4-Piano

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Los dos jóvenes acababan de llegar a su nuevo hogar Marbella, bajaron del avión y dieron unos pasos entrando al aeropuerto de la ciudad española.

—Bien, ya estamos aquí....—Toni habló mientras observaban a todas las personas recorrer el lugar con prisa, por si perdían un avión o no lograban hacer el checking a tiempo. —Hay que pedir un taxi.

—En la entrada suele haber taxis. —Arrastrando las maletas el cenizo camino hacia la entrada del aeropuerto y salió, formando una sonrisa en su labios al ver la nueva ciudad de la que se harían dueños en unos días y todas las aventuras que le esperaban para lograr eso.

El rubio soltando una risa por la sonrisa de bobo que su menor tenía en los labios caminó hacia uno de los taxis y tocó la ventanilla del mismo. —¿Está libre?

—Si. —El conductor bajó del auto y abrió el maletero del mismo para ayudar a colocar el equipaje de los recién llegados en el mismo.

Los Gambino se subieron en los asientos traseros del taxi y suspiraron, por fin habían salido de ese lugar que había estado años atormentando los, ahora eran libres, que bien sonaba esa palabra en ese momento, era el momento de que hicieran lo que quisieran, no había padres a los cuales rendir cuentas, era su momento.

—¿A dónde les llevo?—Interrogó el dueño del taxi mientras ponía en marcha el vehículo.

—A está dirección. —Toni le mostró un papel donde la dirección de su nuevo hogar estaba escrita y el taxista asintió.

—Son nuevos por aquí ¿No?

—Aja. —Respondió cortante el hermano menor mientras veía por la ventanilla la nueva ciudad.

—Les recomendaría que tuvieran cuidado, aquí hay muchas organizaciones y les aseguro que no quieren problemas con alguna de ellas, pueden llegar a matarlo. —Ante esas palabras los hermanos simplemente se miraron con una muy leve sonrisa en su labios, ellos habían venido a ser una de esas organizaciones, la más grande de las organizaciones y unas pocas palabras de un miserable taxista no le iba a causar miedo.

—Bueno lo tendremos en cuenta ¿No Carlo? —El cenizo solo miro al mayor y asintió con la

cabeza, él no iba a tener cuidado, era su momento para ser libre no para tener cuidado, las dos cosas no iban unidas, no podía ser libre y tener cuidado a la vez.

—Además están diciendo que va a llegar dentro de poco una mafia más de italianos, dicen que esos si que son terribles y hacen torturas inimaginables ¿De donde son ustedes?

—Italianos aunque no mafiosos, hemos venido a formar una vida mejor que la que teníamos en italia, hasta hemos comprado un negocio llamado el Ke Rule.—Explicó el mayor con calma mintiendo descaradamente.

—¡Para el coche!—Ante el grito del menor de sus pasajeros el pobre taxista no pudo hacer otra cosa que frenar en seco y observar como uno de sus clientes salía con rapidez de su vehículo.

Toni siguió al hombre con la mirada y busco que era lo que tanto le había llamado la atención como par que gritar de esa manera, observó la plaza de cubos donde por orden de Carlo se había detenido, a sus ojos no había nada raro, unos bancos, un puesto de comida callejera sin dependente y un piano eléctrico... ya entendía por qué el menor había detenido el coche, desde pequeño había tocado el piano y con el fallecimiento de su nonna había dejado de hacerlo.

El de ojos azules sin darle importancia la mirada del chofer y a los demás conductores que le estaban mirando mal por cruzar por mitad de la calle, caminó hacia el piano y suspiro al verlo, aunque no era un piano de cola, suponía que ese le iba a servir par desahogarse un poco.

Se sentó en la banquita y metió algunas monedas en una de las ranuras de piano, encendiendolo, logrando que este estuviera listo para que sus suaves manos comenzaran a tocar las teclas que tanto había extrañado, como si de seda se tratasen aproximó sus dedos a las teclas y suspiro al sentir sobre sus dígitos el suave tacto de las mismas, cerró sus ojos y con notable experiencia movió sus dedos por las blancas teclas, tocando una canción que se sabía muy bien, una de las primeras que su abuela le había enseñado cuando los pies no le llegaban al suelo, las notas que daban comienzo a ''Pequeña serenata nocturna'' de Mozart escaparon de el piano, llenando la plaza de el suave y clásico sonido.

Las notas llegaron a los oídos de su hermano mayor el cual al escuchar la canción que gracias a su nonna y hermano había formado parte de la banda sonora de su infancia y suspiró.

—Solo está cancion y ya nos ponemos en marcha de nuevo ¿Si?—Le propuso al chofer el cual simplemente se encogió de hombros en silencio por fin despues de todo el viaje intentando iniciar una conversación con los hermanos, la musica es bonita no le importa quedarse esa canción o las que fueran, además ellos le iban a pagar por tiempo gastado.

—Bien vosotros pagais.

El heredero del clan asintió a sus palabras aunque sabiendo que muy posiblemente y gracias a un cuchillo que había logrado colar en el avión ellos no le iban a pagar.

Las notas fueron saliendo del instrumento gracias a los largos dedos de el cenizo, tranquilizando al mismo, los últimos sonidos salieron del piano y las pocas personas que se le habían acercado a escuchar la maravillosa canción le dieron un corto y breve aplauso.

—Gracias gracias. —Agradeció a los fans que había logrado en esos minutos que la canción había durado y camino hacia el taxi nuevamente, subiéndose al mismo y sentándose en el asiento que ocupaba minutos atrás.

—Vamos a casa taxista. —No había que ser un genio para notar que esos minutos detrás de un piano habían alegrado el día al chico, el conductor asintió y comenzó a conducir a la dirección que le habían dado.

Tras algunos minutos llegaron por fin a lo que iba a ser su nuevo hogar en esa maravillosa ciudad, una casa algo pequeña pero con un lindo jardín delantero, lo necesario para los dos hermanos.

—Bienvenido a casa hermanito.

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1048 palabras

Carlo Gambino MonthDonde viven las historias. Descúbrelo ahora