Capitulo 7.

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El camino a mi casa se hizo realmente eterno, ninguno de los dos hablaba y el único ruido que flotaba en el aire era el de los sollozos que salían involuntariamente de mis labios. Sasuke apretaba el volante con fuerza y su vista estaba clavada en la carretera, me miraba de reojo de vez en cuando y yo trataba de mantenerme lo más lejos posible de su contacto, su ceño estaba fruncido y cada que un semáforo cambiaba a rojo se detenía y cerraba los ojos mientras respiraba con pesadez.

Detuvo el auto frente a la puerta de mi casa y ambos nos quedamos en silencio por un momento, limpio las lágrimas con el dorso de mi mano e inhalo con fuerza para tranquilizar mi respiración. Me sentía sofocada. Se giró para verme y nuestras miradas chocaron, me perdí por un instante en esos profundos e intensos ojos, él había acortado la distancia entre nosotros.

—Nos vemos. —me limito a decir.

Salí del vehículo dejando a un Sasuke sorprendido por mi repentino comportamiento, pero de inmediato me alcanzó en la puerta de la casa y antes de que entrara me tomó del brazo con fuerza y me atrajo hacía él.

—¿Qué es lo que te sucede? ¿A caso he hecho algo mal? —frunzo el ceño, no sé cómo se atreve a preguntarme eso después de lo que pasó.

No respondí, hubo un forcejeo para que soltara mi brazo, pero sólo conseguí que apretara su agarre hasta hacerme daño.

—Me estas lastimando, suéltame. —digo en un hilo de voz.

—Dime... ¿Qué he hecho? —pregunta confundido.

—¡Sólo déjame en paz! eres un imbécil, un patán, un mentiros...

No terminé de decirlo, cuando de pronto él había estampado sus labios con los míos y aún sabiendo que lo hizo para hacerme guardar silencio, me dejé llevar por algunos segundos, hasta que lo aparté con mis pequeñas manos dándole un empujón sobre el pecho.

—No vuelvas a hacer eso, lo digo en serio. —murmuro.

—¿Y sí quiero seguir haciéndolo? —sonríe arrogante.

—Estás ebrio. —digo negando con la cabeza.

—No lo suficiente para no saber lo que hago.

Se vuelve a acercar a mi de una manera peligrosa, nuestras respiraciones se mezclaban y nuestros ojos no podia apartarse de los del otro.

—Vete de aquí. —suspiro contra sus labios.

—¡Sólo escúchame un minuto! —insiste.

Me suelta y yo me cruzo de brazos de inmediato, protegiéndome a mi misma. Lo miro expectante, esperando a que dijera algo. Acaricia mi mejilla con sus nudillos, aún sin dejar de verme a los ojos.

—Escucha, sé que soy una mierda ¿de acuerdo?, que soy un idiota y un irremediable dolor de cabeza, que siempre estoy de mal humor y que a penas puedes soportarme. —se detiene y respira profundamente.

Cierra sus ojos e inclina su rostro hacía mi, con los ojos brillantes y mirada indulgente.

—Sé que soy el tipo de chico con el que nadie querría involucrarse, y que probablemente todos en esta maldita ciudad me odien, pero me importa una mierda mientras tú no lo hagas, sólo quiero que estés a mi lado. No importa de qué manera, sólo hazlo. No me dejes. No quiero estar sólo de nuevo. —continua hablando sin parar.

Se me encoge el corazón de verlo así, con esa apariencia vulnerable que dudo que alguien haya visto jamás.

—No te dejaré... —susurro.

Le abracé lo más fuerte que mis brazos me lo permitieron, él me corresponde en seguida y me sujeta por la espalda mientras hunde su rostro en mi cuello.

Una pelea contra el amor.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora