Victoria vio al hombre de la máscara. No veía más, aunque quisiera, solo podía ver esos ojos. Lo demás estaba totalmente cubierto por aquella mascara blanca. Intento jalar su muñeca y él la retuvo con más fuerza. No dijo ni una palabra.
—¿Que quieres?— apenas pudo hablar. Ni siquiera reconoció su propia voz, por un momento incluso, giro la cabeza por qué tuvo la sensación de que era alguien más quien hablaba, eso no era posible, ella era la única mujer ahí.
Los profundos ojos azules, impenetrables, la observaban fijamente. Él continuaba sin decir una palabra. La soltó poco a poco. Victoria retiro su mano lentamente. Ella no le quitaba los ojos de encima. Aquel hombre la asustaba demasiado, sabía que no podía bajar la guardia.
El hombre de la máscara, con su impecable traje negro. Estaba ahí, de pie frente a Victoria. Similar a una estatua. Así permanecieron por lo que pudo haber sido una eternidad hasta que el levanto las manos con las palmas extendidas hacia Victoria. Por instinto y por sus última experiencias en ese lugar, ella retrocedió enseguida. No estaba entendiendo nada de lo que ocurría. Sin embargo, el continuó con sus manos extendidas, reafirmó su movimiento en dirección a Victoria, era para indicarle que no tenía nada, era como si deseara transmitirle confianza.
Victoria lo vió, observo sus movimientos y sus manos, ahora era ella quien no se movía ni un apice.
El se movió de nuevo.
Giro en dirección a la mesita de noche. En ese momento la puerta volvió a correrse. Provoco un sobresalto en Victoria. Pese a que la puerta se corrió nadie entro. El hombre de la máscara se acerco a ella. Salió por unos segundos solamente solo para regresar cargando un sillón. Victoria no estaba entendíendo nada. Aquel hombre, arrastró el sillón hasta colocarlo a un lado de la mesita de noche. Sus pasos, ágiles como los de un gato en la obscuridad, lo encaminaron a la entrada de nuevo. Salió y cuando regreso tenía en sus manos un plato con una charola tan plateada y limpia que podía observar su reflejo como si de un espejo se tratara. El pulso de Victoria se aceleró. Observaba ávidamente cada movimiento.
Él hombre, le acercó la charola, se la extendió para que ella la tomara. No lo hizo. Victoria no tenía intención de recibir absolutamente nada de aquel hombre. Al ver qué ella no cedería, traslado la charola a su cama. Victoria, de pie a lado de ella, no se inmutó. No planeaba darle gusto al monstruo que la tenía cautiva.
El hombre de la máscara la observó de vuelta, no hizo nada más, hasta que giro y se dirigió a la mesita de noche. “siete pasos" pensó para sus adentros Victoría. Solo por corroborarlo contó los pasos de él hombre. Fueron seis.
Solo se sentó. El sillón era rojo. Era la primer cosa que no era blanca en esa habitación. Resaltaba y mucho. Aquel hombre se sento y continuo viendo a Victoria sin razón alguna. Ella lo observaba de vuelta. Se acomodo en el sillón como si estuviera dispuesto a permanecer ahí durante mucho tiempo.
¿Que estaba sucediendo? Esto era totalmente nuevo. Nunca había pasado algo similar, por lo mismo, Victoria no tenía idea de cómo reaccionar. Se mantuvo de pie, no se permitiria bajar la guardia, no ahora y menos en un situación como la que se estaba dado en ese preciso instante. Apenas se giró, solo para ver mejor al hombre de traje impecable que la observaba fijamete desde un sofá tan rojo que le recordaba la sangre. Él no se movía. Daba la impresión de estar petrificado. Victoria bajo la vista hacia su pecho, observó a detalle y de no ser por el constate pero apenas perceptible movimiento en su pecho, ella habría jurado que era una estatua. No seria tan descabellado después de todo lo que había visto.
