CAPITULO 9 "EL REENCUENTRO"

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Mientras tanto en Europa, George recibía una carta con las buenas nuevas por parte Archie. A George, le dio mucho gusto saber que la señorita se encontraba en la mansión y que la relación con la tía había mejorado. -Quizás seria bueno regresar- Pensó.

El hombre salio a la oficina de su jefe y amigo, y cuando ingreso le dijo:

George: -Surgieron problemas en Chicago y debemos regresar, nada complicado pero es necesario tu presencia. Los inversores de Centro América nos esperaran allá para culminar la ampliación de las oficinas.

Williams: -Y cuando deberíamos regresar?

George: yo diría que mañana mismo deberíamos partir, aquí ya todo esta en orden y podemos dejar a nuestros socios

Williams: -Si así lo consideras, me parece bien. Han sido dos largos meses y la verdad que me preocupa la salud de la Tía Elroy. Extraño mi hogar y a Candy. ¿estará bien? ¿Se acordará de mi? ¿Estará sola? Solo deseo que este feliz aunque no sea a mi lado. Prepara todo para mañana.

A los días en la mansión, Candy y la tía Elroy disfrutaron de un paseo por los jardines. La Joven mujer le contaba a la anciana de sus días en el orfanato, de cuando se recibió de enfermera y de las cosas que había hecho junto a Stear y Archie para ayudar al rubio a recuperar su memoria. Al principio la anciana se horrorizaba, pero luego imaginaba los momentos y en mas de una ocasión se le escapaba una sonrisa.

Como ya era la hora de té y la toma de la medicación de la señora, decidieron tomar asiento en la sala. La señora Elroy mientras tomaba su taza pregunto:

Tía Elroy: -¿Extrañas a mi sobrino Candice?

Candy: Sorprendida con la pregunta le contesto: -si, extraño mucho a Albert, sabe... eramos muy compañeros, y ahora entiendo muchas cosas.

Tía Elroy: -Yo quiero mucho a mis sobrinos, pero con Williams es un cariño mas grande aun, quizás es por tantas perdidas y obligaciones que cayeron sobre el tan pequeño. Primero, sus padres, luego Rosemary su hermana, Anthony que era lo mas cercano que tenia de su hermana y como olvidar a Stear. Y luego la responsabilidad del patriarcado.

Candy pensaba en todo lo que había escuchado y sus ojos se llenaron de lágrimas al tratar de imaginar todo lo que había pasado su amigo en su vida. En ese momento la Tía la sacó de sus pensamientos para comunicarle que tomaría un pequeño descanso y a lo que la joven enfermera asintió y la acompaño para que tomara una siesta.

Cuando salio de la habitación, necesitaba también un descanso y tomar aire, así que se dirigió a los rosales que tanta paz le traían y comenzó a hablar con ella misma:

Candy: -Albert te extraño tanto – dijo largando el llanto. -Siempre vuelves a mi... porque aun no apareces.. yo te necesito a mi lado- decía abrazándose a si misma sin percatarse de cierto rubio que estaba observándola y escuchando esas palabras que llenaban de alegría su corazón.

Albert: -Tus deseos son órdenes mi princesa - dijo haciendo una reverencia.

Candy volteo lentamente dudando si realmente había escuchado esas palabras... esa voz... y cuando termino de girar ahí se encontró con esos ojos azules como el mar... Ella solo pudo correr hacia el y abrazarlo fuerte, refugiándose en su pecho y largando todo el llanto que tenia guardado por haberlo tenido tan lejos.

Ninguno de los dos supo cuanto tiempo paso y tampoco que decir, solo querían detener el tiempo y no volverse a separar nunca mas. Hasta que sus miradas se cruzaron y un sentimiento nuevo los inundó... y de la boca de Candy salieron las palabras: -No puedo vivir lejos de ti- y el respondiendo: -Y yo no quiero vivir sin ti-.

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