22-Sesion de terapia

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Era su primer día en el psicólogo que su amigo Andres había decidido para él, y el día ha comenzado mal por el Gambino, nada más despertar y preparar su café, la taza llena de líquido marrón había resbalado de sus manos y caído al suelo, logrando salpicar su pie del caliente líquido, lo que causó que un grito saliera de sus labios y despertara a sus acompañantes, los cuales la noche anterior se habían quedado hasta tarde haciendo cosas de mayores y no estaban muy contentos con que el despertar que el cenizo les brindó.

Cuando la pareja llegó a la cocina lo que observaron fue algo que les preocupó en demasía, a su amigo Carlo llorando como magdalena mientras veía los trozos de la taza en el suelo y el líquido marrón sobre el mismo.

—Carlo... ¿Que paso?—preguntó Andres aunque ya con una idea en mente, suponía que su amigo cenizo había tenido una crisis mañanera causada por la taza en el suelo y el hecho de que los despertara el ruido causado.

Con cuidado de no pisar ningún trozo de la taza se acercó al italiano y lo abrazó con fuerza mientras el Cejas se dedicaban a hacer un café para todos, en ese momento lo importante era calmar a Carlo y el español no iba a poder sin un cafe, asi que lo debía hacer Perez.

Cuando las nuevas tazas de café se instalaron en las manos de sus respectivos dueños y el llanto de el de ojos azules había cesado, llegó el momento de limpiar el suelo y los pedazos de taza.

Tras acabar la comida más importante del día, Andres se decidió a ir a duchar dejando a su pareja y al mejor amigo de este hablando en el salón, nada malo iba a pasar en su ausencia ¿Verdad?

Se equivocó y mucho, Alfonso se había empezado a meter con Carlo por todas las amantes y chicas con las que pasa la noche y eso al hombre le había cabreado y le había soltado un golpe, lo que ocasionó que recibiera un golpe de la otra y que por lo tanto una pelea se forman en el sofá del departamento.

En cuanto el más mayor de los tres salió del cuarto de baños les tuvo que separar antes de que alguno se llegara a dañar demasiado y tuvieran que ir al hospital.

—Andres ya son las 10 y 40 minutos. —Le comentó el italiano tras tomar su teléfono y responder algunos mensajes.

—Llegamos tarde.—Agarró la muñeca del hombre y beso la mejilla del español para arrastrar al cenizo fuera del departamento, iban tarde y deberían llegar al consultorio antes de que fueran las 11 sino su cita sería cancelada y obviamente ellos no querían eso.

Con mucha prisa fue arrastrado el hombre hasta que llegaron a la salida del edificio y ambos entraron en el Mercedes de Carlo, el cual con una sonrisa en su rostro puso en marcha y comenzó a conducir hacia el consultorio que su amigo le había marcado en el GPS.

—Te dejo ahi y luego me voy que tengo un trato ¿Si?—Hablo Perez mientras observaba su teléfono móvil y se dan cuenta que yo había quedado con alguien escasos minutos después del comienzo de la cita del menor.

—Bien te dejo mi coche y luego te llamo para que me vengas a buscar. —Esas palabras sorprendieron a Andres, el cenizo no les solía dejar su Mercedez, era suyo y le daba miedo que alguien se lo dañara. —Pero como tenga un sólo raspon cuando me lo devuelvas te cortó los huevos si te los hace tragar.

Soltó un risa y asintió, él no dañaría el coche del italiano, sabía todo lo que había costado y en su vida se atrevería a hacerle algo al vehículo, no solo por la amenaza del hombre, sino porque sabía que su novio tampoco se quedaría tranquilo si sabia que llegó a dañar el vehículo, gastar tanto dinero les había ayudado a valorar más los vehículos que tenían a su disposición.

Tras que el autor detuviera frente a la clínica y el italiano bajara del mismo, se despidieron con la mano, entró en el lugar en el que le iba a ayudar, tras hablar con la recepcionista de la clínica se sentó en un asiento de la sala de espera observan a todos los que junto al necesitaban ayuda y habían venido a hablar con el psicólogo.

Aunque una voz le sacó de sus pensamientos, giró un poco la cabeza y observó a un hombre con un ridículo gorro en la cabeza y que al parecer quería hablar con él.

—Hola soy Golondrina ¿Y tu?—Se presentó con una sonrisa y él extendió la mano, la cual Carlo estrechó con una sonrisa.

—Carlo Gambino. —Sonrió y alejo su mano de la del hombre de sombrero, comenzando a hablar con el mismo de cualquier cosa que por sus mentes se atravesara, desde el trabajo hasta los amigos, donde se dieron cuenta que compartían varios en común, uno de ellos el Cejas del cual hablaron largo y tendido rato, conociendo las manías el español y todo lo que adoraba hace desde montar en moto y hacer caballitos con los que Andrés sentía que tendría un infarto hasta las cosas más simples como hablar en la playa con su pareja.

Otra de su amiga en común Tiffany, la cual le había hablado a Juan sobre un hombre de cabellos cenizo dramáticos que adoraba, al saber eso Carlo no hizo más que soltar una risa, gracias a esas palabras a tenia mas cosas con lo que meterse con la rubia de uñas largas que gemía su nombre hasta que la voz se le rompía, quizá había sido buena la idea venir al psicólogo, como se decía, vino buscando cobre y encontró oro en un hombre de extraño estilo.

Aunque su conversación tuvo que llegara su final cuando la recepcionista llamó a Carlo para que entrara en el consultorio y comenzará a sesión de terapia, que aunque por un momento se había olvido mientras hablaba con él Golondrina él había venido a eso,a que le ayudara un profesional.

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1033 palabras

Carlo Gambino MonthDonde viven las historias. Descúbrelo ahora