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Por fin todo había avanzado como debería.

Steve se sentía en paz, como si sus interiores al fin pudieran dormir tranquilos después de días de tantas tormentas. Incluso tenía un extraño presentimiento, como si no pudiera tener ninguna cosa buena y en cuestión de momentos algo terrible fuera a pasarle para arruinarle la serenidad. Pero no tenía por qué ser así todo el tiempo. Necesitaba disfrutar la felicidad, por muy temporal que fuera.

Tal vez lo único malo era que no había vuelto a tener un tiempo a solas con Eddie.

El chico aún aclamaba estar ocupado con los Calabozos y Dragones, las partidas habían iniciado y esas cosas seguían siendo su prioridad.

¿Su brazo? No se permitía decir demasiado, apenas cumpliría dos semanas. Regresó al trabajo, ya fuera para realizar tareas mínimas. Sentía terrible al estar limitado en sus extremidades.

Había prometido buscar a Steve cuando se sintiera preparado para reunirse con él: tanto física como emocionalmente -y cuando tuviera tiempo en su ocupadísima agenda, claramente...- Entonces, como por arte de magia, ese viernes pareció ser la mejor oportunidad para buscarlo.

Tras trabajar como estúpido medio día, decidió invadir Scoops Ahoy. ¿Por qué no?

Le encantaba tomar al castaño por sorpresa, aparte pedir un helado no parecía mala idea. Nunca había pisado ese local sin contar cuando fue a pedir informes, ser un cliente sería una experiencia diferente.

—¿Eddie? —fue lo primero que salió del castaño cuando lo vio pisar la tienda, tan sonriente como siempre. Se colocó frente ese mostrador.

—Hey —dijo con sencillez. Lo miró a él por un segundo, seguido a los carteles donde anunciaban los helados y ojeó el resto del lugar. Buscó a su compañera junto a él, pero no la localizó, quizás se hallaba en el cuarto de atrás.

—¿Qué... Qué haces aquí? —preguntó, colocando sus codos sobre la mesa y haciéndose para adelante, colocándose muy cerca del azabache. En parte le molestaba cómo Eddie podía ir hasta su trabajo para distraerlo, pero él no contaba con autorización de estar en su casa si se trataba de ese estúpido juego de mesa.

Él levantó una ceja al verlo hacer aquello y lo miró a detalle.

—Vine por un helado —se hizo el desentendido—...Y a buscarte, claro está —murmuró. Aprovechando que no había nadie en la tienda se acercó de igual forma y lo tomó del pañuelo, no con suficiente fuerza, sólo pasó sus dedos por la seda, acariciándole.

Steve se removió ansioso y conectó sus ojos. ¿No pudo esperarse luego del trabajo?

Tomó aire y se separó. Robin acababa de entrar al cuarto de atrás por unas cosas y no tardaría en salir. Y a decir verdad, no se equivocó.

—¡No lo encuentro! —se escuchó la voz femenina en el interior del cuarto. En segundos empujó la puerta para salir al mostrador—. Están las chispas, las lunetas... ¡No encuentro la vainilla! —tenía las manos llenas con lo mencionado, enseguida bajó la voz al darse cuenta de la presencia del cliente.

Steve hizo una mueca y miró cómo dejó las cosas sin amor alguno en la mesa de atrás, donde preparaban los helados.

—Iré por ella. Atiende a Eddie.

El chico desapareció por la puerta en busca de la vainilla y Eddie casi se quejó al contemplarlo irse. Como fuera.

Ella no tardó en pararse frente a él y sonreírle. Robin obvio que lo reconoció, lo tenía en la mira desde aquella vez cuando se encontraron cerrando los locales. Pero como su amigo nunca volvió mencionarlo después de la tocada, no le tomó mucha relevancia; sin embargo ahora se ubicaba ahí, frente a ella, comprando y al parecer hablando con Steve desde antes de su aparición.

Sc-OOPS Ahoy! [Steddie]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora