusimos nuestro día de compras juntas para otro momento.

ESTÁS LEYENDO
Te sueño dormida, te sueño despierto
Romance¿Qué harías si de repente tuvieras sueños eróticos con tu mejor amigo? Elena y Sergio han crecido juntos y se quieren con locura, pero como hermanos. Ella está casada y ha empezado a tener sueños con él muy subidos de tono. Está muy confundida y no...