Azotó la puerta de su casillero con fuerza después de guardar sus libros y su mirada oscura se clavó en los ámbar de su mejor amiga.
—Seguro fue ese idiota. —gruñó con molestia— ¿Quién demonios se cree?
Su rostro estaba crispado por la furia y su cabello oscuro ondeó con el viento moviéndose al compás de sus caderas mientras emprendía su camino por los pasillos del instituto.
No descansó hasta encontrarse de frente con un joven de cabello oscuro y ojos verdes que le miró con una ceja alzada en el momento que la chica le lanzó lo primero que vio. En este caso, fue una lata vacía de soda.
—¿Qué te sucede, Sarada? —pregunta confundido— Esta vez no he hecho nada.
—¿Nada? ¿Estás seguro? —reclamó— ¿Fuiste tú el que le dijo a Kagura que no se me acercara a menos de un metro de distancia?
—No sé de lo que hablas. —responde dejando caer los hombros.
La pelinegra frunce el ceño todavía más si era posible. Lo que su hermano estaba haciendo era inaceptable. Tenía diecisiete años, por el amor de Dios, ya no era una niña.
Desde que entraron a la secundaria su hermano se había encargado de asustar a cualquier chico que tuviera intenciones de proponerle una cita. Misteriosamente no volvían a dirigirle la palabra.
—Eres un idiota, Sanosuke. —grita con las mejillas rojas por la furia.
Chouchou la siguió en silencio de nueva cuenta hasta el piso de los grados mayores y no se atrevió a contradecirla por el momento. Estaba iracunda.
Cuando Sarada vio la cabellera rubia de tono grisáceo se acercó sin titubear y lo acorraló antes de que el chico pudiera huir al verla. Los ojos magentas de Kagura se abrieron por la sorpresa, pero ese sentimiento inmediatamente se vio sustituido por el nerviosismo.
—¿Qué sucede, Sarada? —pregunta sin mirarle.
—Ayer me pediste que almorzáramos juntos y hoy no apareciste en la cafetería. —espeta con dureza— ¿Qué sucedió? ¿Mi hermano te dijo algo?
Kagura negó con la cabeza.
—Yo... me surgió un problema y...
—No me mientas. —recriminó la chica— ¿Alguien te pidió que te alejaras de mi, verdad?
Vio la duda en los ojos magentas y supo que había dado en el clavo.
—Me gustas, Sarada, pero...
Una llama dentro de la pelinegra se encendió con fuerza. Algo que la hizo sentirse más atrevida de lo que fue alguna vez en su vida. Estaba cansada de que todos intentaran protegerla, ella no quería ser protegida.
Sarada tomó al chico por el cuello de su camisa y lo atrajo hacia ella con fuerza. Sus labios se encontraron inevitablemente en un beso que dejó aturdidos a todos los espectadores.
Al separarse, ella iba a decirle a Kagura que si de verdad le gustaba entonces debía luchar por ella. Pero todo el encanto se rompió cuando un borrón rubio se abalanzó con rapidez sobre el chico frente a ella y ambos cayeron al suelo.
Tardó varios segundos en reaccionar y darse cuenta de que la persona que derribó a Kagura y lo estaba moliendo a golpes era nada más y nadie menos que Boruto Uzumaki.
Se formó un círculo alrededor de los dos chicos peleando en el pasillo y pronto varios profesores intentaron intervenir, pero el rubio no paraba de golpear el rostro de Kagura.
—¡Détente, Boruto! —pidió la Uchiha— ¿Qué demonios te sucede?
Al escuchar la voz de la pelinegra algo hizo clic en la cabeza del Uzumaki y se alejó de Kagura todavía con los ojos brillando de furia.
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Una pelea contra el amor.
FanfictionSakura Haruno es una chica de clase alta, hija de los dueños de una empresa millonaria, una señorita en todo el sentido de la palabra, estudia en un instituto excesivamente costoso y es perfecta a la vista de todos, pero su vida dio un giro inespera...