El hombre que tanto la repugnaba permaneció ahí. Observaba el movimiento, apenas perceptible en su pecho al respirar. Inconscientemente ella retrocedió hasta llegar a su cama. Se quedo quieta. Miro al hombre por lo que parecieron horas. El seguía igual, sus ojos estaban fijos en Victoria, en cada pequeño movimiento hasta que solo se marchó, se levantó del sofá rojo, se detuvo unos instantes para ver a Victoria, como si estuviera luchando contra algo internamente y salió por la puerta, no dijo ni hizo más. Victoria estaba más confundida que nunca. Fuera lo que fuera no soportaba la idea de que aquel hombre fuera dueño de su tiempo, de su cuerpo, de que pudiera observarla cuánto quisiera, pero no podía hacer más, solo lo observó al marcharse, no hizo más. No podía.
.....
—¡Holden! Te he estado buscando. Pase a tu oficina pero no te encontré.
Daniel estaba impaciente, con justas razones, claro. Llevaba medio día buscando al detective encargado de encontrar a su esposa. Holden giro en seco para hablar con el.
—¿Que sucede?— pregunto con voz gélida.
—Quiero saber cómo va la investigación. Llevo días sin saber de ustedes, tampoco haz respondido mis llamadas necesito saber dónde está mi esposa ... Mi hijo.
—No he dejado de trabajar en ello. Si no me he comunicado con usted es porque no hemos encontrado nada, Sr. Adams. ¡Maldición! Deje que hagamos nuestro trabajo.
Daniel no tenía palabras, Holden no entendía nada. No podía esperar que se quedará en casa, esperando tranquilamente a qué llamarán.
—Ustedes solo me dan largas. No están haciendo su maldito trabajo. Mi esposa lleva más de 7 meses desaparecida y ¿Qué han logrado? Absolutamente nada. ¡No puede ser! Estoy harto de esperar. No se imagina la jodida angustia que cargo diariamente. Mi vida se ha vuelto un completo desastre y usted solo quiere que espere. ¡No puedo! Necesito saber dónde está ella...
Daniel estaba gritando, se dió cuenta cuando el telefono del detective sono e interrumpió abruptamente su pesar. La garganta le molestaba, no había notado la rudeza con la que estaba hablando. El detective tomo su teléfono, Daniel aguardo mientras intentaba calmarse a si mismo.
—¿Que carajos? ¿Cómo es eso posible?— Daniel sintió el corazón en el pecho nuevamente, aguardo, los segundos parecían años—Sí, estoy con él ahora—losojps de Daniel se abrieron como platos, sentía el temor, no quería escuchar pero lo necesitaba—esta bien. Llegamos enseguida.
Holden colgó su teléfono y miro a Daniel
—Necesito que me acompañe, Sr. Adams.
—¿Qué pasa? ¿La han encontrado?—habia mucha esperanza en esa pequeña pregunta.
—Solo venga conmigo, por favor.
Daniel volvió a gritar.
—Si no me dice que pasa no voy a poder respirar ... ¿La encontraron?
—¡Carajo! ¡No!. No la hemos encontrado pero hay otro maldito cuerpo—esa noticia, fue como si el corazón de Daniel se detuviera por unos segundos—necesito que me acompañe para identificar el cuerpo y ayudar con el caso.
Daniel no respondió, en definitiva no quería escuchar. Vio a Holden con incredulidad. Titubeó un poco pero se encamino a dónde estaba el auto.
En la cabeza de Holden, las mismas preguntas lo atormentaban una y otra vez:
¡Maldita sea! ¿Cómo llegamos a esto? ¿Quien puede estar tan enfermo como para hacer lo que acaban de hacer? Y, Adams, me tiene loco. Me hace sentir como un inútil. Estoy seguro de que el cuerpo no es de la esposa del sr Adams. Esto va mucho más allá de eso, no es un simple secuestro al azar, los asesinatos tampoco lo son. Estamos siendo muy lentos. Este bastardo va a atacar de nuevo y tengo que atrapado antes de que sea tarde.
Pero no había respuestas, no aún. Por ahora, ni Holden ni Daniel Adams estaban preparados para la escena que estaban por encontrar.
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Ella Es Victoria
Mystery / ThrillerCuando Victoria Ross entró por aquella puerta para salvar a la empresa familiar de irse a la ruina, Daniel Adams jamás pensó que ella se convertiría en su alma gemela. Sin embargo, de una loca y extraña manera ambos terminan perdidamente enamorados...
