Capitulo 9.

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Sentí algo cálido y suave en la palma de mi mano, así como una calidez en todo el cuerpo, pero resulta que no era algo, sino alguien.

No sabía en que momento sucedió, pero estaba tumbada sobre Sasuke, mi mejilla yacía sobre su pecho desnudo, que subía y bajaba conforme respiraba, sus ojos seguían cerrados y sus brazos me rodeaban por la cintura siendo entrelazados por detrás en mi espalda.

Una posición muy comprometedora, sin duda, sí alguien entraba y nos encontraba de ésta manera se imaginarían muchas cosas, o mejor dicho, sólo una, sexo. La idea me dejó abrumada por un momento.

Trato de zafarme de su agarre, pero sólo consigo que éste se hiciera más firme y que me apretara contra su cuerpo hasta el punto de poder sentir sus músculos bien definidos por encima de la camiseta que me había puesto hace unas horas, mis piernas estaban una a cada lado suyo y con ayuda de mis manos apoyadas en su abdomen, me levanto sólo un poco para verle el rostro, se le veía tan angelical de esa manera y no pude evitar sonreírle.

Después de intentarlo varias veces, logro liberarme de sus brazos, me incorporo lo mejor que puedo junto a él, para después depositar un besito en su frente y salir de la cama de un salto tratando de no despertarlo. Me encamino al baño, en donde un vez dentro abro la llave de agua fría y me meto en la tina para disfrutar de un baño fresco, que relaja mi cuerpo de sobremanera.

Es miércoles por la mañana, los rayos de luz se filtran por el enorme ventanal frente a la cama de Sasuke, pegándole directamente en el rostro, se escucha el hermoso cantar de los pájaros y el cielo estaba completamente despejado, sin ninguna amenaza de lluvia. Me siento de muy buen humor, no sé la razón, pero simplemente lo estaba.

Miro mi reflejo en el espejo, mi cabello estaba ahora más ordenado después de cepillarle y mi rostro estaba menos demacrado que el día anterior. Mis dedos fueron inmediatamente a una marca roja, situada un poco por encima de mi clavícula, cerca del cuello y mis ojos se abrieron de par en par al pensar lo que dirían todos sí la llegasen a ver, que es lo más seguro.

Está en un lugar que no se puede ocultar a menos de que lleve una bufanda, pero había dos inconvenientes. El primero, es que estábamos a mitad abril, las personas me verían como un bicho raro sí llevo ése tipo de prendas en plena primavera. Y la segunda era que lastimosamente estaba en casa de Sasuke, y creía plenamente en que la existencia de bufandas aquí era nula.

Hago un puchero bastante ridículo y salgo de allí resignada por no poder hacer invisible aquella marca. Me paso la ropa por encima, un sport blanco y una camiseta sin mangas verde que rescaté de un bolso con ropa de emergencia que llevaba en el maletero de mi auto antes de que Naruto se lo llevase a mi casa.

Me giro a ver a Sasuke, que seguía dormido cubierto por la sábana blanca y su cabello desparramado cubriéndole el rostro. Me acerco a él y retiro un mechón de cabello que le rozaba la nariz, para poder verle mejor, sus pestañas eran largas y negras, su nariz es ligeramente respingada y su barbilla fina, el labio superior es más delgado que el inferior, pero eso no le quita lo exquisitos y carnosos que son, sin contar el tenue color rosado de estos. Oh por Dios, es guapísimo.

Imágenes de la noche anterior azotaron en mi mente con rapidez, desde sus labios en mi piel ardiente ante su contacto, hasta todas esas palabras que salieron de su boca.

Y pensar que estuve a casi nada de entregarme a él sin poner resistencia y eso es lo que más me extraña, que a pesar de saber que tal vez él lo olvidaría al día siguiente, no me importó, porque sentía la necesidad de hacerlo, como sí su cuerpo estuviera destinado a estar unido al mío.

Salgo de la habitación con cuidado de no hacer ruido al cerrar la puerta, bajo las escaleras descalza dejando que mis pies choquen con el frío suelo de baldosa y me adentro a la cocina para preparar el desayuno. Me decido por preparar unos waffles y huevos revueltos, además de jugo de naranja para mi y café caliente para Sasuke. Tomo la comida en una bandeja y regreso de nuevo a la recámara, pero la cama estaba vacía, tal vez se está duchando, pensé.

Una pelea contra el amor.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora